viernes, abril 24, 2026 10:37 pm

Casa CulturaFélix Ramiro Lozada: La voz que descifró el alma de José Eustasio Rivera

Félix Ramiro Lozada: La voz que descifró el alma de José Eustasio Rivera

por Redacción: Noticias Coopercom

Félix Ramiro Lozada Flórez es el típico bacán, esa entrañable denominación caribe que se reserva para quien irradia extroversión, alegría y una capacidad natural de generar empatía y confianza desde el primer instante.

“Nací en Codazzi, me crié en Palermo y me quedé calvo en Neiva”, dice, y suelta una carcajada espontánea al responder mi pregunta sobre su natalicio. “Vi la primera luz el 17 de enero de 1953 en Codazzi, pero, en honor a la verdad, no conozco mi terruño. Desde muy temprana edad mis padres me enviaron a Palermo (Huila), donde fui criado por familiares de la línea paterna”, precisa.

Es un escritor que recorre, con disciplina y curiosidad, los parajes de la palabra: la poesía, el cuento, la novela, el ensayo e incluso la canción. Sostiene —con la convicción de quien ha hecho del oficio una forma de vida— que todo escritor debe ser, ante todo, un lector voraz; y que solo después de leer e investigar con rigor, vale la pena preguntarse qué decir y desde dónde hacerlo.

Hablar con Félix Ramiro Lozada Flórez es asistir a una conversación en la que la erudición nunca se pone corbata. Él prefiere la risa, el comentario punzante, la anécdota que desarma cualquier solemnidad. Tiene ese don —tan escaso— de los hombres que saben mucho sin necesidad de parecerlo. Y entre chiste y chanza, va dejando caer, como quien no quiere la cosa, una vida entera dedicada a la palabra.

Porque detrás del ‘bacán’ que hace bromas sobre su calvicie y su geografía vital —Codazzi, Palermo, Neiva— hay un hombre de disciplina espartana: escritor, poeta, investigador y maestro de generaciones. Durante años, su voz se escuchó en las aulas de secundaria del Huila para formar lectores en el área de Español y Literatura, sembrando en los jóvenes la sospecha de que los libros también pueden ser una forma de destino.

Pero su oficio no se quedó en el salón de clase. Lozada ha mantenido una presencia constante en el periodismo cultural de la región. Su pluma ha transitado los medios escritos con la misma soltura con la que conversa: dirigió el Magazín Dominical Facetas de la Fundación Tierra de Promisión que circulaba con el Diario del Huila., desde donde construyó perfiles y memorias. Así mismo, dirigió la Bienal Internacional de Novela José Eustasio Rivera, que organizaban conjuntamente la ciudad de Neiva y la Fundación Tierra de Promisión.

Su obra, vasta y diversa, parece crecer como un árbol de múltiples ramas. Desde la poesía inicial de Labor de Luna (1988) y Hoja de Viento (1990), pasando por la evocación sensible de La Carga de la nostalgia (1993), hasta textos en los que la memoria colectiva se vuelve protagonista, como Imágenes en reposo: historias, mitos y leyendas y otros textos (1999), obra que alcanzó dos ediciones. Ese mismo año publicó Historias, mitos y leyendas colombianos, libro de notable circulación que llegó a ocho ediciones, señal inequívoca de su diálogo con el público.

En el terreno narrativo, El embajador de la India y otros relatos (2003) reafirma su capacidad para contar desde lo cercano, mientras que su vocación de estudioso y compilador se evidencia en títulos como Poesía huilense (2005), Literatura huilense (2007, con dos ediciones) y Literatura colombiana (2009, con tres ediciones), genuinos mapas para orientarse en el abismo de las letras. Ese mismo año entregó Desde el fondo del espejo (2009), obra en la cual la introspección y la mirada interior toman protagonismo.

Uno de sus empeños más persistentes ha sido el estudio de José Eustasio Rivera, figura a la que ha dedicado una atención tan rigurosa como apasionada. En José Eustasio Rivera: una vida azarosa (2011), Lozada reconstruye con minuciosidad la trayectoria del autor de La vorágine, explorando sus tensiones vitales y estéticas.

Esta labor, condensada en dos tomos, fue seleccionada para su publicación por el Senado de la República al amparo de la Ley 2432 de 2024, en el marco del centenario de la gran novela de la selva. Bajo ese mismo impulso conmemorativo, Félix dirigió para Cangrejo Editores la edición crítica de La vorágine, distinguida en la FilBo de ese año por la Cámara Colombiana del Libro como la mejor obra.

A este catálogo se suman entregas como la edición comentada de La vorágine y las Cartas secretas de José Eustasio Rivera. En esa confluencia entre el investigador y el escritor, el lector halla nuevas claves para descifrar una herencia fundamental de nuestras letras

La producción de Félix Lozada incluye, además, el libro Los duros años del adiós, así como la participación en antologías como Quién es quién en la poesía colombianaNuevas voces de fin de siglo y Cincuenta poetas colombianos, lo que confirma su presencia dentro del panorama literario nacional. A ello se suma su incursión en lo audiovisual, con la producción de un video sobre el desarrollo histórico-literario del Huila (2007), y su faceta de compositor, porque en Lozada la palabra también se vuelve música.

