viernes, agosto 14, 2026 7:48 pm

Casa Cultura Sofía Camacho Chaljub: Una voz políglota que teje puentes poéticos

 Sofía Camacho Chaljub: Una voz políglota que teje puentes poéticos

por Redacción: Noticias Coopercom

A Cartagena se llega muchas veces siguiendo la ruta de la historia, pero aquella tarde del 19 de marzo de 2026 el destino era la palabra. La Biblioteca Bartolomé Calvo acogía el recital La palabra encendida, una celebración del Prelanzamiento de la honrosa Colección Caribe Colombiano de Pijao Editores, cuyo Director es José Luis Hereyra Collante, con la poesía y la prosa en las voces del mismo José Luis Hereyra, Pedro Blas Julio y Luis Roncallo Fandiño. Entre los asistentes sobresalía una mujer de conversación pausada, vasta formación intelectual y refinada sensibilidad literaria: Sofía Camacho Chaljub. Escucharla presentar en español y leer en un portugués impecable el reconocido poema “Garrincha” del maestro José Luis Hereyra fue comprobar que los idiomas, cuando son habitados con amor por la literatura, dejan de ser simples herramientas de comunicación para convertirse en puentes entre culturas.

Aquella reunión tuvo el encanto de los encuentros destinados a perdurar. Mientras Lidia Corcione Crescini presentaba a Pedro Blas Julio, a mí me correspondió introducir la obra de Luis Roncallo Fandiño. Entre lecturas, comentarios y conversaciones nació la oportunidad de acercarme a Sofía Camacho Chaljub, escritora cartagenera cuya trayectoria trasciende las fronteras nacionales gracias a una sólida formación académica, una permanente vocación por las letras y un admirable dominio del portugués, el inglés y el francés, lenguas que han ampliado su universo creativo y le han permitido tender diálogos entre distintas tradiciones literarias.

Nacida en Cartagena de Indias el 25 de septiembre de 1958, Sofía Camacho Chaljub ha construido una trayectoria en la que convergen la creación literaria, la educación y las artes. Poeta, narradora, ensayista y traductora, su obra refleja una permanente inquietud por la belleza del lenguaje y la formación del ser humano. Su paso por la Universidad de São Paulo para realizar estudios de especialización, maestría y doctorado bajo la orientación de figuras fundamentales de la pedagogía y la educación artística como Ana Mae Barbosa y Paulo Freire, consolidó una visión humanista que ha marcado tanto su escritura como su ejercicio docente.

Para entender la urdimbre de su voz poética, es preciso volver los ojos a su infancia en el Colegio Jorge Washington de Cartagena. Allí, entre las brisas del Caribe y una educación bilingüe que le otorgó el High School Diploma en 1976, Sofía descubrió que el inglés no era solo una lengua extranjera, sino una primera ventana para contemplar el mundo desde otra perspectiva y comenzar a descifrar los misterios de la fonética anglosajona.

Su sed de conocimiento la llevó pronto a las aulas del Colegio Mayor de Bolívar. Allí se graduó como Experta Superior en Educación Preescolar en 1979. Esta etapa temprana sembró en ella la certeza de que el arte y la palabra escrita debían ser los pilares fundamentales sobre los cuales se erige la sensibilidad de los seres humanos en sus primeros años de vida.

Sin embargo, el destino literario y profesional de Sofía daría un giro cosmopolita a mediados de la década de los ochenta, cuando las tierras de la península ibérica y el gigante suramericano se convirtieron en su nuevo horizonte. El dominio absoluto de la lengua portuguesa comenzó a gestarse como una pasión visceral que la acompañaría por siempre, transformándola en una habitante natural de la cultura brasileña.

Entre 1986 y 1987, la Universidad de São Paulo fue el escenario de su especialización en Arte-educación. Tuvo en esa Alma Máter el inmenso privilegio de formarse bajo la tutela de dos colosos del pensamiento latinoamericano: la doctora Ana Mae Tavares Barbosa y el maestro Paulo Freire, una experiencia que impregnó su prosa de una honda preocupación social y un lirismo comprometido con la libertad.

