Casa CulturaLuis Ortiz Luna: la confirmación de una voz poética del Caribe

Luis Ortiz Luna: la confirmación de una voz poética del Caribe

por Redacción: Noticias Coopercom

Lo conocí casi por azar, como suelen darse los encuentros que luego se vuelven necesarios. Fue en un festival de música, en San Pedro (Sucre), donde di una conferencia y también fungí como jurado de un concurso de la Canción Inédita.

La memoria, frágil por la aplastante marcha del tiempo, no me permite precisar la fecha. 

Bastaron unos minutos de conversación para advertirlo: en su manera de hablar, en ese tono pausado pero incisivo, había algo más que cortesía o erudición. Cada frase parecía clavarse con intención, como si detrás de las palabras habitara ya un relato. Supe entonces que estaba frente a un narrador natural, a un poeta de voz potente y mirada honda.

Volvimos a encontrarnos después en Sincelejo, en dos o tres ocasiones, siempre en torno a la conversación literaria, ese territorio donde Luis se mueve con soltura y convicción, y siempre con un amigo como terciario: Amaury Pérez Banquet.

Luis me envió, en formato PDF, su primer libro, Preguntas a la Parca. Lo abrí sin la intención de leerlo, pero la lectura me atrapó y no pude soltarlo. Puedo decirlo sin reservas: lo disfruté. Se trata de una obra sólida, reunida en cerca de cien páginas, que confirma aquella primera impresión.

Preguntas a la Parca se erige como un poemario de sobria introspección, en el que la muerte, el dolor y la fragilidad de la condición humana no son meros asuntos temáticos, sino escenarios vivenciales. A través de un lenguaje fundado en metáforas de la naturaleza y una religiosidad íntima, Ortiz Luna concibe la existencia como un tránsito ineludible hacia el olvido, una marcha inexorable donde todo termina por disolverse. En ese umbral, la poesía no aparece como consuelo fácil, pero sí como el único refugio posible, una forma de permanencia frente a la finitud y el desamparo.

El libro está conformado por 41 poemas que trazan un arco reflexivo coherente, desde ‘He trasegado en años’ hasta ‘Dios oculto’. Llama la atención la presencia de dos textos distintos titulados ‘Sombra’, un recurso que invita a leer la repetición no como reiteración, sino como variación simbólica de una misma obsesión.

La obra se cierra con el ensayo ‘Acercamiento a Preguntas a la Parca’, de Ignacio Verbel Vergara, un texto crítico que examina esta ópera prima y la confronta con tradiciones mayores, estableciendo vínculos con autores como Rabindranath Tagore. En conjunto, el libro revela una búsqueda existencial y metafísica articulada en símbolos recurrentes —el mar, los ríos, los pájaros— que funcionan como signos del destino inevitable y de la presencia constante de la muerte.

Leer a Luis Ortiz Luna hoy es confirmar que aquella conversación inicial en San Pedro no fue un hecho fortuito, sino el primer indicio de una voz poética que ya sabía hacia dónde iba.

A esa trayectoria vital y literaria se suma una hoja de vida que confirma que la poesía en Luis Ortiz Luna no es un gesto ocasional, sino una búsqueda existencial y metafísica vertebrada por símbolos recurrentes.

Nació el 28 de agosto de 1961 en Sincelejo, es bachiller del colegio San Carlos de Cartagena y técnico en saneamiento ambiental, formación que convive, sin contradicción, con su oficio de poeta, declamador profesional y gestor cultural. Integra la Unión de Escritores de Sucre y el Círculo de Estudios Literarios Héctor Rojas Herazo, y fue cofundador del programa radial Voces y letras, de la emisora de la Universidad de Sucre. Hace parte, además, del grupo literario de la Sabana. Desde ahí ha impulsado procesos culturales y de lectura.

Además de ‘Preguntas a la Parca’ (2017), ha participado como coautor en los libros Versos de luz y bohemia (2019) y Para seguir soñando (2021). En 2024 fue ganador del Portafolio de Estímulos del Fondo Mixto de Cultura de Sucre con el poemario Avatares del Ser, reconocimiento que consolida su trabajo creativo. Su voz también ha transitado otros lenguajes: participó como actor en la serie Así es el Caribe y en el cortometraje Diles que no me maten. Declamador desde los 10 años, ha memorizado y llevado a escena versos de Julio Flórez Roa, Héctor Rojas Herazo, Giovanni Quessep, Raúl Gómez Jattin, María Mercedes Carranza, Ernesto Cardenal, Amado Nervo, Mario Benedetti, Federico Díaz Granados, Margarita Vélez Verbel, Nelson Ortiz Santos, Indio Duarte, Pablo Neruda, entre otros, conformando una cartografía poética que explica, en buena medida, la solidez y el pulso de su propia escritura.

A continuación, una entrevista con el poeta Luis Ortiz Luna:

Preguntas a la Parca es tu primer libro publicado. ¿En qué momento sentiste que esos poemas debían convertirse en un libro y no seguir siendo textos dispersos?

