Sobre Alma Rosa Terán, el reconocido poeta y narrador José Luis Hereyra asevera que es una escritora con una poderosa versatilidad que le permite expresarse tanto en poesía como en narrativa. “Ella ha logrado algo poco común en las letras latinoamericanas: crear el género novela, pero dirigida a un público infantil”.

Por otro lado, Alma, en sus textos narrativos o en prosa, alcanza una loable economía de lenguaje que esgrime en su fondo una elegante profundidad filosófica.
Las razones anteriores nos permiten situar la obra literaria de Alma Rosa Terán en un plano muy destacado, no solo en la literatura producida por mujeres en Colombia, sino en el territorio literario de su generación en general.
Conocí a Alma Rosa Terán Tirado en octubre de 2022, durante la séptima edición de la feria ‘Un Río de Libros’ de Montería. A ese encuentro cultural —organizado con esmero y eficacia por el periodista Carlos Marín Calderín— asistí como invitado para presentar mi libro ‘15 voces que escriben’ (Santa Bárbara, 2018) ante los estudiantes de la Institución Educativa Cecilia de Lleras, en un espacio distinto de la programación general del certamen.
En otra jornada de la feria, y en un escenario diferente, Alma irrumpió en la plazoleta principal del centro comercial Alamedas de la capital de Córdoba, acompañada del colectivo ‘Las Oscuras Golondrinas’, una constelación de ocho voces femeninas —poetas y narradoras oriundas de Córdoba y Sucre—: Carmen Victoria Muñoz Morales; Carmen Cecilia Morales, Angélica María Sierra Franco, hija de mi inolvidable amigo Julio Sierra Domínguez; mi entrañable amiga Lina Wadnipar; Irene Tapia; Catalina Pérez; Carmen Alicia Pérez y, por supuesto, Alma Rosa Terán, eje y latido de aquel vuelo literario.
A ese recital asistí como oyente, en compañía de mi tío Miguel Ramón Villarreal Atencio, docente, cantante, compositor, guitarrista y fino narrador y poeta. Aún conservo nítidos algunos pasajes: Carmen Cecilia leyó un texto erótico, lúdico y audaz; Lina cautivó a la concurrencia con unos versos dedicados al cuidado del medio ambiente y del río; y Angélica María nos condujo a una reflexión sobre la fauna, a través de un poema que indagaba en las lecciones del mundo animal.
Pero fue Alma Rosa quien dejó una marca indeleble con su poema social ‘Libro y lápiz’. Recuerdo el inicio, contundente y luminoso: “Yo trabajo en las aulas, arrancándole niños a la guerra…”. Supe después que ese texto había sido distinguido en 2014, en Argentina, en el IV Concurso de Poesía, reconocimiento que confirmaba el peso ético y estético de su escritura.
Alma volvió a evocarme aquel instante hace poco (enero de 2026), cuando nos reencontramos en Sincelejo, durante un almuerzo ofrecido por el extraordinario poeta y narrador José Luis Herrera, en su casa.
Al final de aquella presentación en Montería —me recordó— le comenté, llevado por el asombro y la alegría: “Me divertí con la sesión; sentí que estaba frente a un concierto de la Fania, con tantas estrellas”. Y hoy, al volver sobre esa escena, confirmo la certeza de esa imagen: aquella tarde-noche fue un coro de voces diversas y necesarias, un vuelo colectivo que aún resuena en la memoria como música hecha de palabras.

Esa voz no surgió de la nada. Alma Rosa Terán Tirado nació el 30 de enero de 1969 en Sincé (Sucre), donde cursó la primaria y la secundaria en el colegio Antonia Santos. Se formó como Licenciada en Español y Literatura, es Especialista en Gerencia Educativa con énfasis en Gestión de Proyectos, y Magíster en Escritura Creativa y Literatura Española y Latinoamericana de la Universidad de La Rioja. Hoy ejerce como docente en la Institución Educativa José Ignacio López, en la ciudad de Sincelejo, confirmando en el aula aquello que su poesía proclama.
