domingo, junio 21, 2026 10:30 pm

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Aurora Montes, cuando las palabras suben al cuadrilátero

por Redacción: Noticias Coopercom

Llegué a Aurora Elena Montes Rebollo en las postrimerías de 2025, guiado por la lectura de su espléndido relato ‘Desde la esquina’, incluido en ‘Cuentos para leer a cualquier hora’, una antología que reúne 22 cuentos de 11 autores contemporáneos nacidos en el departamento del Cesar.

Fue un encuentro tardío, pero decisivo, de esos que dejan la sensación de haber llegado a tiempo a una voz que ya venía diciendo cosas importantes.

‘Desde la esquina’ está narrado en primera persona y gira en torno a una noche cargada de memoria y fervor colectivo: aquella en la que el notable campeón e ídolo de Colombia, Miguel ‘Happy’ Lora Escudero, expuso por séptima vez el fajón que lo acreditaba como monarca de las 118 libras, avalado por el CMB. Su rival fue el norteamericano Albert Dávila. El combate se celebró el 1.º de agosto de 1988, en el Fórum de Inglewood (California, Estados Unidos). Ni la fecha exacta ni el escenario son mencionados por la autora, pero esa omisión —lejos de restarle fuerza— le concede al texto una atmósfera íntima, casi doméstica, en la que lo importante no es el dato sino la emoción compartida.

Desde la primera línea, Aurora atrapa al lector:

“Era una noche cálida de agosto, las brisas del veranillo de San Juan se habían ido. Solo quedaba ese calor sofocante y pegajoso, martillado por las aspas del ventilador. La casa era un barullo, mamá servía la cena con afán, mientras papá organizaba las sillas alrededor del pequeño y único televisor, esperando que llegaran los vecinos a ver la séptima defensa por el título gallo del Consejo Mundial de Boxeo de Miguel ‘Happy’ Lora…”.

Es un texto luminoso en su totalidad, afianzado por la lucidez y la destreza del cronista, capaz de recrear un combate pugilístico no desde el cuadrilátero, sino desde la sala de una casa, desde el rumor del barrio, desde la respiración colectiva de un país. En esa prosa resuenan, sin imitación ni estridencias, ecos de consagrados cronistas del boxeo y la emoción popular: Ernesto Cherquis Bialo, Carlos Irusta, Fabio Poveda Márquez, Alberto Salcedo Ramos, Jaime De la Hoz Simanca. Aurora no los copia: abreva de esa tradición y la hace suya.

Esa pequeña joya narrativa fue reconocida en 2019, cuando obtuvo, con sobrados méritos, el XII Concurso de Cuento Corto organizado por la Corporación Biblioteca Carrillo Lúquez de Valledupar.

Al despuntar 2026, volví a encontrarme con su escritura a través de otro relato: ‘Esas pequeñas cosas’, incluido en ‘Los once de Calibán II’, antología que reúne textos de once escritores y que me fue obsequiada por el narrador Guillermo Tedio. Bastó una frase para confirmar la impresión inicial:

“Enciende un cigarrillo y aspira lentamente, observa con odio el nombre labrado en la lápida…”

Descripción pura. Precisión emocional. Economía expresiva. Allí confirmé que estaba frente a una narradora de altos quilates, dueña de una mirada que sabe detenerse en los gestos mínimos para revelar las íntimas tensiones del alma.

Aurora Elena Montes Rebollo nació en Valledupar, departamento del Cesar, el 27 de agosto de 1971. Su infancia y adolescencia transcurrieron en Agustín Codazzi, a los pies de la serranía del Perijá, un territorio decisivo en la configuración de su sensibilidad literaria. Sus padres, oriundos de las sabanas de Córdoba y Sucre, llegaron al Cesar en tiempos de la bonanza algodonera, llevando consigo la tradición oral y el amor por la lectura que marcarían su formación temprana.

Psicóloga de la Universidad Nacional Abierta y a Distancia (UNAD), se ha desempeñado como orientadora escolar en una institución educativa pública de Valledupar, labor que articula con su trabajo como gestora cultural y promotora de lectura. Lectora precoz —nutrida por libros de aventuras, cómics alquilados y relatos orales escuchados en casa—, creció también entre veladas familiares marcadas por el boxeo, deporte que en su infancia y adolescencia ocupó un lugar central en la vida nacional y que más tarde se convertiría en una poderosa materia narrativa. Comenzó a escribir cuentos siendo aún una niña, golpeando las teclas de una vieja máquina de escribir; sin embargo, fue en 2013 cuando asumió la escritura con rigor y disciplina, convirtiéndola en un oficio consciente. Tenía 42 años.

Su obra narrativa ha sido incluida en diversas antologías regionales y nacionales, entre ellas ‘Cuentos de esta ciudad infinita’, ‘Cuentos Felinos’, ‘Los once de Calibán II’, la aludida ‘Cuentos para leer a cualquier hora’ y publicaciones del taller Relata, adscrito al Ministerio de las Culturas, las Artes y los Saberes.

