La tarde del viernes, el bullicio cotidiano del barrio Carrizal, en el sur de Barranquilla, fue interrumpido por el estruendo seco de varios disparos. Eran cerca de las tres cuando Edwin Enrique Rodríguez De La Hoz, de 28 años, irrumpió desesperado en el billar 7 de Agosto, buscando refugio. Huía de dos hombres que lo seguían de cerca a bordo de una motocicleta negra, marca Bóxer.
Uno de los perseguidores, según testigos, vestía suéter rojo y bermuda de jean y, al notar que Edwin cruzó la puerta del establecimiento, los sicarios no dudaron en seguirlo.
Dentro del local, rodeado de mesas de billar y clientes desprevenidos, Rodríguez fue alcanzado. Un disparo certero en el rostro le arrancó la vida.
Pero la violencia no terminó ahí. En medio del caos, una bala perdida alcanzó a otro hombre que se encontraba en el lugar, identificado como Henio José Herrera Sanabria. El proyectil le impactó en el hombro izquierdo. Aún herido, pudo ser auxiliado y trasladado junto a Edwin al Camino Murillo, donde finalmente se confirmó la muerte de Rodríguez De La Hoz.
La Policía Metropolitana de Barranquilla informó que Edwin Rodríguez tenía antecedentes judiciales registrados en el Sistema Penal Oral Acusatorio, uno por tráfico o porte de estupefacientes y otro por hurto. Sin embargo, aún no se ha confirmado si estos hechos están relacionados con su asesinato.
El barrio Carrizal volvió a vivir una escena que, lamentablemente, se ha hecho frecuente en algunos sectores de la ciudad, causada por la violencia repentina, los disparos que siembran miedo y el lamento de una comunidad cansada del crimen que se disfraza de rutina.
Mientras Henio se recupera de su herida y los investigadores recogen testimonios y evidencias, los habitantes del sector se preguntan cuándo dejarán de ser testigos involuntarios de esta guerra sin cuartel.
Redacción: judiciales