Su obra publicada da cuenta de un recorrido coherente y persistente. El 3 de mayo de 2012 apareció su poemario De las cosas y tú; en julio de 2016, el libro de minificción Realidades y ficciones. En 2022, su novela infantil Pedro y Luna en el universo de los dos soles ganó convocatoria para ser editada y difundida en Buenos Aires (Argentina), por la Editorial Dunken. Ese libro —de 62 páginas, dividido en 16 capítulos breves e ilustrado por Andreina Terán Meza, su sobrina— lo disfruté en una mañana, como quien vuelve a creer que la literatura aún puede ser un refugio luminoso para la infancia.
Alma Rosa también ha dejado su huella en diversas antologías: Versos en el aire (Madrid, España), Ellas escriben en el Caribe colombiano, Cuatro narradores del Caribe, Versos frente al mar y Cuentos para iluminar la noche, títulos que amplían el mapa de su escritura y la inscriben en un coro plural de voces.
Actualmente, vive en Sincelejo, coordina por Sucre el Parlamento Internacional de Escritores, dirige la revista literaria Libro y lápiz y el periódico institucional Horizonte estudiantil. Desde allí, entre libros, aulas y proyectos culturales, sigue cumpliendo la promesa de aquel poema que la reveló: usar la palabra como escudo, el lápiz como arma simbólica y la literatura como acto de salvación.
Alma Rosa Terán Tirado es una voz que no canta sola, sino que convoca, reúne y fortalece los corazones de infantes y jóvenes; una escritora que, libro en mano, sigue arrancándole niños a la guerra y devolviéndolos —intactos— al territorio sagrado de la palabra.
Con esa trayectoria tejida entre el aula, el territorio y la palabra, Alma Rosa Terán Tirado nos abre ahora las puertas de su mundo interior para conversar sobre la escritura como vocación, fortaleza y acto de luz:
Tu poesía parece nacer de una ética del aula y del territorio. ¿En qué momento comprendiste que enseñar y escribir no eran oficios separados, sino una misma forma de fortaleza ante las adversidades futuras?
Lo supe cuando comencé a desempeñarme como maestra y me vi en la necesidad de expresarme sobre mi quehacer pedagógico, porque este comenzó a ser parte de mi sentir: los niños; sus necesidades, sus sueños, y yo en ellos.
Naciste en Sincé y hoy vives en Sincelejo. ¿Cómo dialogan esos paisajes —humanos, culturales, afectivos— con tu imaginario literario?
La Sabana tiene el mismo aire, el mismo verdor; no obstante, hay imágenes, sonidos, olores, sabores …que asocio particularmente con Sincé, con mi niñez, así lo expreso en mi poema Desde mi útero esencial:
“La casa de Papá era un lienzo en el tiempo / Un verso de aromas, sabores, silencios y voces /…el canto de los pájaros / El castañeo del viento entre las hojas del guayacán… / La casa impregnó nuestra infancia de aromas y sonidos… / Era el lugar apacible del antes y el después…”.
De las cosas y tú inaugura tu obra publicada en 2012. ¿Qué buscabas decir entonces y qué crees que aún sigue latiendo de ese libro en tu escritura actual?
La soledad, vista como algo inherente al ser humano; algo ineludible de nuestra existencia. Pero también el arte como una forma de abrazarla y de abrazarnos entre nosotros, como una ventana abierta a nuestro devenir esencial. También persiste la magia, la fe como algo que sostiene la esperanza.
En Realidades y ficciones optas por la minificción, un género de precisión extrema. ¿Qué te seduce de la brevedad y del silencio que la rodea?
El sentido crítico permite leer entre líneas y este ejercicio favorece interpretar los silencios y usarlos en la escritura para expresar nuestra cosmovisión. Siempre he pensado que el escritor expresa con lo que dice y con lo que calla: El microcuento ‘Desarraigo’, por ejemplo, presenta uno de los temas más dolorosos de nuestra historia cercana. Un adulto pretende describir el sentimiento que podría invadir el corazón de un niño en su desplazamiento: La niña se despertó azarosa y corrió. En vez de hierba sus pies encontraron el pavimento que le recordó el miedo, la tragedia, la huida, la desolación… Y no hubo espacio para todo aquello en el pequeño corazón de la niña.