Poemas suyos han cruzado fronteras, publicados en revistas y periódicos nacionales e internacionales, como si su voz —sin perder el acento opita— se abriera paso en otros horizontes.

Y, sin embargo, si uno le pregunta por todo esto, probablemente vuelva a reír. Hará un comentario ligero, desviará el foco, contará una historia. Porque Félix Ramiro Lozada parece tener claro algo que no todos los escritores comprenden: que la literatura es un oficio serio, sí, pero la vida —esa materia prima de la escritura— se sobrelleva mejor cuando se la sabe contar con una sonrisa.

La palabra es, para Félix Ramiro Lozada, memoria, oficio y celebración de la vida. Con él conversamos:

Su obra transita por la poesía, el cuento, el ensayo y la narrativa: ¿En cuál de estos ámbitos siente que su voz alcanza mayor plenitud?

Al empezar a escribir versificaba. Eran versos simples, de adolescente, madurados de a poco hasta llegar a una entidad vital, orgánica, lograda con gran esfuerzo y disciplina mediante la lectura vigorosa de los llamados clásicos griegos, otros poetas y los Malditos, entre ellos el joven Rimbaud, Rilke, Pessoa y el maestro Baudelaire, seguramente almas enfrentadas, fascinadas de su accidentado y simbólico caminar. Eso me llevó a padecer, gozar la vida, encontrarme con la muerte, las tragedias sociales y hasta con el amor, todo ello reencarnado en la palabra. Esas relaciones con el otro, con el mundo y la religión provocan desciframientos creativos, imaginativos plasmado en poesía y, posteriormente en cuentos, mitos, leyendas, novelas y canciones. En ello, invoco sucesos vitales, acentuaciones espirituales, sueños y hasta comportamientos insólitos. Mi primer libro Labor de Luna, lo expresa de manera creativa ligado a la realidad y al momento histórico mediante una visión y concepción dolorosa, invoca días y noches rumorosas reflejada en la indefensión total de una sociedad en crisis, sin embargo, la tragedia es rebasada por el amor al poner por encima la perdurabilidad de la vida. Lo vemos en el poema Revés: 

“Ahora las ciudades no tienen golondrinas/ Sobre sus cielos vuelan águilas/ La libertad en ellas/es suma de cuatro paredes/ Cazado, cazado el hombre muere/Abajo, abajo/la vida camina desierta”.  Este poemario de 1988, es considerado por algunos como el primero sobre el sicariato en Colombia y algunos de estos textos fueron seleccionados ese año, entre los cien mejores del país por el Magazín Dominical de El Tiempo.

En libros como Labor de luna y Hoja de viento, su poesía parece surgir desde una sensibilidad íntima: ¿Qué impulsos vitales dieron origen a esos primeros textos?

Sin duda, en Hoja de viento, encontramos una poesía surgida de los límites del fondo del alma, donde hay preeminencia del sentir liberado mediante sentimientos afectivos, a veces confusos por lo abstracto mediante un lenguaje balbuceante, por momentos casi infantil enlazado a la estructuración del verso sensible, profundamente espiritual para lograr las emociones sobre recuerdos, la orfandad y por momentos los exclamativos reclamos a Dios y al padre por el abandono a pesar de las relaciones contrariadas Son reclamos mentales, nombradas mediante complejos símbolos e imágenes plenas de ritmo y musicalidad. Esa poesía simple, se desprende de lo profundo del sentir. Veamos: 

Vuelve, viejo, a mi aldea

a contemplar las acacias y los samanes

en el horizonte de mis antepasados.

Enciende cantos de esperanzas

Cuando el bullicio vaya de retorno

Golpeando puertas,

Recordando canciones de la madrugada.

Vuelve, viejo a mi aldea

A contemplar las acacias y los samanes.

La carga de la nostalgia sugiere una mirada hacia el pasado: ¿Qué papel juega la memoria en la escritura?

Con frecuencia meditamos sobre la existencia, de esos conflictos reflexivos se desprende La carga de la nostalgiay toda la poesía posterior que incluye Desde el fondo del espejo, Extravío de la memoria, Poemas eróticos y Poemas de la amante Siega está ahí. Paralelo a la poesía escribo cuentos, luego viene el paso al ensayo, novela hasta llegar de manera casi ociosa a letras de canciones. De manera que encontrarme en cada una de estas manifestaciones, me hace sentir bien porque lo hago con profundo compromiso conmigo y con el sufrimiento, las alegrías, las derrotas y los triunfos del ser humano, por tanto, el ser que crea literatura y el creador en general, debe saber tener conciencia de las relaciones y contradicciones dadas en estas expresiones artísticas, especialmente cuando son invocadas a través de la palabra, donde las imágenes estéticas, las resonancias, los sonidos habituales, la retórica misma, la realidad socio-política e, incluso la psiquis juegan papel importante en la verdad creativa, artística, sobre los dotes de alguien determinado y sobre todo, surgidas del mismo, además, de lo que pretende con sus mensajes al querer representar sucesos de una sociedad y, al tiempo dejar constancia de su paso por este mundo, intentando reflejar su momento histórico por medio de sus visiones cosmogónicas fundamentado en las palabras, esencialmente, las simples, perdurables, divergentes, estéticas, socio-políticas con fuerza, ritmo y musicalidad. Palabra como dijera Neruda…las que cantan, las que suben y bajan…Me prosterno ante ellas…Las amo, las adhiero, las persigo, las muerdo, las derrito…Amo tanto las palabras…

En Imágenes en reposo e Historias, mitos y leyendas colombianos, usted recoge la tradición oral: ¿Escribir es también una forma de preservar lo que el tiempo amenaza con borrar?

