Antes de aquella mañana, los servicios de inteligencia estadounidenses ya tenían información sobre Al Qaeda y su líder, Osama bin Laden. La CIA incluso contaba con un equipo dedicado a seguir sus movimientos y buscar la manera de capturarlo. Sin embargo, las advertencias existentes no fueron suficientes para impedir los atentados.
Nueve días después de los ataques, el entonces presidente estadounidense George W. Bush anunció la llamada “guerra contra el terrorismo”. A partir de ese momento comenzó una profunda reorganización del aparato de seguridad e inteligencia de Estados Unidos, acompañada por operaciones militares, nuevas estrategias de vigilancia y una cooperación internacional mucho más estrecha.
Uno de los principales cambios fue la creación del Centro Nacional de Contraterrorismo, conocido como NCTC, y del cargo de director de Inteligencia Nacional, concebido para coordinar el intercambio de información entre las 18 agencias que integran la comunidad de inteligencia estadounidense.
La cooperación también se fortaleció con otros países. La relación entre la CIA y el MI6 británico se convirtió en uno de los principales canales de intercambio de inteligencia, mientras que la alianza conocida como Five Eyes, integrada por Estados Unidos, Reino Unido, Canadá, Australia y Nueva Zelanda, amplió la capacidad de sus integrantes para compartir información.
El balance de estos 25 años, sin embargo, no está marcado únicamente por éxitos. Hubo operaciones que permitieron desarticular atentados, capturar sospechosos y llevarlos ante la justicia, pero también graves errores de inteligencia y planificación.
Uno de los episodios más cuestionados ocurrió antes de la invasión de Irak en 2003. Información de inteligencia utilizada para justificar la intervención terminó siendo fuertemente cuestionada y provocó un profundo daño a la credibilidad de organismos como el MI6.
Así, un cuarto de siglo después del 11-S, la lucha contra el terrorismo dejó de depender únicamente de operaciones militares. La inteligencia, el intercambio de información entre países, la vigilancia y la capacidad para anticipar amenazas pasaron a ocupar un lugar central en las estrategias de seguridad.
El 11 de septiembre no solo quedó como la fecha del peor atentado terrorista sufrido por Estados Unidos. También se convirtió en el punto de partida de una transformación que todavía define buena parte de la política internacional de seguridad.
Redacción: judiciales
