A sus 51 años, Lorena Saray Barrios Lara asegura que su vida cambió por completo después de ser sometida a la amputación de sus cuatro extremidades durante un proceso médico. Hoy permanece varias horas sola en su vivienda, depende de sus hijos para realizar actividades básicas y espera que se cumplan las medidas ordenadas por la justicia.
Hay historias que no terminan cuando el paciente sale de una clínica. Para Lorena Saray Barrios Lara, de 51 años, lo ocurrido después de su atención médica se convirtió en una batalla que continúa todos los días, dentro de su propia casa.
La barranquillera fue diagnosticada en 2024 con un tumor cancerígeno y posteriormente recibió atención y tratamientos en la Clínica Bonadona, en el norte de Barranquilla. Según su relato, durante ese proceso los médicos determinaron que debían amputarle sus cuatro extremidades.
Pero Lorena no está de acuerdo con la explicación que, según asegura, recibió sobre las razones que llevaron a tomar esa decisión. Afirma que desde la institución le han manifestado que las amputaciones estuvieron relacionadas con el cáncer, mientras ella cuestiona esa versión porque sostiene que el tumor que le fue detectado continúa en el mismo lugar.
Su cuestionamiento también está relacionado con las condiciones en las que llegó al centro asistencial.
“Yo entré caminando a la clínica”, cuenta Lorena, quien asegura que llegó con una fiebre cercana a los 40 grados. Según su versión, solo tres meses después de las amputaciones se habría establecido que lo que padecía estaba relacionado con una bacteria.
A partir de entonces comenzó una nueva etapa de su vida, marcada no solamente por las consecuencias físicas de las amputaciones, sino también por la pérdida casi total de su autonomía.
Del cielo a la tierra
Lorena recuerda que antes era una mujer activa, dedicada a su hogar y a sus hijos. Podía desplazarse, atender sus asuntos cotidianos y tomar decisiones sin depender de otra persona.
Hoy la situación es completamente diferente.
“Hasta para ir al baño, hasta para tomar agua me toca depender de ellos”, relata.
Sus hijos son quienes la ayudan en buena parte de las actividades que necesita realizar, pero durante el día deben salir a estudiar. Lorena asegura que permanece sola aproximadamente desde las seis de la mañana hasta las seis de la tarde.
Por eso insiste en que necesita un cuidador que pueda permanecer pendiente de ella durante esas horas.
No se trata, según explica, de una comodidad, sino de una necesidad que quedó demostrada para ella en una situación que todavía recuerda con temor.
Hace aproximadamente un mes y medio, cuenta, se presentó un cortocircuito en su vivienda mientras se encontraba sola.
Sin poder movilizarse normalmente, tuvo que bajar de la cama como pudo y desplazarse utilizando sus rodillas hasta llegar a la puerta de la casa. Allí pidió ayuda a una vecina, quien posteriormente logró comunicarse con uno de sus hijos para que pudiera regresar.
Para Lorena, aquel episodio evidenció el riesgo que representa permanecer sola durante tantas horas.
Una silla de ruedas y transporte para poder salir de casa
El cuidador no es la única solicitud que la mujer asegura haber realizado.
También reclama el transporte necesario para asistir a sus citas médicas y una silla de ruedas eléctrica que, según explica, le permitiría recuperar parte de la independencia que perdió.
Su intención, dice, es poder desenvolverse por sí misma durante el mayor tiempo posible y reducir la dependencia de sus hijos.
En medio de estas solicitudes, su familia recurrió a la justicia.
El proceso aparece identificado con el radicado 080014189002-2026-00393-00, en el que Verónica Esther Molina Barrios figura como agente oficiosa de su madre, Lorena Saray Barrios Lara, contra Coosalud EPS y otros.
La disputa llegó incluso a un incidente de desacato.
En una providencia relacionada con el proceso, el Juzgado Segundo de Pequeñas Causas y Competencia Múltiple de Barranquilla determinó que Coosalud había incurrido en desacato frente al fallo de tutela del 8 de abril de 2026, al considerar que la entidad no había acreditado su cumplimiento cabal.
Como consecuencia, el juzgado impuso a la EPS una multa equivalente a siete salarios mínimos legales mensuales vigentes y estableció además una sanción de tres días de arresto para su representante legal, decisión que debía ser consultada ante el superior jerárquico.
El expediente demuestra así que el reclamo de la familia no se quedó únicamente en una solicitud ante la entidad promotora de salud, sino que llegó a los estrados judiciales y terminó con una decisión por desacato.
Lorena sigue esperando
Pese a ese recorrido judicial, Lorena asegura que la situación que vive en su casa todavía no está resuelta.
Cuenta que recientemente una funcionaria acudió a su vivienda para verificar si realmente necesitaba una cuidadora. Según el relato de Lorena, durante esa visita le habrían explicado que la entidad no contaría con un servicio de cuidador propiamente dicho y que la alternativa sería la atención de enfermería.
Por ahora, dice, continúa esperando, y mientras espera, enfrenta sola buena parte de las horas del día.
Su historia también deja abierta otra discusión. Las circunstancias médicas que llevaron a la amputación de sus cuatro extremidades. Lorena considera que pudo existir una presunta negligencia durante su atención y cuestiona que una bacteria, según su versión, haya sido identificada meses después de las amputaciones.
Esa afirmación deberá ser contrastada con la historia clínica, los conceptos médicos y la versión de las instituciones involucradas.
Lo que sí está documentado es que hoy existe una mujer que necesita asistencia permanente para actividades básicas y que reclama servicios que, según sostiene, todavía no ha recibido de manera efectiva.
Lorena no habla solamente de una silla de ruedas, de un cuidador o de transporte, habla de independencia, de volver a tener, aunque sea parcialmente, la posibilidad de hacer por sí misma aquello que durante años hizo sin pensar.
Su vida cambió “del cielo a la tierra”, como ella misma lo resume. Y ahora, después de haber enfrentado el cáncer, los procedimientos médicos y la pérdida de sus cuatro extremidades, su lucha continúa en un lugar mucho más íntimo. Su propia casa, donde cada día debe aprender nuevamente a vivir con una realidad que nunca imaginó.