Pedro y luna en el universo de los dos soles es una obra que se dirige a la infancia. ¿Qué responsabilidades —éticas y estéticas— asumes al escribir para lectores jóvenes?
Al escribir para niños y jóvenes apelo a verdades y principios universales, sin que el lector sienta que está perdiendo su libertad de pensar, inferir, crear y recrear otros mundos. La familia, el respeto, la percepción del otro como un ser único y necesario, al asumir la vida como una orquesta en la que cada instrumento es necesario para la armonía. Estéticamente, es fundamental incentivar la imaginación. Siempre. Empleando cada elemento narrativo y distintas formas discursivas con calidad y sencillez, al tiempo.
Ese libro fue editado y difundido en Buenos Aires. ¿Qué significado tuvo para ti que una historia nacida en el Caribe colombiano encontrara eco en otro país y otra cultura?
No creí que Pedro y Luna en el universo de los dos soles tuviera el impacto que ha tenido en otros países. Paradójicamente, en un país como Argentina, que ha sufrido los golpes de varios dictadores hasta llegar a prohibir la literatura infantil por “exceso de imaginación”, los niños requieren de cuentos de hadas modernos, como Pedro y Luna, que les permitan soñar con los pies sobre la tierra.
Tu formación académica es amplia y rigurosa: licenciatura, especialización y una maestría en Escritura Creativa y Literatura Española y Latinoamericana. ¿Cómo equilibras la disciplina académica con la intuición poética?
No es difícil. Siempre me ha apasionado la literatura, y la poesía para mí es una necesidad que me llama, me toca; incluso, me despierta cuando quiere incorporarse.
¿Qué autores o tradiciones literarias han sido decisivos en tu formación como escritora y cuáles sigues visitando como quien regresa a una casa amiga?
Después de la muerte de mi papá, cuando yo tenía 6 años, fuimos cayendo en la escasez. Eran limitaciones que nuestra mamá nos ayudaba a sortear con mucha esperanza. Recuerdo que no había dinero para ropa, ni para juguetes, pero sí para libros. Recuerdo los libros de poemas de Rabindranath Tagore y Gabriela Mistral. El alférez real, fue la primera novela que leí, y, a escondidas, Cumbres borrascosas. Teníamos en el viejo estante los libros de cuentos de El Siglo de Oro de la literatura infantil y el Pequeño Larousse.
Libro y lápiz es un poema que ha marcado a muchos lectores. ¿Cómo nació ese texto y qué te reveló sobre ti misma como autora?
Por un lado, reafirmó mi vocación como maestra; por otro, evidenció el egoísmo de muchas de las personas que nos gobiernan. En una ocasión traté de publicar los trabajos de los niños de mi Club de Lectores y no tuve ayuda. Para mí era como presentar un milagro, para ellos no significaba nada. Un día, ante la falta de recursos que me impedía visibilizar el trabajo de los niños, escribí Libro y Lápiz un poema de amor y fortaleza.
En ese poema afirmas: “Yo trabajo en las aulas, arrancándole niños a la guerra”. ¿Crees que la literatura aún tiene hoy la capacidad real de transformar destinos?
Por supuesto. Ojalá todos los maestros comprendiéramos el valor de los libros.
Has participado en diversas antologías colectivas. ¿Qué te aporta la escritura compartida frente al ejercicio solitario de la creación?
La diversidad de voces es algo atractivo para el público, creo que por esto las editoriales optan por los trabajos colectivos. En cuanto a mí, como escritora, me parece placentero interactuar con otros escritores, otros estilos, otras cosmovisiones.
Diriges la revista Libro y lápiz y el periódico Horizonte estudiantil. ¿Cómo concibes la gestión cultural en un país donde leer sigue siendo, para muchos, un acto excepcional?