Su idilio académico y creativo con Brasil se extendió durante los años siguientes, obteniendo en 1991 el título de Magíster en Artes Plásticas y Visuales bajo la guía de la profesora Elsa Días Pacheco. De esa fructífera época brotó su tesis titulada O divertido jogo da aprendizagem: uma perspectiva lúdico-pedagógica, una obra escrita en portugués que permitió a la autora empezar a fundir la rigurosidad científica con la gracia de la creación literaria.

La cúspide de su formación en el exterior llegó en 1993, cuando alcanzó el título de Doctora en Educación con énfasis en Artes por la prestigiosa Universidad de São Paulo. Esta inmersión profunda en el alma brasileña no solo consolidó su autoridad académica, sino que le otorgó las herramientas para convertirse en una de las traductoras e intérpretes más agudas de la lírica lusófona en el Caribe colombiano.

De regreso a su patria, el bagaje internacional de Sofía Camacho Chaljub se tradujo en una febril actividad intelectual que alternó con importantes dignidades públicas y académicas. Su impecable liderazgo la llevó a asumir la dirección de la Institución Universitaria de Bellas Artes y Ciencias de Bolívar entre 1996 y 1998, un periodo que brindó al arte cartagenero una aliada incondicional.

Su nombre empezó a ganar un enorme respeto en los círculos culturales del país, lo que la hizo merecedora de altas distinciones, como ser designada jurado de selección para las becas del Fondo Mixto Distrital e Institucional de Cultura de Santa Marta en el CORPES de la Costa Atlántica, y jurado del XIII Salón de Arte Joven de la Universidad Jorge Tadeo Lozano de Cartagena.

Paralelamente, su dominio de las lenguas romances y anglosajonas le permitió desempeñarse con maestría como docente de inglés en el Centro Colombo Americano, profesora en la mítica Escuela Normal Superior Nuestra Señora del Carmen y catedrática en el Colegio Mayor de Bolívar, una labor con la que transmitió a sus estudiantes el amor por la etimología y la precisión del lenguaje.

El reconocimiento a su invaluable aporte a las letras y a la pedagogía de la región se materializó en el año 2000, cuando la junta directiva de la Asociación de Egresadas del Colegio Mayor de Bolívar le otorgó la Medalla al Mérito, un galardón que selló su compromiso con el desarrollo cultural de su amada Cartagena de Indias.

Poco después, en mayo de 2003, la distinción trascendió las fronteras del Caribe al recibir la Mención de Honor a la Cultura otorgada por el Tequendama Intercontinental en Bogotá, un testimonio del impacto de su pensamiento estético en los escenarios nacionales, como firme defensora del arte como el eje integrador de los saberes humanos.

La madurez de su gestión educativa y cultural se reflejó en su designación como Rectora de la Corporación Educativa Colegio Británico de Cartagena, cargo que desempeñó con brillantez entre 2006 y 2016. Durante esta década, Sofía no solo dirigió los rumbos académicos de la institución, sino que propició espacios que convirtieron el francés, el inglés y la literatura universal en el pan de cada día para las nuevas generaciones.

Ese incansable espíritu de servicio la llevó a formar parte de la junta directiva del prestigioso Colegio del Cuerpo a partir del año 2009, compartiendo visiones con los grandes renovadores de la danza y la plástica en el país, y confirmando que su sensibilidad artística no conocía ningún tipo de fronteras formacionales.

Pero en el ámbito sagrado de la creación literaria, el alma de Sofía Camacho Chaljub resplandece con mayor fuerza y libertad. Su consagración poética se hizo palpable con la publicación de su celebrado poemario Así son los Calamares, editado en 2014 bajo el auspicio de Tecnar y Alfa Impresores, una obra en cuyas páginas la metáfora marina se confunde con las pasiones del ser.

Su voz lírica, capaz de saltar de la sobriedad anglosajona a la calidez lusitana, fue incluida en importantes selecciones internacionales, como la Antología Argentina La agonía del Nirvana en 2009, un hito que proyectó sus versos hacia el sur del continente y llamó la atención de la crítica especializada.

Corría el año 2015 cuando la editorial Luna y Sol de Barranquilla entregó a las prensas Tras las huellas de Eros, un volumen bellísimo que reúne poesía y cuentos. A través de estas páginas, Sofía explora con una delicadeza extrema y un lenguaje depurado los laberintos del deseo, el amor filial y las sutiles ausencias que deja el paso del tiempo.