En Imágenes en Reposo, los acontecimientos rebasan la palabra tergiversadora, al no tratarse solo de meras perspicacias, sino de secuencias reales que exceden la normalidad, por lo mismo, referidos a determinadas situaciones, contadas a manera de informaciones sobre las que tanto se habla, entonces podemos concluir, que muchas veces vale más la imagen que la palabra usada para señalar un sinnúmero de muertos o, por ejemplo, recordar las palabras de generales de la República pedir ríos de sangre en medio del conflicto armado, de la indiferencia, la inseguridad, el abandono estatal, los fallecidos en una guerra interminable o los enfermos abandonados, agonizantes en hospitales en ruinas, los indigentes alucinados, la gente del común merodeando calles con miradas angustiosas y, a un lado de ellos ver, la joven seductora vender su cuerpo. En consecuencia, las historias reflejan estas paradojas de común conocimiento, en medio de informaciones, dadas no solo con relación a lo acontecido en otras latitudes, sino que también por primera vez en la historia de la humanidad, la poesía, la novela, el cuento, el teatro, la filosofía y otras formas de arte, tocan este tipo de realidad…de manera que la ausencia de un mundo interior sensible permite una cualificación, hace que tal cúmulo de información, sea esto y no una real vinculación con las potencialidades del alma y del conocimiento. Imágenes en reposoes una visión particular al cohesionar el andar del hombre que se hace historia o leyenda. Es síntesis de sentimientos encontrados, es el mundo de unos y otros, con la particularidad de la imagenería, la recreación mezclada de manera fantasiosa.

Su libro Historias, mitos y leyendas colombianos alcanzó múltiples ediciones: ¿A qué atribuye esa conexión con los lectores?

Historias, mitos y leyendas Colombianos representa una recreación poética, enriquecida del mito, lejos de la narrativa tradicional conocida, invoca el espíritu humano sobre las creencias, orígenes y dioses, de manera que no va dirigido a conocer el mito, las leyendas e historias tal como las hemos conocido; al contrario, sirve para establecer las diferencias entre unos y otros, por tanto, son cuentos transformados poéticamente con un tono verbal emotivo, es decir, es el verbo creador del mundo de antes y el de ahora. Benhur Sánchez lo señala así en notas sobre el mismo texto: 

“Un final como desde entonces con el ramo de olivo vivimos en guerra, nos matamos por amor, dinero o política. Dios hizo la guerra y la paz”.

 (El diluvio), nos demuestra la versatilidad de historias tantas veces escuchada, vuelta a contar desde nuestra época, pero siempre la misma. Solo hay dos personajes: Dios y la paloma…”.

De manera que los mitos, las historias y leyendas, generalmente son producto de la imagenería y creencias de los pueblos. Esto permite pensar que el maestro debe saber enseñar las diferencias entre estos a sus alumnos, considerando que el mito cuenta, trata hechos sagrados, reales o imaginarios sobre los orígenes, en el texto enriquecidos y exagerados metafóricamente. Esto lleva a recordar a Shelling, citado por H. Blumenberg: 

“De ahí que todo en el mito tenga la apariencia de contraste: su ligereza, su carácter no vinculante. su plasticidad, su carácter lúdico en el sentido más genuino, su inadecuación para señalar a herejes y apóstatas”.

En cambio, La historia al ir encadenada a la ciencia, permite conocer procesos evolutivos desde el momento en que se origina un suceso determinado hasta cuando se le conoce, lo cual permite establecer la cronología del mismo y, permite establecer el tiempo de los acontecimientos mediante pruebas o referencias testimoniales sobre lo sucedido en un momento, en una época, en un lugar. La historia, por ejemplo, en el libro nos habla de los asuntos relacionados con La Gaitana y con la tragedia de Armero. En la Leyenda hay una dualidad, una especie de combinación de hechos reales con fantásticos o sobrenaturales finales, trasmitidos en forma oral de generación en generación con el propósito de mantener viva la identidad, valores o creencias de una comunidad, sociedad o estado sobre su cultura o, sobre una persona que termina convertida en leyenda de forma evolutiva al transformarse, está relacionada con la cultura popular al punto de considerársele verídica. Tal vez eso ha gustado al lector, lamentablemente, vender no representa nada para el escritor, porque son solo beneficios para el editor y como sucedió así, preferí dejarlo quieto. Si tengo tiempo y se dan condiciones es posible que me anime a reeditar.

El embajador de la India y otros relatos, ¿qué temas y preocupaciones centrales atraviesa?

El embajador de la India parte de un hecho ocurrido en Neiva, en los años sesenta. Todo el libro sigue ese camino. Se puede ver en Desaparecidos: 

“Campo Elías era hombre joven, corpulento, de contextura fuerte, que llevaba una vida común y corriente, es decir, del montón…”.

