Durante décadas, el Cementerio Católico Calancala de Barranquilla ha sido el lugar de descanso de personas cuyos nombres y circunstancias de muerte quedaron atrapados en el anonimato. Ahora, ese mismo camposanto se ha convertido en uno de los escenarios de búsqueda de personas desaparecidas en el marco del conflicto armado.
La Unidad de Búsqueda de Personas dadas por Desaparecidas, UBPD, culminó una tercera fase de intervención en este cementerio, donde fueron recuperados 10 cuerpos que permanecían sepultados sin identificar. Con esta nueva jornada, ya son 33 cuerpos recuperados desde 2024 en diferentes áreas del camposanto.
El proceso busca establecer la identidad de estas personas y determinar si alguna corresponde a ciudadanos reportados como desaparecidos durante los años más críticos de la violencia en el país.
El contexto de esta búsqueda se remonta principalmente a la década de los noventa. Durante ese periodo, el río Magdalena se convirtió en una ruta por la que fueron arrastrados numerosos cuerpos en medio de la violencia generada por el conflicto armado. Algunos terminaron llegando a las orillas de Barranquilla y, al no poder establecerse quiénes eran, fueron trasladados al Cementerio Calancala para ser sepultados como personas no identificadas.
Con el paso de los años, esos restos quedaron bajo tierra mientras sus familias continuaban buscando respuestas sobre el paradero de sus seres queridos.
La primera intervención de la UBPD en Calancala comenzó en 2024. En el Área de Solemnidad fueron recuperados inicialmente tres cuerpos. Posteriormente, el trabajo se extendió hacia zonas cercanas del cementerio, donde fueron encontrados otros 13 cuerpos y, en una segunda intervención, siete más.
La tercera fase permitió recuperar otros 10, completando así las 33 personas recuperadas durante el proceso humanitario y forense.
Uno de los elementos que genera expectativa alrededor de esta última intervención es que cinco de los 10 cuerpos recuperados están relacionados con solicitudes de búsqueda activas ante la UBPD. Detrás de esos casos existen familias que llevan años intentando establecer qué ocurrió con sus seres queridos.
Alix Rocío Torres Penagos, investigadora integral de la UBPD en el Atlántico, explicó que las labores en el terreno tienen un propósito que va más allá de la recuperación de restos humanos. El objetivo, señaló, es avanzar hacia la identificación y contribuir a que las familias puedan ponerle nombre a una ausencia que en algunos casos lleva décadas.
Para los familiares buscadores, el proceso también representa una forma de acompañar directamente las labores. Durante esta tercera fase, varias familias estuvieron presentes en el cementerio y participaron en las jornadas desarrolladas en el lugar.
La búsqueda contó además con el acompañamiento de organizaciones de víctimas como la Asociación de Familias Unidas por un Solo Dolor, AFUSODO, y el Movimiento Nacional de Víctimas de Crímenes de Estado, MOVICE. Estas organizaciones han contribuido a recopilar información y a acompañar a quienes continúan buscando a sus familiares desaparecidos.
El trabajo también incluyó actividades de socialización con habitantes de los alrededores del cementerio. Servidores y contratistas de la UBPD explicaron a la comunidad el mandato de la entidad y recibieron nuevas solicitudes de búsqueda de personas desaparecidas.
La recuperación de los cuerpos fue posible mediante un trabajo articulado con el Instituto Nacional de Medicina Legal y Ciencias Forensesy la administración del Cementerio Católico Calancala. A este proceso se sumaron la Arquidiócesis de Barranquilla, la Alcaldía Distrital y la Cruz Roja Colombiana, seccional Atlántico.
Ahora, los 10 cuerpos recuperados durante esta última intervención deberán avanzar por las diferentes etapas de análisis forense. Los procedimientos permitirán obtener información que pueda contribuir a establecer identidades y, posteriormente, contrastarlas con los registros de personas desaparecidas.
La labor forma parte del Plan Regional de Búsqueda Atlántico–Río Magdalena, que comprende 18 municipios del Atlántico y nueve del Magdalena. Desde este escenario, la UBPD continúa recopilando información, acompañando a las familias y articulando esfuerzos con instituciones y organizaciones de víctimas.
En Calancala, tres fases de intervención han permitido sacar del anonimato a 33 personas. Ahora comienza una nueva etapa para determinar quiénes fueron, reconstruir parte de sus historias y avanzar, cuando la identificación sea posible, hacia el reencuentro de sus restos con las familias que durante años han esperado una respuesta.
Redacción: Alejandro Sandoval
