El camino de la vida no es recto, tiene inclinaciones que resignifican la forma de caminar para continuar el trayecto. Indudablemente, los valores y principios personales corresponden al medio por el que se decide o no realizar cambios en el rumbo y para Lorena Arenas el cambio que le dio una nueva dirección a su vida fue el deporte, la marcha atlética transformó su entorno y la enfocó en un reto mayor.
Sandra Lorena Arena Campuzano nació el 17 de septiembre de 1993 en Pereira, pero rápidamente su familia se trasladó al Quindío, allí la futura medallista olímpica aprendió y ayudaba en su hogar en las labores del campo, para después irse a entrenar.
Los comienzos en el deporte no fueron fáciles, pero el carácter de Lorena, junto con su resiliencia le permitieron superar obstáculos y cumplir las metas que se proponía: “tener unos objetivos siempre, a largo y corto plazos, eso hace que todos los días me levante para seguir trabajando muy duro para obtener esos resultados, cumplir los sueños y objetivos”.
Precisamente, esa resiliencia fue el motor para comprender que la exigencia en el deporte es importante, pero no lo único, por lo que con el paso del tiempo y con la experiencia de las competencias, la risaraldense comprendió los momentos idóneos para explotar toda su capacidad y aquellos donde debía guardar energía.
El camino no es completamente recto, pero son las decisiones las que permiten mantener el objetivo centrado: “sí, siempre ha valido la pena, el estar en el deporte para mí lo es todo en mi vida, me cambió mi vida desde todos los ámbitos, entonces estoy muy agradecida con el deporte”.
Los cambios van más allá de lo material, para Lorena también trasciende su ámbito personal y sus relaciones, pues a través del deporte forjó una vida llena de valores y en búsqueda de participar y representar al país en las competiciones más importantes de la marcha atlética, logrando memorables páginas en la historia del deporte de nuestro país como la recordad medalla de oro en los Juegos Panamericanos de Lima 2019.
“Ser una persona muy valiente, berraca, perseverante, ser demasiado resiliente. Eso me ha enseñado el deporte. Los atletas siempre tenemos muchas lesiones, entonces el tener mucha fe y resiliencia permite que pueda volver a estar en las mejores posiciones”, con franqueza, Lorena expresa como sus años de competencias le ayudaron a resaltar como sobreponerse ante la adversidad, ante esos obstáculos que en varias ocasiones se atravesaron en su camino, pero que no fueron suficientes para sacarla de la competencia.
Tokio 2020 fue el punto más importante en cuanto a reconocimiento se refiere, pues su marca 01:29:37 representó la medalla de plata, la respuesta ante tantos intentos, lesiones y fracasos, el podio olímpico plasmó en la historia colombiana la primera medalla de la marcha atlética colombiana.
“Me visualizo como una mujer que se quiere superar nuevamente, que quiere dar su mejor versión, su mejor forma deportiva para obtener lo mejor para Colombia”, expresa Lorena al ser preguntada por una segunda medalla olímpica, pues nuevamente cuenta las herramientas adecuadas para afrontar dos competencias, la primera a nivel individual y la segunda en el relevo mixto junto a Mateo Romero.
Los Juegos Olímpicos de París 2024 representan una nueva experiencia para una contrastada atleta que, a través de su resiliencia y entrega, recorrerá las calles francesas en la búsqueda de una nueva superación personal para demostrar que, aunque el camino no es recto, los problemas en la vida se deben afrontar con la confianza y el reconocimiento de cambiar, o no, de ruta.
Fuente: COC
