El sueño para algunos, la admiración para otros, desde 1896 las preseas olímpicas son entregadas y demarcadas con una imagen, paisaje o distinción que representan a la ciudad o país organizador de la competición.
Este reconocimiento lo obtienen solo aquellos atletas que consiguen los logros deportivos más altos, así es, ser uno de los tres mejores del mundo en una prueba o modalidad específica.
Por primera vez en toda la historia de los Juegos Olímpicos, cada medalla olímpica y paralímpica estarán unidas, literal y metafóricamente, con una parte de la historia de Francia. Incrustadas con forma hexagonal, representando la figura del territorio francés, las piezas de metal, que hicieron parte de la Torre Eiffel, son el corazón de las preseas de oro, plata y bronce.
Es importante mencionar que dichas piezas metálicas son producidas a partir de hierro fundido que, una vez eliminado el exceso de carbono en su interior, permanece en un estado casi puro y extremadamente resistente. Asimismo, la Sociedad de Explotación de la Torre Eiffel permitió que los fragmentos de la ‘Dama de Hierro’ acompañen a los campeones olímpicos.
Las piezas metálicas fueron guardadas durante el siglo XX, pues la Torre Eiffel sufrió modificaciones para modernizar los ascensores de aquella época.
Este diseño de las preseas olímpicas también representa un homenaje para el ingeniero civil Gustave Eiffel, quien fue el responsable de la construcción de una de las estructuras más representativas de Francia.
