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Cómo estar listo mentalmente para el partido de fútbol más importante

por Redacción: Noticias Coopercom

Una final de la Copa Mundial no sólo pone a prueba la capacidad técnica y táctica. La ocasión más importante del fútbol exige también un enfoque mental adecuado.

  • Gabriel Calderón nos introduce en la mente de un jugador de la final de un Mundial
  • Los jugadores responden de diferentes formas; el seleccionador ha de transmitir calma
  • “Argentina ya ha jugado cinco ‘finales’ en Catar”, subraya el subcampeón en 1990

“Había un desfile con modelos antes del partido. Traté de aislarme de la presión y decidí irme al borde del césped, en una esquina. Las modelos estaban desfilando y la música sonando. Yo estaba detrás de uno de los tambores, y estaba disfrutando del espectáculo. ¡Hasta tal punto que me olvidé de la hora de la charla pre-partido de Aimé Jacquet! Estuvieron buscándome por todas partes sin poder encontrarme”.

Afortunadamente para Lionnel Charbonnier, el protagonista de ese conocido recuerdo tan curioso, él solo era un guardameta suplente de Francia en la final de la Copa Mundial de la FIFA 1998. Aun así, su confesión sobre cómo se escondió de la presión es igualmente instructiva. Al fin y al cabo, la final de un Mundial es el partido de fútbol más importante, con cientos de millones de miradas fijadas en un puntito de nuestro planeta: el pequeño rectángulo verde de un campo de fútbol.

La presión que conlleva ese partido puede provocar hechos insospechados. Basta con pensar en Zinedine Zidane, un hombre para quien podría haberse inventado el término “sangre fría”, dando un cabezazo a Marco Materazzi durante la final de 2006 entre Francia e Italia. La antes mencionada final de 1998, por su parte, tuvo el caso de Ronaldo y sus convulsiones horas antes del partido; y O Fenômeno ha hablado sin tapujos desde entonces del reto que suponía lidiar con la presión de cargar con las esperanzas de Brasil sobre sus hombros, cuando apenas tenía 21 años entonces.

Por cierto, Charbonnier ha contado otro recuerdo previo a aquella final en el Stade de France: el de la imagen en el túnel del estadio, cuando vio a los jugadores de Brasil “casi pegados a la pared y mirándose los pies”, mientras que los franceses estaban “con la cabeza bien alta y la mirada dirigida hacia su destino. Ahí ya teníamos una ventaja psicológica”.

Noches sin dormir

Un hombre que ha vivido las exigencias únicas de una final mundialista es Gabriel Calderón, miembro de la selección de Argentina que quedó subcampeona en Italia’90.

Y así se lo cuenta a FIFA+: “Tras ganar la semifinal, no dormí bien ni una sola noche hasta la final. No podía dormir por estar pensando: ‘¿Ganaremos o no ganaremos?’ Tuve cinco o seis noches así, con la ansiedad de estar preguntándome por el resultado final”.

“Estábamos acostumbrados a oír que era otro partido más”, añade, pero precisa que eso era difícil de equiparar con la realidad de “80.000 personas [en el estadio] y cientos de millones viéndolo en cualquier otro lugar”.

Una visión de las diferentes respuestas ante este descomunal reto –y de cómo prepararse– nos la ofrece Dan Donachie, un entrenador de alto rendimiento que ha trabajado con ex futbolistas participantes en Mundiales; entre ellos Tim Cahill y Tim Howard.

“Me parece que no hay una sola forma de prepararse para este tipo de encuentros, porque cada persona es única. Hay jugadores que se iluminan de verdad en este tipo de partidos. La presión extra añade algo a su juego, y son capaces de soltarse y vivir el momento. Hay otros jugadores que se ponen tensos con la presión añadida y, cuando estás tenso, no estás completamente relajado y no rindes tan bien”, explica Donachie a FIFA+.

“Si tienes una conexión como equipo realmente buena y un compromiso juntos, eso ayuda al jugador que tiene problemas en este tipo de contexto. Y tener jugadores excepcionales como [Lionel] Messi y [Kylian] Mbappé te da una confianza adicional”, subraya.

Donachie, cuyo padre Willie jugó con Escocia en Argentina 1978, también menciona la importancia de los rituales de los jugadores, que proporcionan “un andamiaje psicológico”. Y observa: “Muchos jugadores empiezan a hacer cosas dos o tres días antes de un encuentro para prepararse mentalmente”.