‘Preguntas a la Parca’ es un libro que venía siendo trabajado desde mis 28 años de vivir en Cartagena.  Estos poemas viajaban en mi memoria y los releía mentalmente. En los diferentes empleos que estuve trabajando los declamaba. Entonces, regresé a mi ciudad de origen y me encontré con dos hermanos de la palabra: Ignacio Verbel Vergara y Amaury Pérez Banquet.  Con ellos me dediqué a la lectura de grandes narradores y, entonces, decidí que era el momento de escribir estos poemas en una agenda. Estas piezas se convirtieron en tres agendas en las que realizaba mi propio taller con el fin de poder mostrar esta nueva obra a mis amigos, hermanos y lectores del Caribe colombiano. Para entonces no tenía los recursos para publicar. Sabemos que publicar en Colombia, es demasiado costoso y decidí ahorrar el dinero suficiente para mostrar mi palabra a la sociedad. Mandé a imprimir 1000 ejemplares con nuestra editorial Torcaza, y este libro ha tenido la fortuna de tener una buena acogida. Ya lleva una segunda edición, con 400 libros publicados y vendidos.

La muerte es un eje central de tu obra. ¿La asumes como tema literario, experiencia vital o ambas cosas a la vez?

La muerte es el tema central de mi primera obra literaria. La asumo como ambas cosas a la vez; a la edad de 8 años tuve una fractura craneana por una caída en mi casa. Fui llevado al hospital San Francisco de Asís, y los médicos no daban posibilidad de existencia.  Mi abuela, madre de crianza, me entregó a los santos religiosos, Jesús de Nazaret y San Francisco de Asís. Prometió en la iglesia que si me salvaba yo pagaría hábitos a estos santos en el festejo anual de cada santo. Duré en coma seis meses, y un día desperté no me acordaba de nada. Cumplí las promesas ofrecidas y así sucedieron cuestiones que tuvieron que ver con la cercanía de la muerte; la segunda fue la caída de las corralejas en mí barrio Mochila. Tenía 18 años y estaba en el lugar que ocurrió la tragedia debajo de los palcos, y vi un amigo en estado de embriaguez, dentro de las corralejas; entré, lo saqué, lo dejé frente a mi casa, me acosté y a la media hora se cayeron las corralejas. En Cartagena, por poco me ahogué en las playas de Marbella; una corriente me estaba llevando contra los espolones. Como pude me hundí. Gracias a Dios, hoy puedo contar la historia. La última, un amigo de Cartagena andaba en vueltas raras, llegó a mi casa y me pidió una ropa mía prestada. Había salido de la cárcel. Durmió en nuestra vivienda, le presté mi ropa, me invito a que lo acompañara a cobrar un dinero. Le dije que no podía.  Lo asesinaron y los quemaron con ácido. Por eso, este libro es dedicado a la Parca.

En tus poemas aparecen con frecuencia símbolos de la naturaleza. ¿Por qué el mar, los ríos y los pájaros resultan tan decisivos en tu imaginario?

Nosotros somos Caribe, y creo que es nuestro deber como poeta cantarles a estos símbolos.  Fíjate, Fausto, yo me veo como un pájaro y mucho más cuando fui abandonado por mi madre materna, que la vine a conocer a la edad de 17 años. Murió en Barranquilla, barrio Montes (38 con 25). La casa se la compró a Sonia Osorio, una de las grandes maestras del ballet en Colombia. Entonces el mar, vive en mí, al igual que lis ríos, siempre estarán inmersos en mis odas.

¿Concibes la poesía como un acto de fe, de duda o de refugio frente al mundo?

La poesía la concibo como un acto de fe que me sirve para ser más espiritual, un humanista de tiempo completo.

¿Cómo fue tu proceso de escritura: continuo, fragmentado, prolongado en el tiempo?

Mi proceso de escritura fue prolongado en el tiempo; duré más de 36 años para poder tener la dicha de ver mi primer hijo literario. Lloré esperando ese día. Es duro cuando uno no tiene dinero para publicar y tiene que esperar un milagro para poderlo realizar.

Dos poemas llevan el mismo título, ‘Sombra’. ¿Qué significa para ti esa repetición dentro del libro?

El poema ‘Sombra’ fue error mío y de mi corrector de estilo. No revisé que el poema estaba repetido y que la diferencia está en el final del verso. En la segunda edición se realizó la corrección.

¿Qué papel cumple la religiosidad en tu poesía: tradición cultural, inquietud espiritual o conflicto interior?

La religiosidad en mi poesía es más que todo tradición cultural. Toda nuestra familia somos orantes ante un Dios que no existe, por eso en mi poesía le imploro al árbol de la vida. Ese es mi verdadero Dios.

Como declamador desde muy joven, ¿de qué manera la oralidad influye en tu escritura poética?

La oralidad influye en mi vocación de poeta, desde el momento en que tengo en mi memoria tantos monstruos de la poesía universal, que me atormentan me hablan en mis sueños y me obligan a escribir de una manera diferente como ellos lo hicieron y con un estilo diferente. Por eso, hoy en día todos quieren ser poetas, pero para lograrlo se necesita de la lectura de los grandes poetas universales.