(Es uno de los primeros desaparecidos de la UP en Neiva); ahora recuerdo otras de esas vivencias: Jinete Animal, recoge la tragedia de un caballo de zorra, cansado cae y es golpeado de manera atroz por su “amo”; en Los periódicos, se lee: 

“…En las oficinas, la casa, los autos, moteles y baños se lee la prensa con alegrías y tristezas: la alegría del tarot y las tristezas del alma por las infinitas injusticias en valles, montañas y ciudades pese que ahora solo anuncian los muertos de las guerras…”. 

La serie sigue con La galería, El alcalde, Borrachos, todos a manera de relatos enriquecidos poéticamente, por tanto, el efecto y el camino seguido siempre es el mismo al presentar hechos nuevos en unos casos y en otros sublimes, por tanto, surge de experiencias objetivas y subjetivas nacidas de detenerse, observar mundos, sucesos, comportamientos y vidas, porque es desde el mundo corriente donde el escritor alimenta, nutre su conciencia creativa. Así lo escribo; 

“…Antes que el tren se pusiera en marcha una vez más, Jaime lo abordó y miró los alrededores. Localizó la silla junto a la mesa donde venía sentado; cerca se han ubicado dos nuevos viajeros; hombres jóvenes con aspecto de comerciantes. Se sienta a su lado, abre el periódico y lee los titulares: “paros cívicos”, “conflicto, otra vez, entre India y Pakistán por la región de Cachemira”, “ataques de la guerrilla”, “ataque de chulavitas”; “el ejército está inconforme”; “candidata embarazada en concurso de belleza”; “consagran al país al Sagrado Corazón de Jesús”…” El Embajador de la India y Otros Relatos.

Su obra oscila entre lo individual y lo colectivo: ¿Cómo logra equilibrar la experiencia personal con la memoria cultural?

Todo escritor serio debe expresar obsesivamente lo colectivo e individual, manifestando sus puntos de vista, sus intuiciones como su compromiso socio-político con su momento histórico. Los poemas de carácter intimista no son más que manifestaciones de su sentir por alguien o algo con imágenes excepcionales, desparpajo o la “inspiración” atormentada contada y cantada como en el caso de Escalona, José Alfredo y Villamil. No tocaban ningún instrumento musical, pero contaban verdaderas historias para cantar. Es lo más parecido al fenómeno cosmogónico al invocar un tono intangible ofrecido a la vida. En cualquier caso, en lo individual, tal vez nadie se propone cantar al crear, simplemente trasmite su voz creativa, interroga ante la perplejidad de los acontecimientos a los que obedece. Muchas obras surgen desde la colectividad, otras son meramente individuales, pueden hacer referencia a trabajos de investigaciones, de donde proceden investigaciones sobre la literatura de una región, específicamente la poesía y el desarrollo literario del Huila, desentrañada desde sus orígenes con la intención de que el lector, el estudiante, investigador y el maestro puedan conocer a través de un trabajo de estos la existencia creativa histórica. Estos trabajos no tienen intención de criticar o desconocer, al contrario, incluyen y respetan la finalidad creativa de los autores estudiados, muchos de ellos en olvido. Eso lógico, contribuye a visualizar una literatura, un ambiente, el espíritu y el pensamiento estructural de los ciudadanos y las relaciones dialécticas implícitas en el principio enunciativos de los creadores.

En títulos como Poesía huilense y Literatura huilense, usted asume un papel de compilador; ¿qué lo motiva a cartografiar la literatura de su región?

En Poesía huilense y Literatura huilense se han tenido en cuenta distintos textos y documentos para la exploración de valores socio-políticos, en los que se sustenta la intención de nuestros antepasados, al legar las referencias básicas de sus pensamientos e ideales, lo que refleja un interesante proceso evolutivo de los mismos y, sobre todo, lo conocido comúnmente como ‘espíritu indígena’, manifiesto en mitos, leyendas, códices y textos sagrados en donde se habla de tiempo antiguo y otro mítico, los cuales se requiere conocer y perpetuar, por ser considerados origen y desarrollo de las manifestaciones literarias, en consecuencia, estos pretenden ser herramientas y ayudas básicas de trabajo. Eso naturalmente contribuye a visibilizar el trabajo de nuestros escritores.

En Literatura colombiana, su mirada se amplía: ¿qué rasgos definen, a su juicio, la esencia de nuestra tradición literaria?