En el caso de la Argentina de Calderón en 1990, esos rituales se tradujeron en que su viaje en autobús hacia la final contra la República Federal de Alemania contaba con las mismas melodías de siempre.

“En el bus hacia el campo teníamos puesta nuestra música. Todos escuchábamos la música que nos gustaba. Era un estado de felicidad, de calma, de emoción. Llegamos felices al estadio, sabiendo que íbamos a jugar la final, aunque tienes esa sensación en el estómago de no saber si lo harás bien al final o no”, matiza.

El papel del seleccionador 

Ya dentro del Stadio Olimpico de Roma, Calderón recuerda que la charla al equipo del seleccionador Carlos Bilardo fue inusualmente breve: “La charla que dio Bilardo fue de tres o cuatro minutos; la más corta que nos dio. No recuerdo las palabras exactas. Me sorprendió que fuese tan corta para un partido tan importante. Pero todo estaba ya dicho; los jugadores sabíamos lo que teníamos que hacer tácticamente”.

Donachie nos ofrece la siguiente reflexión sobre el papel del entrenador a la hora de generar el estado de ánimo adecuado: “¿Puede el seleccionador darte una sensación de propósito colectivo, y un sentimiento colectivo de que tienes una forma de ganar el encuentro? Eso también contribuye a una sensación de confianza interior”.

A lo largo de los años, todos los seleccionadores destacan la importancia de mantener a los jugadores relajados; y de mantener la calma y la firmeza.

Según cuenta Pierre Littbarski en el libro de Chris Evans ‘How to win the World Cup’ (“Cómo ganar la Copa Mundial”), el mensaje de Franz Beckenbauer a sus jugadores de la República Federal de Alemania antes de medirse a Argentina en 1990 fue así de sencillo: “Simplemente salid ahí y ganad el partido”. Y es que, como afirma en el mismo libro el seleccionador de Croacia, Zlatko Dalic: “Una vez que llegas a la final, no hay necesidad de ninguna motivación especial”.

A esas alturas, mantenerse fiel a lo que tiene una eficacia probada también ayuda: pensemos en cómo Alf Ramsey resistió la tentación de volver a sacar para la final de 1966, una vez recuperado, a su goleador más innato, Jimmy Greaves. En vez de eso, siguió confiando en Geoff Hurst, que había marcado el gol de la victoria en cuartos en ausencia de Greaves… y fue recompensado con el célebre triplete por parte del ariete.

Deschamps y Scaloni

En el caso de Francia en Catar 2022, Didier Deschamps ha logrado romper la tendencia de los vigentes campeones que se estrellan en la defensa de su título; un problema al que se refirió Carlos Alberto Parreira en su momento: “Tienes la historia a tu favor, pero en ese momento, durante la competición, te falta algo y echas de menos algo. Tal vez sea ese entusiasmo y esas ganas, que son muy difíciles de mantener”.

Es de justicia apuntar que Deschamps se ha beneficiado de incluir a jóvenes jugadores con talento pero inexpertos, al igual que en Rusia hace cuatro años.

En 2018, sus jugadores jóvenes no mostraron ningún miedo. “Despreocupación” fue una palabra que empleó el seleccionador de Francia en la Conferencia de Fútbol de la FIFA ese año, cuando también afirmó: “Se necesita un equilibrio adecuado de juventud que aporte frescura y entusiasmo y, al más alto nivel, también necesitas mucha experiencia”.

Y en una final más que nunca… Calderón, que en 1990 perdió contra la selección alemana, cree que Argentina tiene la combinación perfecta esta vez. Y en lugar de dar consejos, prefiere alabar a Lionel Scaloni y sus jugadores.

“El entrenador ha hecho un trabajo excelente en todos los sentidos: a nivel de grupo, con las tácticas y analizando el juego de los equipos contrarios”, resalta. “Los jugadores han mostrado una extraordinaria inteligencia táctica, y por eso están en la final”.

“Cualquier jugador que juega una final de un Mundial está acostumbrado a disputar partidos importantes; con su club y con su selección. Argentina, después de perder contra Arabia Saudí, ya ha jugado cinco ‘finales’. Eso fue peor, porque si pierdes [otro partido], te vas a casa. Esas ‘finales’ fueron más difíciles que esta”, concluye Calderón.