La aparición de un nuevo grupo delincuencial, identificado por las autoridades como La Nueva Generación del Freseo, ha encendido las alarmas en Barranquilla y su área metropolitana, justo cuando la ciudad atraviesa uno de los periodos más violentos de los últimos meses. P
ara el investigador y docente de la Universidad Libre, Alejandro Blanco, este fenómeno no es un hecho aislado, sino la consecuencia de un proceso de fragmentación criminal que venía gestándose desde hace semanas.
Según explicó el académico en diálogo con Noticias Coopercom, la circulación previa de panfletos firmados por organizaciones con distintos nombres ya anticipaba el surgimiento de nuevas estructuras ilegales. A su juicio, la llegada de otro actor al escenario criminal incrementa la disputa por las economías ilícitas, especialmente el microtráfico y la extorsión, lo que podría traducirse en un aumento de los homicidios y de las presiones contra comerciantes y ciudadanos.
Blanco señaló que Barranquilla lleva varios años siendo escenario de confrontaciones entre organizaciones delincuenciales que buscan controlar territorios estratégicos y las rentas ilegales. En ese contexto, la irrupción de una nueva estructura no hace más que elevar el nivel de competencia criminal. “Si antes dos grupos se disputaban un barrio, ahora pueden ser tres o cuatro. Eso inevitablemente incrementa la violencia”, explicó.
El investigador sostuvo que esta fragmentación estaría relacionada con la incertidumbre generada tras los acercamientos o intentos de negociación entre algunas estructuras criminales y el Estado. Según su análisis, cuando los mandos medios perciben inestabilidad dentro de sus organizaciones, comienzan a romper lealtades y crean nuevos grupos para mantener el control de las actividades ilegales. Esa dinámica, afirmó, ya se habría evidenciado en videos y panfletos donde presuntos delincuentes anuncian que dejaron de pertenecer a una organización para integrarse a otra.
Frente a este panorama, Blanco considera que la respuesta de las autoridades no puede limitarse únicamente al aumento de operativos policiales. Aunque reconoce la importancia de fortalecer la presencia de la Fuerza Pública, advierte que una estrategia basada exclusivamente en la “mano dura” tendría resultados limitados si no va acompañada de un sistema judicial sólido y de un sistema penitenciario capaz de responder a la captura de nuevos delincuentes.
“Se puede capturar a muchas personas, pero si la administración de justicia no funciona con rapidez o las cárceles siguen enfrentando problemas de hacinamiento y control, la violencia puede terminar reproduciéndose”, indicó.
El investigador también planteó que Barranquilla podría convertirse en uno de los primeros escenarios donde se implementen las políticas de seguridad anunciadas por el presidente electo Abelardo de la Espriella, teniendo en cuenta la cercanía política con las autoridades locales y el protagonismo que tuvo la ciudad durante la campaña presidencial. Incluso, no descartó que la capital del Atlántico sea utilizada como un “plan piloto” para nuevas estrategias de seguridad urbana, incluida la construcción de una de las megacárceles prometidas por el nuevo gobierno.
Mientras tanto, el académico insistió en que las autoridades deben anticiparse al crecimiento de estas nuevas estructuras criminales y reforzar, además de la capacidad operativa, las garantías de protección para la ciudadanía, en un momento en que la violencia continúa golpeando con fuerza a Barranquilla y su área metropolitana.
Redacción: Alejandro Sandoval
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