Hay lugares que conservan el pasado y otros que lo mantienen vivo. El Complejo Cultural de La Aduana pertenece a esta última categoría. Sus pasillos, patios y salas no solo guardan parte de la memoria de Barranquilla y el Atlántico, sino que todos los días se convierten en escenario para la lectura, el arte, la investigación y el encuentro entre ciudadanos.
Con la campaña ‘Vive La Aduana’, este emblemático espacio invita a los barranquilleros y visitantes a redescubrir uno de los principales referentes culturales del Caribe colombiano, un lugar donde la historia se puede recorrer, pero también experimentar.
Quien llega a La Aduana encuentra mucho más que un edificio patrimonial. Allí conviven la Biblioteca Piloto del Caribe, la Biblioteca Infantil Piloto del Caribe, el Archivo Histórico del Atlántico y el Centro Interactivo de Memoria Urbana (CIMU), espacios que acercan a niños, jóvenes y adultos a la riqueza histórica, cultural y documental del departamento.
La experiencia se complementa con una programación permanente que incluye clubes de lectura, talleres de escritura creativa, exposiciones de arte, conversatorios, actividades para familias, recitales, conciertos y encuentros con gestores, escritores e investigadores. Cada actividad busca que el patrimonio deje de ser un concepto lejano para convertirse en una experiencia cotidiana.
Uno de los espacios que ha fortalecido su oferta es el Centro Interactivo de Memoria Urbana, donde los visitantes pueden recorrer la transformación de Barranquilla a través de recursos tecnológicos y contenidos que permiten comprender cómo ha evolucionado la ciudad y cuáles son las historias que han construido su identidad.
Para José Alberto Bedoya, director de la Corporación Luis Eduardo Nieto Arteta (CLENA), el propósito es que cada vez más personas hagan suyo este escenario.
“La mejor manera de valorar nuestro patrimonio es recorriéndolo, disfrutándolo y haciéndolo parte de nuestra vida cotidiana. La Aduana es un espacio abierto para todos, donde la memoria dialoga con la cultura, el conocimiento y el encuentro entre las personas”, afirma.
Además de abrir sus puertas a distintas manifestaciones artísticas y culturales, La Aduana se ha convertido en un punto de encuentro para conversaciones sobre el Caribe, homenajes a personajes que han marcado la historia de la región y proyectos que fortalecen el acceso al conocimiento y la formación de nuevos públicos.
Más que una agenda de actividades, Vive La Aduana propone una forma distinta de acercarse a la ciudad: recorrer su historia, descubrir sus voces y reconocer que el patrimonio también se construye desde quienes lo visitan, lo habitan y lo mantienen vivo.
Este enfoque se siente más como una crónica informativa o un reportaje breve, menos institucional y más atractivo para un medio de comunicación. Incluso podría abrir con una escena o una pregunta para enganchar aún más al lector.
