“Ya comienza el Festival, vinieron a invitarme…”.
Así inicia una de las canciones más profundas del repertorio vallenato, una obra nacida desde la distancia, la melancolía y el peso emocional de no poder estar donde el corazón quería. Cuando el compositor Rafael Manjarréz tomó su guitarra para interpretar las primeras líneas de Ausencia sentimental, no solo cantaba una historia: revivía un momento que marcó para siempre su vida y la memoria colectiva del folclor.
En 1986, mientras el Festival de la Leyenda Vallenata reunía en Valledupar a músicos, compositores y amantes del acordeón, Manjarréz permanecía en Bogotá. Sabía que no asistiría, pero aún no lograba asimilarlo. La ausencia, más que física, era emocional.
“Pensar que no iba al Festival Vallenato era algo que sabía, pero no asimilaba, porque todos esperábamos integrarnos y sentir de cerca a nuestra amada música vallenata”, recordó el compositor.
Aquella tristeza se transformó en inspiración. Encerrado en su habitación y atravesado por la nostalgia, dejó fluir sus sentimientos hasta convertirlos en versos. Así nació una canción que terminaría siendo mucho más que una composición inédita: se convertiría en el reflejo emocional de miles de vallenatos ausentes.
La noche del 30 de abril de 1986, Ausencia sentimental fue declarada ganadora del concurso de canción inédita del Festival de la Leyenda Vallenata. Décadas después, mediante el Acuerdo No. 03 del 16 de marzo de 2010, la Fundación Festival de la Leyenda Vallenata la oficializó como himno del evento, reconociendo su profundo significado cultural y sentimental.
Para Manjarréz, el reconocimiento siempre ha sido motivo de gratitud. “El agradecimiento será eterno para la Fundación y para quienes sienten mi canción, especialmente para los ausentes por diversos motivos, tal como me sucedió a mí”, expresó.
Nostalgia hecha canción
Ausencia sentimental es una obra atravesada por la memoria. En ella convergen la parranda, los amigos, los paseos al balneario Hurtado y el espíritu festivo que define al Festival Vallenato. Sin embargo, su esencia no está en la celebración, sino en el vacío que deja no vivirla.
Es el llamado “himno del guayabo”, no el que provoca el trago, sino aquel que nace del recuerdo y de la distancia. Una canción que demuestra que hay experiencias que solo se comprenden cuando se viven.
Aunque fue escrita lejos de Valledupar, la obra encontró su hogar definitivo en la plaza Alfonso López, al lado del histórico palo e’ mango, donde el público la adoptó como propia desde el primer instante.
La interpretación del cantante Silvio Brito, acompañada por el acordeón del Rey Vallenato Orangel “El Pangue” Maestre, permitió que la canción trascendiera escenarios y generaciones, instalándose en el corazón del folclor colombiano.
Con el paso del tiempo, muchos de los nombres y recuerdos mencionados en la canción partieron hacia la eternidad, pero permanecen vivos cada vez que suenan sus versos. Porque, como dice la misma obra, “el que nunca ha estado ausente no ha sufrío un guayabo”.
La historia detrás del sentimiento
El compositor resume aquel momento como una mezcla de razón y emoción. Estando en Bogotá, recibió invitaciones para asistir al Festival, pero las circunstancias le impidieron viajar. La melancolía fue tan profunda que decidió aislarse, y desde esa soledad nació la frase que dio origen a toda la obra: escribir temblando, encerrado, describiendo su tristeza.
“Pudo más la razón que el corazón”, confesó Manjarréz al recordar ese episodio que terminó regalándole una de las mayores satisfacciones de su carrera artística.
La canción, escrita desde la ausencia, terminó acompañando durante décadas a quienes por trabajo, distancia o destino no pueden llegar a Valledupar cada abril.
Un himno que nunca se ausenta
Han pasado casi cuatro décadas desde que el jurado integrado por Isaac ‘Tijito’ Carrillo Vega, Roberto Calderón Cujia, Marina Quintero y Humberto Díaz Daza declaró ganadora a Ausencia sentimental, interpretada por el propio compositor bajo el seudónimo de “Uno de tantos”, con el acordeón de Gustavo Maestre.
Hoy, cada vez que comienza el Festival de la Leyenda Vallenata, la canción vuelve a escucharse como si fuera la primera vez. Los acordeones suenan, los recuerdos se activan y la nostalgia se convierte en celebración colectiva.
Paradójicamente, Ausencia sentimental es la única ausencia que nunca ha estado sola. Sigue viva en la memoria, en las plazas y en el corazón de un pueblo que encontró en sus versos la identidad emocional del vallenato.