Libros como Literatura colombiana dejan ver todo lo que ha sido el desarrollo literario del país, desde la época Prehispánica hasta hoy, pasando por todas las manifestaciones literarias con sus mayores voces de cada movimiento al tomar expresiones indígenas, los Cronistas, la Colonia, el Romanticismo, Costumbrismo; Modernismo, Mito, Nadaísmo, Vanguardismo hasta los contemporáneos. Eso permite desentrañas las virtudes o defectos significativas de las diversas vertientes creativas. En esa búsqueda se dan concatenaciones, asociaciones de voces, oposiciones y entrecruzamientos ideológicas. Los cronistas señalan acontecimientos sociológicos de los pobladores sometidos, a pesar de influencias renacentistas. En las posteriores manifestaciones de nuestros letrados, hay reflejos de movimientos sociales enriquecidos con amor, guerras y otros acontecimientos donde intuyen tensiones, subconscientes colectivos donde son importantes las construcciones estructurales. Normalmente los autores tienen momentos brillantes, por ejemplo, en el Romanticismo con María, donde un amor sincero y apasionado caracterizado por sentimientos y emociones nebulosas, deja ver sueños e ilusiones idealizados, derrotado por el destino, por la muerte. El Costumbrismo con Eugenio Díaz y su Manuela, mantiene los vasos comunicantes a través de don Demóstenes entre el tema personal y la problemática socio-política. Allí aparece José María Vergara y Vergara y sus Tres Tazas. La Gruta Simbólica es de comienzos del siglo XX . Una de sus figuras descollantes es Tomás Carrasquilla y su Marquesa de Yolombó, cuenta la vida de Bárbara Caballero y Alzate, desde su juventud en Yolombó hasta su vejez. EL Modernismo inicia con Clímaco Soto Borda con Diana Cazadora. José Eustasio Rivera, hace parte de la novela Terrígena, otros la llaman Realista. En el Modernismo poético están presente José Asunción Silva, Max Grillo entre otros. EL postmodernismo destaca a Luis C. López, Porfirio B. Jacob, León de Greiff; en los nuevos hacen presencia Rafael Maya, Aurelio Arturo y Luis Vidales. En Piedra y Cielo aparece Jorge Rojas, Posterior a esto está El Grupo de Barranquilla, Los Cuadernícolas o Cántico; Mito y después los últimos o penúltimos donde destacan María M. Carranza, Juan M. Roca, Geovanni Quessep, Meira del Mar, Manuel Mejía Vallejo, Héctor Rojas, quien señala en Respirando el verano: “…Celia llegó al pueblo la mañana del veintiséis de diciembre de mil ochocientos setenta y uno. Los más viejos la recordaban porque la primera mujer que en principio confundieron con un hombre…”. Germán Espinosa, Jorge E. Pardo, inicia su enorme hazaña con el Jardín de las Weismann e Irene hasta adentrarse en la tarea de mantener viva la historia de Colombia, la de los vencedores y la de los vencidos en el Quinteto de la frágil memoria donde están La Baronesa del circo Atayde, El pianista que llegó de Hamburgo, La última tarde del caudillo, Trashumante de la guerra perdida y Maritza la fugitiva; Juan Gossaín, Héctor Sánchez, Fanny Buitrago, Fernando Vallejo, Edgar Sandino, Carlos O. Pardo, Efraín Martínez, Laura Restrepo. A estos se suman nuevas voces como William Ospina, Benhur Sánchez, Alberto Duque, Manuel Gil Giraldo y otros. De manera que se trata de desentramar nuestra historia literaria, ir más allá y conducir al lector hasta la profundidad de la verdad literaria del país con un libro alimentado con citas, textos, contextos, biografías y en muchos casos entrevistas. De forma, que es una investigación seria, responsable, documentada y con apuntes y anotaciones. Por tanto, es una obra de situaciones concretas, que esculca nuestra historia literaria, de ahí que se pueda decir que hay momentos brillantes de narradores y poetas en la literatura colombiana, tal es el caso de Álvaro Cepeda, José Eustasio Rivera y Gabriel García Márquez.

Su novela Los duros años del adiós parece apuntar a la experiencia de la pérdida: ¿cómo aborda el duelo desde la escritura?

Sobre mis novelas Manuel de las aguas y Los duros años del adiós, debo decir, primero que la novela es un género muy amplio, donde cabe todo, es decir, es realidad y ficción, en consecuencia, su mundo es subjetivo, relativo y real donde, significa que allí todo es importante: los efectos y acontecimientos narrados, la conciencia misma del creador, la concepción, visión del mundo y la sensibilidad poética, la imagenería, las asociaciones verbales y simbólicas. En fin, la novela es un cúmulo de acontecimientos y sucesos en los que el autor centra su interés. Eso es Manuel de las Aguas, un mundo donde todo parece confabulado, el amor, la pasión, el odio, la muerte, la venganza, la tragedia de la guerra del país de militares, guerrilleros, paracos acolitados por políticos u empleados corruptos, son reflejos de la crisis social colombiana. El amor lo expresa así:

“…Hipnotizada por aquel jovencito impetuoso, arrogante, delgado, de tez pálida, ojos vivarachos, sonrisa ligera y cabellos ensortijados que desde el primer beso la tuvo en sus brazos. En el fondo de su alma hay seguridad, todo con la espontaneidad de las cosas que llenan los sentidos. Está a merced de las manos que recorren su cuerpo, las siente tibias en sus voluptuosos senos y siente como la magia de unos dedos se adentra en la humedad contraída por los roces perversos…”.

Manuel Cortés, al referirse a la obra dice: 

“…ilimitado tratado de la muerte que es nuestra política, nuestra literatura, nuestra lengua, nuestra música, nuestra forma de amar y de entregar lo mejor de nuestro odio…lo mejor de nuestra intolerancia…lo mejor de nuestro talento para matar. Ningunear…para quitarle al otro, incluso, lo que no tiene…”. 