¿Qué autores o autoras han sido fundamentales en la formación de tu voz literaria?

Los autores que han sido fundamentales en mi formación literaria son: Julio Flórez, Héctor Rojas Herazo, Geovanni Quessep, Raúl Gómez Jattin, Amado Nervo, Ernesto Cardenal, Mario Benedetti, María Mercedes Carranza, mi hermano Nelson Ortiz Santos.

¿Qué tipo de lecturas recomiendas hoy a los jóvenes que se acercan por primera vez a la poesía?

Para las nuevas generaciones que se inician en la poesía recomiendo a los poetas que escriben con el alma y dejan huellas en su poesía; son existenciales y viscerales en cada verso.  Todos los que nombre en la pregunta anterior. ¿Qué libros recomiendo? Los que estoy leyendo: narrativa, Crimen y Castigo, El extranjero, La metamorfosis, Cien años de soledad. De la literatura actual recomiendo Clarena, de Amaury Pérez Banquet y Dónde está Juliana, de Ignacio Verbel Vergara.

Por el contrario, ¿qué tipo de libros o lecturas no recomendarías y por qué?

Creo que la poesía sigue teniendo un lugar en la inmediatez, la poesía es para personas cultas, no todos los humanos somos invitados a la cena, como dicen los sacerdotes en su homilíaEn lo referente a lo digital no soy partidario de este sistema, siempre me gusta el libro físico, sentirlo, poderlo oler y disfrutar cada narración escrita.

¿Crees que la poesía sigue teniendo un lugar en una sociedad dominada por la inmediatez y lo digital?

El panorama actual de la poesía en el Caribe lo veo muy bien. Ahora, las nuevas generaciones tienen la oportunidad de asistir a talleres literarios en las universidades y eso fortalece el conocimiento. En lo que atañe a mi departamento, Sucre, hay unas nuevas voces. Me gusta el trabajo que vienen realizando Jaidith Gómez Cásseres, Angy García y Hannah PC. Muestran un estilo diferente, mundos que van creando con una profundidad que marcan un espacio en nuestro entorno para ser leídas y tenerlas en cuenta en cualquier recital.

¿Qué diferencias encuentras entre escribir poesía en solitario y participar en proyectos colectivos o antologías?

Encuentro muchas diferencias en escribir poesía en solitario que escribir en antologías. En solitario me ha ido muy bien con mis dos obras literarias. Ya tengo amigos lectores que me preguntan por mi nueva obra literaria. Es mi propia poesía la que el lector se va a conectar con mi estilo y con mi arte creativo. Con las antologías no me muestro de acuerdo. Intervienen nuevas voces que no tienen ese nivel de escribir la poesía anhelada por el lector. Abres el libro, lo lees y encuentras que no tiene nada en la construcción literaria y abandonas la lectura inmediatamente. Y tal vez hay cinco poetas que pueden salvar esa compilación poética.

¿Qué te aportó el reconocimiento del Fondo Mixto de Cultura de Sucre a tu trabajo creativo?

Hasta el día de hoy, el trabajo del Premio del Portafolio de Estímulos en el departamento de Sucre no me ha aportado nada.  Fui ganador 2024, y al sol de hoy 2026 no hemos visto la publicación de los libros ganadores. Es más: nos han perjudicado.

¿Qué relación estableces entre tu labor como gestor cultural y tu oficio de poeta?

La relación como gestor cultural y poeta van ligados a nuestro trabajo literario. Hice varios eventos en mi municipio; invité a varios amigos poetas de Cartagena para que su voz y su obra fuera conocida en nuestro entorno. Creo que es nuestro deber seguir apoyando este tipo de actividades.

Tu formación no pasó por la universidad, pero sí por el trabajo, la lectura y la gestión cultural. ¿Cómo ha influido ese camino autodidacta en tu manera de entender la poesía y el mundo?

Verdaderamente, la poesía y la lectura me han dado una formación de ver el mundo de otra manera. En la poesía está lo más importante que es la filosofía que nos enseña a discernir sobre muchos problemas que hay en nuestras vidas. Creo que la poesía lo es todo para mí. La amo. Asumo este papel a pesar de no haber pasado por una universidad. Es como un reto para demostrarle a los detractores que se puede ser poeta por medio de la lectura y de las influencias que nos dejan los grandes escritores universales.

¿En qué estás trabajando actualmente desde lo literario?

En la actualidad estoy en la corrección de mi próximo libro de poemas escrito en prosa poética. Hay un largo aliento en cada poema.

Para terminar, ¿qué te gustaría que encontrara el lector cuando se acerque por primera vez a tu poesía?

Me gustaría que el lector encuentre mi estilo, las influencias que hay en mi poesía de otros autores, el existencialismo que van a encontrar en mis odas, los símbolos que son inmensos dentro de mi poética, el tono que viaja como el río cuando va muriendo al mar, y mi legado que puede servir de mucho en esta sociedad que no lee y no tiene derecho a opinar.

Por Fausto Pérez Villarreal-Especial para Noticias Coopercom