En los municipios de Baranoa, Juan de Acosta, Puerto Colombia, Piojó, Tubará y Usiacurí, las principales calles se llenaron de color, banderas y sonrisas pequeñas. En cada curva del recorrido del Giro de Rigo, los protagonistas no fueron solo los ciclistas de élite, sino también los niños, esos pequeños espectadores que, con gritos, pancartas y uniformes escolares, vivieron una jornada distinta, entre pedales y alegría.
En las esquinas, más allá de los adultos grabando con sus celulares, se podía ver a los niños que agitaban las manos, esperando que alguno de los deportistas los saludara o les chocara la mano. Cada bicicleta que pasaba era para ellos motivo de admiración, un sueño rodando frente a sus ojos.
En Baranoa, un nutrido grupo de estudiantes de la Institución Educativa Técnica Industrial Pedro Oñoro, vestidos con sus uniformes y ondeando la bandera del Atlántico, animaba al pelotón. Mientras tanto, en Usiacurí y Juan de Acosta, los más pequeños corrían detrás de los ciclistas, intentando seguirles el ritmo, como si por un instante también hicieran parte de la carrera.


El Giro de Rigo, que en esta edición cruzó varios municipios del Atlántico, se ha convertido en mucho más que un evento deportivo. Fue una fiesta de integración que llevó el ciclismo profesional a las calles de los pueblos, conectando la pasión por el deporte con las comunidades.
Cabe resaltar que, para muchos niños de estas zonas, fue la primera vez que vieron tan de cerca a figuras del ciclismo colombiano y mundial, lo que despertó en ellos nuevas ilusiones y modelos de inspiración.
Foto: Gobernación del Atlántico