En su escritura confluyen la memoria doméstica, la cultura popular —con el boxeo como rito colectivo y metáfora de la tenacidad— y una prosa sobria que privilegia la tensión emocional y la mirada íntima, confirmando a Aurora Montes Rebollo como una narradora de pulso templado y madurez expresiva.

Seguidamente, la conversación con Aurora Montes que nos permite entrar en su mundo creativo y escuchar, de primera mano, la voz que habita detrás de sus palabras.

¿Cómo ha dialogado el departamento del Cesar —Valledupar como territorio de nacimiento y formación— con la herencia cultural de las sabanas de Córdoba y Sucre que te legaron tus padres, y de qué manera ese cruce de geografías y memorias atraviesa tu escritura?

Yo nací en Sincelejo, llegué muy niña al Cesar y aquí me registraron, mis recuerdos de infancia y adolescencia son de acá.  La cultura sabanera siempre se sintió en la casa, en la comida y la música; además a estas tierras llegó mucha gente de Córdoba y Sucre, vinieron a trabajar en los cultivos de algodón, también en los de marihuana (esto fue a finales de los setenta y comienzos de los ochenta) Los músicos del acordeón recorrieron la sabana y allá se creó una versión particular del vallenato. De tal manera que las historias se mezclan y dan material para otras nuevas. Muchos de mis escenarios son del Cesar, recuerdos de infancia, muchas voces que se guardaron en mi memoria, entre ellos, aparece el acento de tambor de la sabana.

¿En qué momento sentiste, con plena conciencia, que la escritura no era un pasatiempo sino un destino?

Desde que decidí asistir a un taller de escritura creativa.  Antes de eso yo escribía y abandonaba, pasaba mucho tiempo y volvía a escribir, era una relación de amor furtivo con la escritura. Al asistir con regularidad al taller, me obligaba de alguna manera a tener material para compartir cada sábado, perdí el miedo a leer mis textos, aprendí a recibir la crítica sin renunciar, a escuchar elogios no como una forma de validación sino para entender que la escritura siempre iba a estar ahí.

¿Cuáles fueron las primeras lecturas que sembraron en ti el deseo de escribir y de mirar el mundo desde la palabra?

La tradición oral de mi madre con sus historias por las noches eran un solaz, pero fue la lectura de La Isla del Tesoro la que me llenó de asombro, esos hombres arrastrados por la codicia y la violencia, la descripción de la vida en el mar, la construcción de esos personajes inolvidables produjo en mí el deseo oculto por querer hacer algo parecido, luego vinieron las Narraciones Extraordinarias de Edgar Allan Poe, Rulfo, García Márquez, Cortazar. Luego llegaron las mujeres, Munro, Marvel Moreno, Lucía Berlín, Pilar Quintana, ese fue otro descubrimiento, detenerme en los detalles.

Tu obra dialoga con la intimidad y con lo social: ¿cómo logras ese equilibrio entre lo personal y lo colectivo?

Lo colectivo se alimenta de lo personal, porque desde allí se forman las máscaras para enfrentarnos a los otros. En lo cotidiano hay cientos de historias, las minucias de la vida familiar, las manías, los odios fraternos, la complejidad de la convivencia te lleva a guerras y armisticios. Una acción lleva a buscar el por qué y eso casi siempre te transporta a la infancia, la primera casa. Lo personal y lo colectivo siempre está conectado.

¿Qué temas regresan de manera insistente en tus libros y por qué sientes que te eligen una y otra vez?

Las voces femeninas, por que han sido silenciadas por tanto tiempo, porque aún tenemos vedas en el territorio, porque estamos sujetas permanentemente al escrutinio. También está la infancia, la violencia silenciosa, la mayor parte del dolor tiene su origen en la infancia. Soy psicóloga, eso explica que algunos temas vuelvan.

¿Cómo describirías la evolución de tu voz literaria desde tus primeros textos hasta los más recientes?

Los temas no han cambiado mucho, pero si la forma de abordarlos, he aprendido que la calma y la revisión es mejor que la emoción momentánea, soy ahora más exigente, busco la palabra con más cuidado.

¿Qué papel juegan la memoria y la experiencia vital en tu proceso creativo?

La memoria lo es todo, incluso con alguna historia muy de hoy siempre hay que volver atrás, el recuerdo permite crear atmósferas, con olores, con gestos. Lo que hemos vivido, experimentado, va acumulando, llenando ese baúl de información que al momento de escribir está allí para echarle mano.

Cuando escribes, ¿piensas primero en la forma, en el lenguaje, o en la emoción que deseas provocar en el lector?

No lo sé, en ocasiones aparece sólo un personaje, a partir de ahí voy construyendo acciones alrededor de este personaje, en otras ocasiones es una acción la que aparece, entonces tengo que inventar a quien le ocurre eso, en otros casos puede ser una sensación, una emoción desde la cual voy a imaginar, de todas maneras deben estar las tres: forma, lenguaje y forma.

