El colombiano Julián Quiñones inició la Copa Mundial de la FIFA con estelaridad inmediata en el ataque de México.
Su adaptación al esquema de Javier Aguirre lo ha colocado como una de las piezas más activas del anfitrión.
Con la victoria por 1-0 sobre República de Corea, México se convirtió en la primera selección clasificada a la fase eliminatoria de la Copa Mundial de la FIFA™ y, en ese recorrido, ha encontrado en Julián Quiñones una de las piezas clave de su estructura ofensiva, pese a que meses atrás su presencia en la lista final era todavía motivo de debate en la percepción pública. Pese a que su rendimiento con el Al-Qadisiya sostenía la candidatura: cerró la temporada como goleador con 33 anotaciones en 31 partidos, una cifra superior incluso a la de Cristiano Ronaldo en la Saudi Pro League.
Por su parte, Javier Aguirre reiteró que seguía dentro del radar. El técnico mexicano mantuvo su seguimiento incluso a la distancia y, durante la etapa de Míchel González al frente del club, llegó a comunicarse para conocer de primera mano el estado del delantero. Sin embargo, su presencia no terminaba de consolidarse en los planes del Tricolor. En más de una ocasión, el ‘Vasco’ trató de relajar la tensión en torno al atacante y dirigirla hacia la competencia, convencido de que el exceso de autoexigencia podía pesar más que el propio contexto.
En la Copa Oro de la Concacaf 2025, Julián describió esa etapa como un proceso de adaptación en plena exigencia constante: “En la selección siempre hay presión. He trabajado mucho para eso, lo he hecho bien y lo seguiré haciendo bien”, reconoció. El jugador de 29 años sabía a qué se enfrentaba. Llegó al fútbol mexicano poco antes de cumplir la mayoría de edad, se formó en las inferiores de Tigres y desarrolló su carrera en distintos clubes del país, conquistó seis títulos de liga antes de dar el salto al fútbol saudí. Una decisión que fue cuestionada en la antesala del torneo global.
A Quiñones le bastaron nueve minutos para estrenarse en un Mundial y en un escenario insuperable, el Estadio Ciudad de México. Marcó el primer gol de la edición ante Sudáfrica y adelantó a su selección, el guiño a una referencia popular estuvo en la celebración que recordó el baile de Siphiwe Tshabalala en 2010. En una plantilla con suficiente variedad de atacantes, Aguirre lo ha integrado en su esquema gradualmente. Su movilidad y su capacidad para atacar los espacios explican su presencia en el sistema, al igual que su aporte en la presión alta. Su principal ventaja es la versatilidad. Parte desde el extremo, se cierra hacia el centro y sostiene la intensidad del equipo en distintas fases del partido.
Tras el partido inaugural, Julián resumió este momento con una combinación de celebración y alivio: “(Estoy) contento por haber marcado mi primer gol en un Mundial, en este estadio espectacular, lleno. La afición que nos vino a apoyar desde el primer minuto”, dijo. El técnico aplaudió su labor más allá del gol: “Hoy marca diferencia”, esa frase que hace meses se veía imposible.
En el Estadio Guadalajara fue recibido entre el reconocimiento de quienes ya lo idolatraban desde su etapa en Atlas, donde fue bicampeón, y el respaldo de los seguidores que ha ganado en este camino. Esta noche también escuchó su nombre desde las gradas. Su impacto se extendió a lo largo del encuentro, participó en la recuperación y en la construcción de las jugadas ofensivas de México, y rozó otra vez el gol.
La Copa Mundial apenas comienza y Julián Quiñones no ha dejado de buscar la forma de hacer que su nombre permanezca. “Yo nací listo para todo tipo de retos”, dijo a TUDN a principios de este año, y hoy vive su momento mientras el Tricolor persigue la historia en el torneo que coorganiza en casa, con la posibilidad de volverlo histórico, como en las dos ediciones anteriores.
Javier Aguirre modificó el once inicial entre el primer partido y el segundo, pero el delantero ya parece parte de la columna base del equipo.
