En Montería, en aquellos tiempos en que el olor a río y a imprenta fresca definía el pulso de las tardes, y la vida transcurría en charlas interminables bajo los almendros, un grupo de jóvenes decidió abrir un túnel. No era de ladrillos ni de cemento. Era un túnel hacia la palabra, la memoria y la identidad del Sinú. Así nació, en 1975, la Asociación Grupo de Arte y Literatura El Túnel, una de las experiencias culturales más persistentes y fecundas de Córdoba y el Caribe colombiano.

Había en aquellos años una ciudad que crecía entre el polvo, las motocicletas y las aguas del río Sinú, pero que aún no terminaba de hallar su identidad cultural. Montería tenía músicos, narradores orales, poetas dispersos, investigadores silenciosos, pero hacía falta un espacio que los reuniera alrededor de una idea superior: pensar su entorno desde la cultura. Entonces irrumpió El Túnel, como se manifiestan las obsesiones verdaderas: sin prisa, sin ruido, pero con vocación de permanencia.
Desde el comienzo, el grupo entendió que la cultura no podía limitarse a los salones elegantes ni a los discursos académicos. Había que llevarla a la calle, a la radio, a las escuelas, a los periódicos, a los barrios, a las bibliotecas improvisadas y hasta a las conversaciones de cantina donde también se cuenta la historia de un pueblo. Por eso, sus objetivos fueron amplios y de un hondo calado humanista: impulsar el arte y la literatura, defender el medio ambiente, promover la educación y consolidar el concepto de Sinuanología, entendido como el estudio histórico y cultural del Sinú ancestral y contemporáneo.
Esa palabra —Sinuanología— terminó convirtiéndose en una bandera intelectual. Mientras muchos miraban hacia los grandes centros culturales del país buscando legitimidad, El Túnel decidió mirar hacia adentro: hacia el río, las tradiciones populares, los relatos campesinos, las leyendas indígenas y la memoria sinuana. Fue una trinchera cultural frente al centralismo y al olvido. Durante medio siglo, el grupo no ha dejado de trabajar. Ha sobrevivido a gobiernos, crisis económicas, indiferencias oficiales y épocas en las que hablar de literatura parecía un acto inútil. Pero no se detuvo. Insistió. Y esa obstinación terminó convirtiéndose en su mayor obra.
En las décadas de los 80 y los 90, cuando las revistas culturales en provincias eran casi aventuras quijotescas, El Túnel publicó 30 números de su revista literaria. Aquellas páginas circularon como botellas lanzadas al río: poemas, cuentos, ensayos y crónicas comenzaron a darle voz a escritores de Córdoba que pocas veces encontraban espacios de publicación. Más tarde nació el periódico El Túnel, que ya supera medio centenar de ediciones y continúa siendo una tribuna cultural independiente en tiempos donde casi todo parece devorado por la fugacidad digital.

Pero quizás uno de los aportes más silenciosos y profundos del grupo ha sido la edición de libros. En una región en la que publicar suele ser un privilegio difícil, El Túnel ayudó a construir una pequeña república de papel. Allí aparecieron cuentos, investigaciones históricas, novelas y poemarios que hoy forman parte de la memoria literaria del Caribe. Muchos autores encontraron en el grupo su primera oportunidad editorial y otros consolidaron allí una obra ya madura.
En el centro de esa travesía aparece la figura de José Luis Garcés González, narrador, investigador y actual representante legal del grupo, cuya obra literaria está profundamente ligada a la historia y a la identidad del Sinú. En sus novelas y crónicas, el río deja de ser paisaje y se convierte en personaje, memoria y destino.
Pero El Túnel nunca quiso ser solo una tertulia de escritores. También tuvo voz en la radio. Entre 1977 y 1979 emitió el programa ‘Aquí la cultura’ en La Voz del Sinú, y décadas después regresó al aire con ‘El Túnel en la cultura’ por Unicor Stereo. En tiempos en que la radio todavía era el gran fogón colectivo del Caribe, aquellos programas llevaron literatura, historia y reflexión a cientos de oyentes.
Su huella institucional también es profunda. En 1979, gracias al impulso de Guillermo Valencia Salgado y del grupo, nació la Casa de la Cultura de Montería. Aquella creación ayudó a consolidar un espacio para las artes en una ciudad que comenzaba a descubrir la necesidad de proteger su patrimonio cultural.
Luego vinieron los concursos literarios, los talleres para jóvenes, las conferencias sobre filosofía e historia, y el Encuentro de Mujeres Poetas, iniciativa pionera que más tarde encontró hogar en Cereté. Todo ello fue ampliando el radio de acción del grupo y formando generaciones enteras de lectores y escritores.
Sin embargo, hay una obra colectiva que resume mejor el espíritu de El Túnel: el Festival de Literatura de Córdoba. Desde 1993, cada año, escritores, poetas, investigadores y lectores se reúnen alrededor de la palabra. Lo que comenzó como un esfuerzo casi artesanal terminó convirtiéndose en uno de los eventos culturales más importantes de la región Caribe. En 2026 llegará a su edición número 34, prueba irrefutable de una continuidad casi milagrosa en un país donde tantos proyectos culturales desaparecen antes de consolidarse. En esa esa programación estaré, Dios mediante, y presentaré mi más reciente libro: ‘Entre palabras’, publicado por Pijao Editores, que reúne entrevistas con 20 escritores del Caribe colombiano, entre los que sobresalen Guillermo Tedio, Clinton Ramírez, Nora Carbonell, Aurora Montes y José Luis Garcés González, entre otros.
