El extremo afronta su primer Mundial como una de las grandes estrellas de Colombia. Su historia con la selección empezó en una Copa América de Pueblos Indígenas donde el Pibe detectó algo especial.
Colombia debuta en la Copa Mundial Fifa 2026 frente a Uzbequistán.
Tras quedar fuera de Catar 2022, la selección dirigida por Néstor Lorenzo vuelve al gran escenario en el Grupo K y lo hace con dos nombres que concentran buena parte de la atención: James Rodríguez y Luis Fernando Diaz.
El primero conserva el liderazgo que se ganó en Brasil 2014.
El segundo llega a su primera Copa del Mundo como una de las grandes referencias actuales del fútbol colombiano.
Para James, el torneo tiene aire de última gran función. Para Luis Díaz, representa una primera vez tardía. A los 29 años está consolidado en la élite europea como una de las estrellas del Bayern de Múnich. Es un referente futbolístico y emocional para Colombia. Pero detrás de su éxito actual se esconden unos inicios poco comunes. Su carrera resume un viaje que empezó muy lejos de los grandes estadios y que tuvo uno de sus giros decisivos en un torneo casi invisible para el gran público.
Antes de Porto, Liverpool, Bayern y la selección absoluta, Luis Díaz fue un chico de Barrancas, en La Guajira. Su padre, Luis Manuel Díaz ‘Mane’, resultó decisivo en ese inicio. Entrenador, formador y primer gran impulsor de su carrera, acompañó los primeros pasos de un niño que creció con un balón pegado al pie. Su padre es, sin duda, la persona más importante de su carrera, pero no la única que ha influido directamente.
El torneo que cambió su carrera
En 2015, Díaz fue convocado por la Selección Colombia Indígena para disputar en Chile la Copa América de Pueblos Indígenas. Tenía 18 años y todavía estaba lejos del mapa profesional del fútbol colombiano. Venía de Barrancas, con raíces wayuu (pueblo indígena presente en el norte de Colombia y Venezuela) y un talento que necesitaba una puerta de entrada al sistema profesional. Aquel torneo se convirtió en su primer gran escaparate.
Colombia terminó subcampeona tras caer en la final ante Paraguay, aunque el resultado quedó casi en segundo plano para la historia que vendría después. En aquella delegación estaba Carlos Valderrama..
El Pibe, el diez eterno de Colombia y uno de los rostros más reconocibles de la historia futbolística del país, vio de cerca a un joven con un talento diferencial.
La mirada del gran símbolo nacional detectó, antes que el radar principal del fútbol colombiano, que aquel chico podía llegar mucho más lejos. Años después, el propio Pibe lo resumió con una frase sencilla y muy suya: “este va pa’lante”. Había visto a muchos jugadores con condiciones, pero en Díaz encontró una electricidad diferente. Él mismo lo recomendó a los grandes clubes del país y le abrió la puerta a la élite del fútbol colombiano.
Primero pasó por Barranquilla y Junior terminó de moldearlo. Dejó de ser sólo una promesa para convertirse en un extremo capaz de romper partidos. Después llegaron Porto, Liverpool, Bayern y una selección colombiana que encontró en él a un líder.
Luis Díaz llega al Mundial desde una ruta poco habitual. Lo formó su padre en Barrancas. Brilló en la Copa América de Pueblos Indígenas y enamoró a un Valderrama. Ahora comparte cartel con James Rodríguez y sostiene buena parte de las esperanzas de Colombia.