Ese mismo año, su nombre brilló con luz propia en la antología poética Polen de Luna, compilada por el recordado intelectual Ricardo León de las Salas. La complicidad estética con este editor dio origen a constantes colaboraciones en las prestigiosas Revistas Literarias Luna y Sol entre los años 2014 y 2016.

Fue precisamente en ese fecundo periodo cuando Sofía unió de manera magistral sus dos grandes pasiones, la literatura y los idiomas, al asumir la traducción al inglés del cuento La Rana Soñadora, de Ricardo León de las Salas, demostrando una asombrosa capacidad para mudar la musicalidad del español caribeño a las estructuras sajonas.

La mirada atenta de los antologistas volvió a posarse sobre su obra en 2018, cuando la reconocida escritora Lidia Corcione Crescini la seleccionó para formar parte de la muestra poética Acaso alguien camine nuestros pasos, publicada bajo el prestigioso sello editorial Pigmalión en España, llevando el cantar cartagenero al viejo continente.

La renovación de sus votos con la palabra escrita se ha mantenido intacta con el correr de las estaciones. En 2026, la misma Lidia Corcione Crescini volvió a convocar la madurez de sus versos para incluirlos en la antología poética La Voz de la Cigarra, una reunión de voluntades creadoras en la que Sofía Camacho se confirma como una de las voces imprescindibles de nuestras letras contemporáneas.

Hoy, mientras José Luis Hereyra en su Colección Caribe Colombiano de Pijao Editores ultima los detalles del próximo poemario de Sofía Camacho Chaljub titulado Complicidad bajo un paraguas, libro no solo bello en su poesía delicada, finísima, sino aún más bello por las ilustraciones de su hijo el pintor Pedro Miguel Covo Camacho, esta notable escritora cartagenera contempla el porvenir con la serenidad de quien ha dedicado su existencia a desentrañar los secretos del idioma y a sembrar la belleza allí donde la cotidianidad amenaza con volvernos ciegos.

Escucharla hablar en la intimidad de una tarde caribeña es comprender que Sofía Camacho Chaljub no pertenece a una sola patria idiomática; ella es, por derecho propio, una ciudadana del lenguaje, una mujer que ha sabido tejer con hilos de oro la distancia entre Cartagena, São Paulo y el ancho mundo de la poesía.

Viene seguidamente la entrevista con la escritora Sofía Camacho Chaljub. A través del diálogo, esta cartagenera carismática reflexiona sobre el amor como motor primordial de su obra y la importancia del arte como eje integrador de la sensibilidad humana.

¿Recuerdas cuál fue el primer libro o el primer poema que despertó en ti el deseo de escribir?

Crecí en un hogar donde mis padres, ambos profesionales, leían mucho. Mi papá, en especial, tenía una obsesión desde niño por la literatura. Poseía una biblioteca que cultivó con compras diarios, de libros reservados por libreros, del centro de Cartagena de Indias. Diariamente hacía su recorrido por cada uno de sus puestos, para comprar “aquel libro que le habían guardado”, siempre asegurándose que fuese el que andaba buscando. Recuerdo, a mi madre, todas las noches, cuando estábamos mis hermanos y yo, acostados bajo el toldo que nos protegía de una mosquitera, leyéndonos poemas de Rafael Pombo. Debíamos luego memorizarlos y recitarlos, para satisfacción de ambos. Ejercicio que disfrutamos mucho, no había muchos programas en la tele, que finalizaba temprano. Pero tal vez, cuando por fin me decidí a escribir, tendría unos doce años y fueron los Veinte poemas de amor y una canción desesperada, de Pablo Neruda, los que me llenaron de motivación. Su lenguaje sencillo, en la edad del amor. En la edad en que por primera vez su culebrilla corría por el estómago, al leerlo fue toda una inspiración. 

¿En qué momento descubriste que la escritura dejaría de ser un gusto personal para convertirse en una vocación de vida?