De tal manera que Manuel de las Aguas, es la tragedia de una sociedad. En síntesis, un mundo cruel, feroz donde los acontecimientos motivantes configuran la realidad, los deseos, el amor y la falta de comunicación angustiante de los protagonistas. Desde el fondo del alma detalla cosas sobre aquella atroz realidad:

“…El capitán Tovar comprende la magnitud de la tragedia. Sin querer, vuelve los ojos sobre los cuerpos acribillados y toma la decisión de ir al comando, donde se hace acompañar de tres agentes de confianza. Comienza una intensa y brutal persecución que concluye a las doce y trece minutos de esa misma noche. A esa hora la muerte pasea rauda, atrapa y liquida a nueve miembros de la banda…”. Manuel de las Aguas.

Igual ocurre en Los duros años del adiós, donde la voz ancestral se encuentra presente en la voz narrativa en la organización del mensaje, de esa manera nos recuerda los últimos momentos de Toña y su pequeño hijo al momento de ser separados. El posterior reencuentro veintiocho años después, permite recrear la tensión familiar alrededor de recuerdos significativos y, a través de la voz omnisciente, el más allá refleja el pasado y el presente. De esa forma el mensaje se conexiona a manera de cuadros entrelazados por el narrador mediante el fluir de los recuerdos nostálgicos por la pérdida de la madre. En medio de ello aparecen los episodios relacionados con la compleja historia política y social del país, lo cual configura la realidad, las frustraciones y las angustias, a veces opuestas, otras veces son una especie de paralelismos configurados mediante asociaciones que permiten afirmar el mensaje. Eso se puede apreciar en:

“…Gracias querida Toña, por venir a decirme lo importante que escudriñar en los ideales de los que han hecho posible el despertar, así sea a medias, en este pueblo aguerrido. Se debe buscar en cada lugar, en cada sitio donde un día hubo y hay fosas comunes; en lugares sin parques, sin cementerios ni hospitales; en el fondo de la represa Hidroituango con sus desaparecidos”.

La figura de José Eustasio Rivera ocupa un lugar central en su obra investigativa: ¿Cuándo y cómo nace ese vínculo intelectual?

Aquí respondo a sus distintas inquietudes sobre José Eustasio Rivera. Tomo como punto de referencia el libro De lo romántico a lo contemporáneo en la Literatura de Colombia, en el que se ofrece un estudio sobre cuatro escritores nacionales, los que aparecen en orden cronológico: Jorge Isaacs, José Eustasio Rivera, Gabriel García Márquez y Carlos Orlando Pardo. Esto, a mi modo de ver, me permite brindar datos y juicios a fin de dar una mayor información acerca del desarrollo literario, orígenes, las causas y efectos de los hechos socio -políticos expuestos por estos escritores y, la influencia de sus pensamientos, sus aportes y la intención sociológica, las dimensiones ocultas de las palabras a través de sus personajes, especialmente las cuatro mujeres protagonistas de las obras de estos. Veamos: En Jorge Isaacs, María es forzada, humillada y degradada al ser sometida a una espera que su cuerpo y su alma no aguantan. Es bella, tierna y apasionada por el hombre que ama, pero la realidad la arrasa y solo la libera la muerte a la que no llega su amado. La Alicia de Rivera es humillada maltratada por los padres que pretenden venderla a un viejo rico. Se niega a ello, por lo que huye y se interna en la selva donde es acosada, degradada y atropellada sin consideración. Solo cuando está embarazada, la naturaleza le tiende un poco de solidaridad. En García Márquez es Rebeca la hija adoptiva de once años de José Arcadio y Úrsula que, al crecer, se convierte en una bella de cutis diáfano, ojos grandes y reposados y manos hermosas. Se casa con José Arcadio, su hermano adoptivo quien es asesinado. La tragedia la lleva a vestir luto riguroso por el resto de su vida por lo que es símbolo de belleza y tragedia porque fue quien trajo la peste del insomnio a Macondo, además de transportar los restos de sus padres en una mochila. Ese tratamiento especial que da García Márquez a la belleza de la mujer y a los muertos, lleva a una tensa atmósfera de una gran afinidad simbólica. Rebeca es belleza, amor y soledad. La Lolita de Carlos Orlando Pardo es abusada, maltratada y abandonada por el hombre que ama. La tragedia de esta mujer es el amor por su amante, que después de una relación apasionada entre música, cantos, bailes y alcohol, la deja en un mundo sombrío y caótico. Entre lágrimas y desolación trata de descifrar su dolor mediante distintas alternativas como ser azafata, secretaria encuestadora y otros oficios. En el libro de la referencia me ha servido para hablar de estos cuatro autores y de sus aportes a las letras colombianas. Ahora diré algunas cosas sobre José Eustasio Rivera, lo que representa su leyenda y lo que ha significado, para mí, realizar cuatro libros sobre su vida y obra. Empiezo en el orden surgidos: Una ida azarosa en dos tomos, investigación que mereció ser incluida en la Ley 2432 de Honores a José E, de 2024, que a la fecha no se ha cumplido. En ese libro, con más de mil páginas, hay sonetos, el único cuento que se le conoce; ensayos, cartas, documentos políticos, entrevistas, una cronología sobre el escritor y estudios críticos del compilador y de otros autores. Es un texto basado en distintos episodios de la vida real, de ahí que podamos saber que Luis Franco Zapata, quien huye de Bogotá con Alicia, es encarnado en Arturo Cova y según fuentes de don Eduardo Neale-Silva había nacido en Manizales el 10 de enero de 1888; Alicia Hernández Carranza es simplemente Alicia, la mujer por la cual Cova emprende su aventura en la selva, elemento al que el autor de La vorágine le da vida y lo convierte en ser dinámico y victorioso cómplice del hombre, al que encubre en sus entrañas, refugiándolo, para protegerlo de crímenes, pasiones, robos, desgracias y cuanta crueldad se presenta en el destino trágico de cada uno de los protagonistas; en dicho lugar los personajes cumplen una peregrinación trágica a través del medio que los domina: la naturaleza que devora al hombre; 