¿Qué libro tuyo sientes que te representa mejor en este momento de tu vida y por qué?

Bueno, mis cuentos han aparecido siempre en antologías, no tengo un libro completo mío editado, tendríamos que hablar de cuentos. 

¿Cómo enfrentas el silencio, la duda o el bloqueo creativo cuando aparecen en el camino?

Al bloqueo creativo prefiero darle espacio, dejo la escritura a un lado por un tiempo para luego regresar, en ese tiempo de receso no estoy sin hacer nada, exploro otras formas de creación, leo mucha poesía porque me ayuda a crear un ambiente, a encontrar palabras, a que me lleguen imágenes.

¿Qué autores o tradiciones literarias sientes más cercanos a tu sensibilidad estética?

Como siempre he escrito cuento, las narraciones cortas me acercan a lo que yo quiero, Raymond Carver y su simpleza,  esa maestría para decir tanto a partir de poco, Munro y esa descripción de la desazón de  un mundo que se fue.

En un mundo vertiginoso y digital, ¿qué lugar crees que ocupa hoy la literatura y, en especial, la escritura reflexiva?

La literatura siempre ocupará un lugar importante, aunque no la tiene fácil, es una lucha contra un gigante tecnológico que está socavando la atención de las personas, aplicaciones como tik tok  con sus videos de corta duración terminan condicionando al cerebro a prestar atención sólo por poco tiempo, esto hace que leer un libro, novela cuento, represente un esfuerzo demasiado grande para muchos y lo dejen de lado. La literatura reflexiva, el ensayo, se hará cada vez menos, tal vez una estrategia será escribir corto, dejar a un lado los mamotretos y optar la economía de la palabra.

¿De qué manera tu entorno cultural y geográfico ha marcado tu manera de narrar o de decir el mundo?

Yo siempre he pensado que el Cesar y el Caribe en general tienen algo especial, el paisaje del bosque seco tropical, los cerros que bordean la ciudad, las calles de la parte vieja, el rumor del río, eso te llena de imágenes, te da una sensibilidad para interpretar lo que experimentas, lo que ves, estos días de enero me gustan mucho, producen en mí una sensación de plenitud, invitan a escribir y a leer. 

¿Qué responsabilidad crees que tiene un escritor frente a su tiempo y a su comunidad?

Bueno, lo de la responsabilidad no me gusta, porque pienso que el escritor sólo debe escribir y entregar su obra al público, a partir de allí los lectores deciden lo que les produce (ojalá les produzca algo). Su única responsabilidad debe ser un trabajo honesto, riguroso.

¿Cómo dialogan en tu obra la intuición y la disciplina?

Van de la mano, no existe la una sin la otra, la intuición pone en evidencia la sensibilidad, la imaginación, pero sin disciplina esa intuición se va al carajo junto con el proyecto. El tiempo que se dedica a escribir, la corrección debe ser rigurosa, de lo contrario la procrastinación será el lugar común.

¿Qué importancia le das a la reescritura y al trabajo minucioso del texto?

Le doy mucha importancia, escribir, guardar, leer, corregir, volver al ciclo una y otra vez es lo que permite identificar errores, lugar común, redacción farragosa.

¿Qué tipo de autores o libros recomiendas leer, especialmente a quienes desean formarse como escritores?

Hay que leer mucho y de todo. Con el tiempo nos volvemos selectivos, pero es necesario leer a muchos o muchas. En este momento de la historia se escribe y se publica muchísimo, miles de títulos inundan el mercado, en plataformas, pero creo que es necesario leer a ciertos autores que nos dan pistas de como crear atmósferas, como desarrollar diálogos, descripciones: Rulfo, Carver, Cortazar, Hemingway, oates, además de los nuestros.

¿De qué tipo de libros deberían huir los jóvenes lectores y por qué consideras que pueden empobrecer su sensibilidad o su pensamiento?

Esta es una pregunta difícil porque crear vetos a ciertos libros pueden dar el resultado contrario, a mí no me gustan los libros de autoayuda, pero si un joven quiere leerse uno que lo haga, ahora…si sólo quiere leer este tipo de libros pues su espectro será muy chiquito. 

¿Qué consejo le darías a quienes sienten el llamado de la escritura pero temen no estar a la altura?

No pensar que debe estar a la altura alguien, que lea muchísimo, muchas voces, hombres, mujeres, todos los géneros, comic. El cine te da perspectiva a la hora de escribir, ver películas, escribir un diario, escribir sobre lo que siente, piensa. Es probable que al final resulte que no estuvo a la “altura” pero no importa.

¿Qué proyectos literarios te acompañan ahora, aun cuando todavía estén en estado de germen o de silencio?

El proyecto es mi libro de cuentos y una novela, esta última en estado silencio.

¿Qué esperas que permanezca de tu obra cuando el tiempo haga su propio trabajo?

Sólo espero que haya gente que la lea.

Por: Fausto Pérez Villarreal – Especial para Noticias Coopercom.-