Realmente, siempre escribí como forma de sacar desde adentro aquellos pensamientos que me rondaban la cabeza y que no encontraba otra forma de decirlos. No me caractericé por ser una persona muy comunicativa, en especial cuando se trata de contar mis cosas más íntimas. Fui hija única (mujer, entre dos varones). No tenía la complicidad de una hermana para hacerlo y escribir fue una manera placentera para mí, de desahogar aquellos secretos del alma. A los 8 años, cuando hice la primera comunión, me regalaron un diario. Creo que fue el primer espacio que tuve para escribir cotidianamente mis ideas y anécdotas, pero en vacaciones, mi papá nos daba libros para leer y debíamos resumir en una página su contenido diariamente, para el entonces verificar si lo habíamos hecho y aprovechar y corregir la redacción y la gramática. Debo confesar que me incomodaba ver a mis amigas en la playa y algunas veces, tener que hacer mi tarea para poder salir. Pero estos ejercicios de escritura, junto con los que nos hacía hacer nuestra inolvidable maestra de Castellano, Lilián de Milanés (cubana), se convirtieron en parte de mi rutina de vida. Durante la adolescencia, cuando conocía a mi esposo (entonces novio), las cartas de amor que iban y venían contando mil cosas, no faltaban. Nacieron mis primeros poemas de amor, los cuales, desde entonces, nunca han faltado para él. 

Tu obra transita entre la poesía, la narrativa, el ensayo y la traducción. ¿En cuál de estos géneros sientes que habita con mayor plenitud tu verdadera voz?

Disfruto escribir, la poesía me llena el alma. Las traducciones han sido, ante todo, para colaborarle a mi esposo con sus textos de historia de Cartagena. La narrativa es un placer, no tiene los límites lingüísticos de la poesía, por lo que te puedes explayar con tus ideas, pero definitivamente la poesía es lo que más me hacer sentir plena.

Tus poemas revelan una sensibilidad muy particular. ¿De dónde nacen tus versos: de la memoria, de la observación, del amor, ¿del dolor o de la contemplación de la vida?

De todo un poco. Observo y guardo imágenes, momentos, escenas cotidianas que me impactan por algún motivo. También son muchos los recuerdos que conservo, algunos propios otros ajenos, pero que tienen en común el haber dejado alguna huella en mí. Me considero una persona muy sensible al mundo circundante, en ocasiones, demasiado. Son pocas las cosas, situaciones o personas, que no me conmueven. Es decir, que mueven algo dentro de mí y que me provocan algún sentimiento. Disfruto de la naturaleza en general. Amo los animales, las plantas y el mar que ha marcado mi vida. El sonido de sus olas fueron mi primer arrullo, sus aguas nuestro patio trasero. Con una máscara y aletas, nosotros en familia, pasamos todos los fines de semana en su seno. Todo mi entorno marcó mi vida. Afortunada fui al recibir amor en cantidades, el dolor vino con las partidas.

¿Qué buscas provocar en el lector cuando termina de leer uno de tus poemas?

Me gusta imaginar que ha dejado un hálito de mis pensamientos, al lector o al escucha, como lo hace la ola a la orilla, en calma y con la alegría con que recia alcanza su destino. Con placer, con ternura, pero siempre dejando una huella que pueda disfrutar.

Publicaste Así son los calamares y has participado en numerosas antologías. ¿Cuál consideras que ha sido el libro más decisivo en tu evolución como escritora y por qué?

Así son los calamares fue un libro importante para mí, porque tuve oportunidad, por primera vez de ver impresos poemas que tenía guardados y que pensé que jamás verían la luz. Aunque salió con múltiples errores y algunas omisiones importantes, considero que fue decisivo puesto que motivó mi deseo de seguir publicando con la humildad de quien se sabe pequeño entre los grandes.

¿Qué representa para ti formar parte de antologías internacionales y compartir páginas con escritores de diferentes países?

Un honor sin duda, poder publicar con otras personas, que encuentran en la poesía un camino de comunicación en sus vidas. Agradezco infinito a quienes han hecho esto posible, tanto en Colombia como fuera de nuestro país. También es una gran oportunidad de dar a conocer mis poemas, rodeada de tan buenos escritores que animan a variados públicos a adquirir las obras y leerlas. 

