Barrio Abajo ya no solo se recorre, ahora se lee. Sus calles se han convertido en un lienzo donde la historia, la cultura y la identidad barranquillera se expresan a través de murales que transforman el paisaje urbano y resignifican el espacio público.
La apuesta nació desde la misma comunidad, cuando un grupo de jóvenes decidió cambiar la manera en que el sector era percibido. En lugar de resignarse al deterioro, comenzaron a imaginar un barrio que hablara por sí mismo, un museo vivo donde las paredes narraran lo que durante años se ha construido desde la tradición y la memoria colectiva.
Con el tiempo, la iniciativa encontró respaldo de la Administración distrital y de empresas privadas, lo que permitió avanzar en un proceso organizado por etapas. Primero se trabajó en la recuperación de calles y fachadas, y posteriormente se dio paso a las intervenciones artísticas que hoy marcan un nuevo rumbo para el sector.
Los murales no fueron elegidos al azar. A través del diálogo con los vecinos se identificaron las historias, oficios y manifestaciones culturales que definen a Barrio Abajo. De ese ejercicio surgieron once ejes temáticos que incluyen el carnaval, la música, la gastronomía, el béisbol, la arquitectura tradicional, la oralidad y la herencia afro, entre otros.
Cada obra cuenta con una señalización que permite conocer quién la realizó y qué representa. Mediante códigos QR, visitantes y residentes pueden acceder a la historia detrás de cada mural, reforzando la idea de que se trata de un patrimonio colectivo que debe ser protegido.
El proyecto, que avanza actualmente en su tercera fase, tiene como meta consolidar este corredor cultural antes del inicio del Carnaval de Barranquilla. La intención es que propios y visitantes encuentren en Barrio Abajo un espacio para caminar, descubrir y entender que su valor va mucho más allá de la fiesta, porque en sus muros late la historia viva de la ciudad.
Redacción: Alejandro Sandoval
Foto: cortesía
