El Presidente Gustavo Petro durante la ceremonia de ascenso del Director de la Policía, general William Salamanca, quien pasa de mayor general a general de cuatro estrellas, evento realizado en la Escuela de Cadetes de la Policía ‘General Francisco de Paula Santander’, este martes en Bogotá.

El nombre Eilyn significa ser una estrella que ilumina con su presencia y Dios es su luz. Está reservado para niños y niñas que inspiran alegría y optimismo, simbolizan luz y esperanza y promueven la confianza en sí mismo.
Todo lo anterior y mucho más encarna nuestra pequeña Eilyn, quien hoy, en este campo de ceremonias ‘5 de Noviembre’, representa a los más de 15 millones de niños, niñas y adolescentes de Colombia, los mismos que, con sus sonrisas y espontaneidad, nos hacen sentir a diario que nuestro país, más allá de las adversidades, es una tierra de gente feliz, emprendedora y soñadora.

Gracias Eilyn por esas bellas palabras que me llegaron al alma y se quedarán por siempre en mi corazón.
Tú tienes la misma edad de mi hijo Sami y, al igual que todos los niños de Colombia, siempre serán mi inspiración para dirigir la Policía Nacional, institución a la que ingresé hace 40 años con el sueño de servirle a mi patria, bajo el manto protector de mis padres.
Gracias mamá, hermanos, tíos y sobrinos por estar aquí presentes.
Eterna gratitud, familia, por asumir con estoicismo mis prolongadas ausencias; en especial con Yadira, por tu inseparable compañía, y a ti, William Andrés, por haberte convertido en la versión mejorada de tu padre.

Y perdón, mi adorado Sami, por incumplirte la promesa de no volver a separarme de ti, pero no podía ser inferior al llamado del señor Presidente de la República de servirles a todos los colombianos desde uno de los cargos más honrosos, como lo es la Dirección General de la Policía Nacional.
Tú harás honor al nombre del profeta Samuel y, así como él escuchó el llamado de Dios, tú sabrás escuchar y entender las razones que tuve para regresar a Colombia y asumir esta distinción.
Toda mi gratitud, señor Presidente, por la confianza depositada en este policía, hijo de la provincia colombiana, la misma que hoy está representada en estas tribunas por los muchachos del capitán Parménides que hacen parte del laboratorio de paz que nació en el Pacífico y se extendió al Caribe, por las hilanderas y tejedoras, con sus bellísimos trajes típicos, y por nuestra querida comunidad del corregimiento de Chochó; acompañados por delegaciones del Llano, Antioquia, Santander, el Pacífico, el Tolima Grande, Amazonas, Cundinamarca y mi entrañable Boyacá, con Los Filipichines y el Grupo Artístico Haskalá a la cabeza.

Gracias señor Ministro de Defensa por liderar la hoja de ruta a a seguir en compañía de nuestras Fuerzas Militares, a las que hoy quiero felicitar, con verdadero orgullo patrio, por la asombrosa ‘Operación Esperanza’, que recuperó de las entrañas de la selva a esos cuatro hijos de Colombia, Lesly, Soleyni, Tien Noriel y Cristin, quienes hoy representan el país donde está demostrado que hasta lo imposible es posible.
Toda nuestra admiración hacia esos valientes soldados que, en un trabajó armónico con nuestros indígenas y su conocimiento ancestral, se internaron en la manigua para darnos una alegría que hoy comparten en los cinco contenientes.