Estás próxima a publicar Complicidad bajo un paraguas. ¿Qué encontrará el lector en este nuevo poemario y en qué se diferencia de tus libros anteriores?

Este nuevo poemario, con obras dedicadas al agua, en todas sus formas y al amor como eje y motor primario de mi vida, nace en una edad más madura. En la que ya la poesía adquiere otros espacios, algunos imaginados, otros vividos. En la poseía la musicalidad para mí, es esencial. Debe existir una cierta melodía implícita que la transforme en poema. Me gusta que exista una oportunidad que lleva la prosa al verso desde la sonoridad que ejercen las palabras. 

¿Cómo interactúan la educadora y la escritora que residen en Sofía Camacho Chaljub? ¿Se complementan o alguna termina imponiéndose sobre la otra?

Las personas somos una totalidad. Todo lo que cargamos lo llevamos a cuestas en la vida. Todo interactúa, a veces de formas imperceptibles, en nosotros. La educación ha sido mi práctica de vida. Creo en ella por ser el camino hacia la luz. El camino que saca de la penumbra al ser humano. El que transforma la miseria, el vehículo para dejar atrás la pobreza física y del alma. Desde estos escenarios educativos, he podido ver y entender mejor la esencia de los seres humanos, lo que estoy segura llega a mis letras cuando pienso y cuando decido un tema para escribir.

Durante tus años de formación en Brasil tuviste la oportunidad de aprender de figuras como Paulo Freire y Ana Mae Barbosa. ¿De qué manera esas experiencias transformaron tu manera de entender la literatura?

Estos dos grandes de la educación, no solo de Brasil, sino de toda América latina, tocaron la vida de quienes tuvimos la dicha de ser sus estudiantes en la Universidad de Sao Paulo. Paulo Freire, cuyo trabajo se concentró en la educación de los pobres como base de la transformación social, me enseñó que, por encima de cualquier lectura de textos, el ser humano hace una primera lectura de mundo. Esa es la fuente que nutre los referenciales de quien aprende a balbucear sus primeras palabras y por supuesto de quien las escribe después. A Ana Mae, le debo la oportunidad de ingresar a la USP, de haber entendido el papel de las artes en la vida sensible del ojo humano y la importancia de educar desde la oportunidad que todos los seres debemos tener, para crear un mundo propio que haga parte de nuestras vidas y nos permita crecer como individuos únicos e irrepetibles.  

Dominas el portugués, el inglés y el francés. ¿Qué le ha aportado cada uno de esos idiomas a tu sensibilidad como escritora?

Mundo. Conocer el mundo desde la perspectiva de quien habla, quien escribe, quien cuenta. No es igual leer a Baudelaire en español que en francés o a Thoreau si no es en inglés. También me ha abierto las puertas laborales, pues he tenido oportunidades de trabajo que se han derivado del conocimiento de estas lenguas.

Tradujiste al inglés La rana soñadora, de Ricardo León de las Salas. ¿Cuál ha sido el mayor desafío al trasladar la belleza de un texto literario de una lengua a otra?

Traducir a Ricardo León de las Salas, en este texto infantil fue una alegría. Lo hice para que su obra llegue más allá de estas fronteras, pues bien vale la pena. El mayor desafío en cualquier traducción está en conservar la intención del autor y conservar su estilo en otro idioma.

¿Existe una palabra, una imagen o un símbolo que aparezca con frecuencia en tu poesía y que, de alguna manera, te defina como autora?

El amor. Aunque sé que para muchos es un tema pasado de moda y que ya en esta época no debería cantársele con tanto ahínco. Sé también que nuca dejará de llenar mis espacios de textos puesto que he tenido la dicha de sentirlo a montones. Podrá parecerle cursi a algunos, pero sin duda, es lo que ocupa mi mente en todos los momentos de la vida y en todas sus manifestaciones.

Cartagena es una ciudad profundamente literaria. ¿Cómo ha influido tu ciudad natal en tu imaginario creativo y en tu escritura?