Es un reto como padres y maestros enamorar a un niño de la lectura, pero es absolutamente necesario si se desea tener adultos autónomos, críticos y humanos.
Como coordinadora del Parlamento Internacional de Escritores en Sucre, ¿qué papel crees que deben asumir hoy los escritores frente a la violencia, la desmemoria y la desigualdad?
Como coordinadora del Parlamento Internacional de Escritores, he asumido la responsabilidad de mostrar las nuevas voces de la literatura sucreña; jóvenes que abordan la realidad con su propio estilo y desde diferentes ópticas. En cuanto a la visión política y social, reitero que todo autor tiene un compromiso, con lo que dice y con lo que calla.
Tu obra transita la poesía, la narrativa breve y la literatura infantil. ¿Es una búsqueda consciente de diversidad o una necesidad expresiva que se impone sola?
Es una necesidad. De hecho, en la novela Pedro y luna en el universo de los dos soles inserto cuentos, poemas, retahílas… como recursos narrativos para llegar a ese público.
Cuando escribes, ¿piensas primero en el lector o en la urgencia interior del texto?
La poesía no da espacio para pensar, fluye. Las historias, en cambio, comienzan a dar vueltas en la mente, van tomando forma los personajes, las acciones, las voces, hasta hallar el tono preciso. Nunca he podido dejar un poema inconcluso para terminarlo después. El poema, para mí, es un instante. La narrativa es diferente, puedes tardarte lo que quieras, el relato te espera.
Desde tu experiencia como docente y escritora, ¿qué libros, autores o tradiciones consideras esenciales para despertar en los jóvenes el amor por la lectura y el pensamiento crítico?
La lectura siempre da buenos frutos, de ahí que André Maurois considere que “la lectura de un buen libro es un diálogo incesante en que el libro habla y el alma responde”. En mi quehacer pedagógico incluyo autores clásicos y contemporáneos. Los principales autores clásicos: Los Hermanos Grimm, Hans Christian Andersen y Charles Perrault;Robert Louis Stevenson y Julio Verne. También incluyo diálogos intergeneracionales en los que un anciano de la comunidad llega al aula a contar historias, puesto que algunos no cuentan con la figura de los abuelos.
En contraste, ¿qué tipo de lecturas crees que empobrecen la sensibilidad, adormecen la imaginación o trivializan el acto de leer, y por qué conviene acercarse a ellas con cautela?
No existe una lista de libros específicos que adormilen o atrofien la imaginación; de hecho, la lectura suele considerarse una actividad protectora y estimulante para el desarrollo cognitivo. Sin embargo, críticos y especialistas en desarrollo infantil advierten sobre ciertos tipos de literatura o contenidos que pueden ser limitantes o contraproducentes, por ejemplo, los textos bajo intención del “didactismo”, diseñados exclusivamente para “enseñar una lección”; los libros con roles de género muy marcados; o los libros de baja calidad lingüística, con tramas muy simples. Sin embargo, el mayor riesgo actual para el desarrollo cognitivo infantil no son los libros impresos, sino la sobrecarga cognitiva derivada del uso excesivo de pantallas y dispositivos digitales.
¿Qué lugar ocupa hoy la literatura latinoamericana contemporánea en tu biblioteca personal y en tus prácticas de aula?
En mi biblioteca hay de todo, en el aula soy más rigurosa para la escogencia; esto no significa que siempre me ciña al canon.
¿Qué desafíos enfrenta una escritora del Caribe colombiano al intentar dialogar con los grandes circuitos editoriales sin perder su voz ni su raíz?
Son muchos los retos. Las redes sociales y las autoediciones dificultan el trabajo de la crítica, y, por ende, el trabajo editorial; pero el tiempo es el mejor cedazo, lo esencial prevalece. Yo escribo sin prisa.
Si tuvieras que definir tu escritura en una imagen —como hiciste alguna vez con el lápiz convertido en arma simbólica—, ¿cuál sería hoy esa metáfora que te representa?
El lápiz sigue siendo mi arma. Ante la tristeza, la indignación, la injusticia y demás ataques que puede percibir un corazón despierto.