Sea esta la oportunidad para agradecerles a la comunidad internacional, hoy aquí representada por el cuerpo diplomático, y a todas las instituciones del Estado por su generosidad hacia este servidor.
Debo confesar que el pasado viernes, cuando por unanimidad el Senado de la República acogió la ponencia de su Comisión Segunda y aprobó mi ascenso sin reparo alguno, tuve que contenerme para no llorar, en especial porque desde todas las vertientes políticas exaltaron a su Policía Nacional, principalmente a las 33.000 mujeres que hoy portan con orgullo este bello uniforme.
Precisamente, es un orgullo que, en este día tan especial, una mujer del talante de la señora brigadier general Sandra Patricia Hernández, primera comandante de la Policía Metropolitana de Bogotá, se encuentra al frente de esta ceremonia de la que participan más de 500 uniformadas de las distintas especialidades y modalidades del servicio de policía.
Y lo es aún más el saber que al frente de los destinos de nuestra Escuela de Cadetes de Policía ‘General Francisco de Paula Santander’, alma mater de la oficialidad, está otra valiosa mujer: la señora coronel Claudia Susana Blanco.
Ver cómo nuestras policías arroparon con su humanidad cada una de las estrellas nos ratifica la inmensa capacidad de la mujer de proteger con su ternura, amor y templanza no solo a nuestra institución, sino a toda la gran familia colombiana.
Ustedes son dignas herederas del legado de Manuela Beltrán, Antonia Santos, Policarpa Salavarieta y Juana Velasco, la recordada ‘Heroína de Toca’, quien días previos a la decisiva Batalla de Boyacá lideró un inmenso grupo de mujeres tunjanas que dotó al ejército del libertador Simón Bolívar de la ropa necesaria para enfrentar los rigores del frío extremo.
Y el orgullo aún es mayor al contar con la entrañable compañía de una representación de la Red Nacional de Mujeres Comunales de Colombia, expresión social organizada, autónoma y solidaria de la sociedad civil, con enfoque diferencial y multicultural.

Aquí también están nuestras amigas de la Asociación Fuerza Camionera de Colombia, ‘Mujeres Profesionales del Transporte’, que nació hace dos años para empoderar a la mujer en este sector.
Son mujeres que a diario se levantan, atienden a sus hijos y salen de casa a ponerse detrás de un volante para recorrer las vías de Colombia y así contribuir al crecimiento económico del país.
También nos honran con su presencia mujeres taxistas, conductoras de Transmilenio, moteras, lideresas de distintas localidades de Bogotá, nuestras amigas en bici de Bosa, la Policía Cívica Juvenil e integrantes de las empresas de vigilancia y seguridad privada.
¡Gracias a todas y todos por su cariño!
Ese mismo aprecio es el que siento por cada uno de los 165.000 integrantes de nuestra Policía Nacional. Por eso, con hechos, les demostraré que una de mis prioridades es su dignidad y bienestar, al igual que los de sus respetadas familias, tal como me lo encomendó el señor Presidente de la República.
Tengo muy claro que este día tan importante en mi vida llegó gracias al arduo trabajo de cada uno de los policías de la patria, que a lo largo de estas cuatro décadas me han acompañado en mi labor, hasta en el último rincón de Colombia e incluso más allá de sus fronteras.
Sea esta la oportunidad de reconocerle al Cuerpo de Generales su fecundo liderazgo, basado en el humanismo, el profesionalismo, la honestidad y la innovación, el cual nos ha permitido asumir la responsabilidad histórica de conducir nuestra amada institución.
Desde el día en que tomé el mando de la Policía Nacional he sentido su respaldo, solidaridad, lealtad y compromiso para sacar adelante la misión de ayudar a construir la patria que nos merecemos.
Siento que estoy trabajando en equipo, ¡como debe ser! Un equipo ganador, al nivel de los retos de una sociedad que reclama la mejor Policía de su historia, construida, peldaño a peldaño, desde hace 132 años.
Apreciados policías: tenemos que estar a la altura de la confianza depositada por el pueblo colombiano, que reclama más seguridad y tranquilidad en sus vecindarios, calles, carreteras, entornos escolares y caminos veredales.
Hay que redoblar esfuerzos para proteger la vida de los líderes sociales, enfrentar con la mayor contundencia todas las expresiones del multi crimen y cuidar nuestra inconmensurable riqueza natural, protegiendo el agua y combatiendo la deforestación y la extracción ilícita de minerales.
Respetados policías, no olvidemos que nos debemos a un pueblo que trabaja diariamente para cumplir sus sueños e ideales. Por eso, nuestras acciones siempre deben ser transparentes, honestas y enmarcadas en la ley. Esa es la única manera de que nuestra labor sea legítima, valorada y apreciada.
A los colombianos les pido que sigan siendo exigentes con su Policía Nacional, pero también que la respeten, la apoyen y sean solidarios con ella, porque cada policía es un hijo de la patria que incluso está dispuesto a ofrendar su vida por proteger los valores más preciados de nuestra sociedad.
Tengan la plena seguridad de que sus policías, con este Director a la cabeza, vamos a seguirnos ganando el corazón de nuestros compatriotas y quedarnos allí para siempre, para que Eilyn y todos los niños de la patria crezcan en una Colombia que sea potencia mundial de la vida.
¡Muchas gracias!
¡Dios y Patria!