En nuestra casa siempre fuimos visitados por diversos escritores. Recuerdo que aquí pasaron algunos días de vacaciones, como Alfonso Bonilla Naar (cuando escribió desde aquí su cuento infantil Lucero y yo), o a Javier Arango Ferrer. No olvido cuando una mañana de domingo llegó gritando a desayunar con nosotros: “¡Que viva el putas!”, cuando escribió Changó el gran putas”, Manuel Zapata Olivella. También tuve el privilegio de compartir aquí en la casa con Eduardo Carranza, muy amigo de mi padre, quien por cariño le decía ‘Eduardo Rascanza’… Cartagena una ciudad que inspira en todos sus rincones, en especial ese mar que atrae a seres tan maravillosos como ellos que vinieron en su procura a nuestra casa. Para mí, esta ciudad es de por sí un poema, solo resta vivirla con pasión para marcar tu vida. 

¿Qué autores colombianos y latinoamericanos han dejado una huella imborrable en tu formación literaria?

Depende del momento en que los he leído. No puedo negar que la poesía colombiana, con sus diversos autores han impactado mucho mi vida. Recuerdo a los piedracelistas, que llegaron a mí como Aurelio Arturo, en la adolescencia y con sus influencias externas. Leer Platero y yo, de Juan Ramón Jiménez, a Neruda en todos sus textos y a Huidobro, fue definitivo. Al igual que a León de Greiff, a Meira Delmar y a Silva.  Leer poesía en inglés, como E.E. Cummings, H. Thoreau, cuya vida me llegó a inspirar profundamente), Emily Dickinson, T.S. Elliot, W. Whitman y otros muchos. A Rimbaud en francés, Baudelaire y Verlaine… Bueno, y a medida que pasa el tiempo muchísimos otros que admiro y que leo con mucho respeto. Aunque siempre es un placer volver a leer a aquellos que tanto nos gustan.

¿Crees que la poesía sigue teniendo un lugar importante en una época dominada por la inmediatez de las redes sociales y la inteligencia artificial?

La poesía siempre será un canto para quienes gozan de un alma sensible y dispuesta a escuchar un lenguaje que, en su esencia, pretende conmover el espíritu humano desde la palabra. Puede modificarse, como todo, pero será la poesía la que finalmente prime en una nota de un amante a su amada o en los textos de quienes desean lanzar un grito sentido.

Si pudieras conversar durante una tarde con tres escritores, vivos o fallecidos, ¿a quiénes elegirías y qué les preguntarías?

Disfruté mucho una conversación larga y sentida con Meira Delmar, a quien me gustaría volver a escuchar. Hablaría con Raúl Gómez Jattín para decirle que encontrarlo en un ataúd y velarlo en la escuela de Bellas Artes (cuando yo era su directora), fue una oportunidad para resarcir la rabia que sentí cuando me quemó la espalda con un tinto. Le preguntaría a Neruda si no le dolió dejar abandonado a ese fruto de la vida que nació y vivió en su ausencia. Saber cómo el mar fue también su arrullo en la Isla Negra o cómo Matilde pudo inspirar sus poemas de amor. Me gustaría pedirle de regalo algunas caracolas de su bella colección, para integrarlos a la mía.

Después de tantos años escribiendo, enseñando y leyendo, ¿qué sueño literario te falta por cumplir?

Me gustaría publicar un poemario infantil, una novela corta para adolescentes, otros dos libros de poesía. Todos ya avanzados y con sueños propios de ver la luz.

¿Qué tipo de lecturas les recomendarías a los jóvenes que hoy comienzan a recorrer el apasionante camino de la literatura?

La que les guste leer, que disfruten los clásicos de la literatura universal porque su riqueza podrá maravillarlos a ellos también como ha cautivado a múltiples generaciones. Un libro como El Quijote de la Mancha o Cien años de soledad, siempre se pueden leer y disfrutar al máximo, no importa la edad ni la época.

Así como existen libros que forman al lector, ¿de qué tipo de autores o de obras consideras que deberían alejarse los jóvenes para no empobrecer su criterio estético y literario?

Hay mucha literatura banal y pobre en el mercado que aporta poco a la formación del individuo. Ante todo, les diría que fueran selectivos al escoger sus lecturas, pero si les nace leer x o y libro, que lo hagan. Finalmente, la lectura de un texto que les guste, los llevará a otro, sin duda.

Por: Fausto Pérez Villarreal-Especial para Noticias Coopercom