“…Es que —dijo don Rafa— esta tierra lo alienta a uno para gozarla y para sufrirla. Aquí hasta el moribundo ansía besar el suelo en que va a podrirse. Es el desierto, pero nadie se siente sólo: son nuestros hermanos el sol, el viento y la tempestad. Ni se les teme ni se les maldice…”.

En el siguiente libro sobre Rivera, tuve el cuidado de llamarlo como lo hizo el poeta: Tierra de promisión y Poemas dispersos. No es un atrevimiento usar el nombre que da Rivera a su libro, sino que, al extenderlo, se convierte en homenaje con motivo de cumplirse cien años en 2021 de la primera edición de dicho poemario, editado en Cromos de la Casa Arboleda y Valencia de Bogotá. En el libro encontramos los poemas de Tierra de promisión, los que he podido recuperar; artículo de Rafael Maya en los cincuenta años de creación del Departamento del Huila, además, siete ensayos de profesores de universidades del país y extranjeras, estudiosos de la obra de nuestro escritor, invitados para dicho proyecto. Esto en razón a que, es en el contexto de los sonetos donde está claramente la temática, el verbalismo y los valores literarios de las apropiaciones simbólicas, las que tienen que ver con el influjo del ambiente vigoroso y las emociones que le nutren el alma, eso explica de cierta forma su estado de ánimo, por tanto, se puede decir que hay allí realidades extraordinarias exteriorizadas en la creación sutil, vibrante en la asociación de palabras y apasionados hallazgos abstractos o psicológicos, de mamera secuencial, esto quiere decir, que la palabra de Rivera concibe y lleva a cabo diversos testimonios, como lo afirma cuando le dice al periodista Roberto Liévano:

 “…El poeta mantiene los vínculos con su tierra y escribe a sus amigos para hacerles exhaustivas recomendaciones, tal es el caso de Matías Silva, a quien le elogia su producción literaria en carta de 1912”.

Rivera es considerado por la crítica literaria como el primer escritor en darnos una obra de denuncias socio-políticas, con claro contenido premonitorio acera de la crisis del medio ambiente y su conservación; su aporte es sin duda, un documento cuyo valor sociológico no puede desconocerse así lo avalan los valores intrínsecos y específicos de La Vorágine, donde en la medida en que se introduce en la obra y en la selva al narrar en primera persona, refuerza la teoría de las vivencias. Eso le sirve para reencarnar a Arturo Cova, el héroe destinado a luchar contra todas las fuerzas. Es de tal magnitud su traumático destino que a todos nos avergüenza, nos condena, nos señala y nos lleva a pensar en el comportamiento de sus compañeros de aventura expreso en el horror y la tragedia de Clemente Silva, el Pipa, Helí Mesa, Alicia y Ramiro Estévanez, quienes viven esa dura experiencia. La vorágine, lo que hace es trasladar la descomposición social de un lugar a otro (de la ciudad a la selva), pretexto con el cual el autor da a conocer y denuncia una serie de hechos, llevados a cabo por extranjeros en su propio territorio, lo que hace que los nativos sean extraños en su propia patria, esos imaginarios espacio-temporales quedan al descubierto cuando expresa:

“¡YO HE SIDO cauchero, yo soy cauchero! Viví entre fangosos rebalses, en la soledad de las montañas con mi cuadrilla de hombres palúdicos, picando la corteza de unos árboles que tienen sangre blanca, como los dioses. A mil leguas del hogar donde nací, maldije los recuerdos porque todos son tristes…”.

El tercer momento valorativo corresponde al libro que llamé Cartas secretas de José Eustasio Rivera. Desde el comienzo de mi investigación sobre su vida conocí cartas, incluso una de tono jocoso que le escribió a su amigo ‘Simón el Mago’ (Simón Elías Arboleda) me la entregó doña Ruth Arboleda, nieta de ese personaje. Cuando tuve conocimiento de su estadía en Costa Rica fui al Archivo Nacional donde no tenían idea de las andanzas de Rivera por ese país. Allí conocí a don Julián González, a quien le hablé del paso de Rivera por San José, donde tuvo oportunidad de conocer a don Joaquín García Monge, fundador de la revista Repertorio Americano. Le comenté a González, actual director de la revista, que tenía un fragmento de una carta de Rivera fechada en Nueva York en 1928, dirigida al señor García. Dos semanas después, tenía el documento en mi poder y copias de sonetos de Rivera publicados en la misma revista. Después fui a Orocué y me di cuenta de que el Museo La vorágine es el único lugar donde hay objetos de uso personal de Rivera y su directora, doña Carmen, me regaló copias de dos cartas muy personales de Rivera, una dirigida a quien llama señora Susana y otra a Susanita, Margot, Empera, Inés y Mélida. Las cartas y otros documentos dieron origen al libro referido. El cuarto momento nace de mis investigaciones y el deseo de tener una edición confiable de La vorágine, porque conocemos la edición de 1924 y en total de las cinco que se hicieron en vida de Rivera, todas diferentes. El 21 de abril de 1924 le dice a la familia en Neiva que ha terminado La Vorágine y se la dedica con estas palabras; “Para ustedes, sí, para ustedes”. Entonces, me puse a preparar con mucho tiempo una edición de la obra basado en la quinta, la de Nueva York. Escribí ensayos, seleccioné otros, incluí los comentarios escogidos por Rivera para la quinta edición, agregué algunos artículos de estudiosos de La vorágine. Además, encontré la partida de bautismo que controvierte a quienes siempre dijeron y dicen sin soporte alguno que había nacido em Aguacaliente (San Mateo), municipio de Rivera desde 1943, a donde fue llevado a sus dos años y no en su Neiva natal como dice la partida de bautismo. Eso generó polémicas, pero yo fui tras la esencia de la vida y obra de ese gran humanista, poeta, novelista y explorador del territorio nacional.

Su labor periodística ha sido constante: ¿de qué manera el periodismo ha nutrido su estilo literario?

En esta época, considero que el oficio periodístico y el literario se encuentran degradados, no solo por gobernantes que han manipulado conciencias desde sus despachos, sino por el mal ejemplo que han extendido a lo largo del territorio nacional. Frente a esta realidad, mi estilo se ha nutrido de una formación que comenzó desde la escuela, donde adquirí el hábito de la lectura y mis primeros intentos de escribir. Empecé con lo que llegaba a mis manos: revistas de Condorito, Tarzán, El Santo, publicaciones de farándula, periódicos y libros en general. Leía de manera desaforada en cualquier rincón —la sala, el baño o la biblioteca—, asimilando todo aquel universo impreso. Un hito fundamental en este camino fue descubrir en mi pueblo un Centro de Estudios creado por amigos de la lectura. Fue una experiencia maravillosa porque allí no solo hallé libros, sino interlocutores para comentar lo leído. A través de ese espacio conocimos la Biblia, a Cervantes, Marx, García Márquez, Rulfo y Balzac; exploramos a los clásicos griegos, a los poetas malditos y a los grandes hispanoamericanos, españoles, ingleses y americanos. De igual importancia fue el rastro de las letras colombianas y huilenses que alguien nos enseñó a seguir, llevándonos a autores como Isaacs, De Greiff, Valencia, ‘El Tuerto’ López, Fuenmayor, Cepeda Zamudio, Sor Josefa del Castillo y Meira Del Mar; voces que se cruzaron con Velasco de Zorrilla, Waldina, Rivera, Andrade y Tafur, en jornadas de vigilia con los ojos puestos en los libros. El único requisito de aquel Centro para prestarnos los libros era compartir lo leído, una práctica que nos ayudó a entender la grandeza del oficio. Por ello, entiendo que escribir es una ilusión y un acto de fe; una forma de expresar la visión del mundo para que otros puedan interpretar una realidad o un momento histórico que ha permanecido oculto. Es un desafío inmenso en una sociedad estrangulada, donde este oficio parece inútil o condenado a meras satisfacciones personales. Al principio, cuando se es joven, uno camina como un ciego y aborda temas elementales sin mucha profundidad, dejando de paso la forma y el contenido por el simple hecho de decir algo. Sin embargo, escribir es un proceso de largo aliento que implica asimilar lecturas —buenas, regulares o malas— para entender asuntos básicos como la religión, la economía, la política, la cultura o el amor. Esa sensibilidad, agudizada por el ejercicio constante de observar, es la que me permite hoy ver y tratar de entender la vida cotidiana: desde un hombre sacando alimento de una caneca de basura para sobrevivir, hasta una madre con su bebé frente a un semáforo extendiendo la mano por una moneda ante la indiferencia de miles en vehículos. El hábito de la lectura me llevó a la escritura porque nos permite digerir las palabras y sus significados. Estoy convencido de que un escritor no es producto de la improvisación, sino hijo de la tenacidad, el sacrificio y la disciplina. Se nutre de la “universidad de la vida” para decidir si escribe para niños, jóvenes o sobre lo político-social, siempre con la capacidad de expresar lo mejor para que su obra sea válida en el tiempo. Después de muchos años y de tener conciencia de haber elegido una profesión relativamente ‘fácil’, lo hice considerando hacerlo bien, con la convicción y la fe de llegar a ser un escritor, lo que me llevó a recordar a García Márquez, al decir: 

“Lo que quiero contar, lo hago escrito, solito en mi cuarto, y con mucho trabajo. Es un trabajo angustioso pero sensacional. Vencer el problema de la escritura es tan emocionante y alegra tanto que vale la pena todo el trabajo; es como un parto”.

Por: Fausto Pérez Villarreal-Especial para Noticias Coopercom.-