El central argentino es una de las figuras de la Selección Argentina en la Copa Mundial 2026. Sus intervenciones están siendo determinantes para el combinado dirigido por Lionel Scaloni.
Cristian Romero anotó el gol que inició la remontada argentina ante Egipto en los octavos de final
El “Cuti” fue partícipe de todos los títulos nacionales del ciclo de Lionel Scaloni
En la previa del encuentro de cuartos de final dialogó con los medios
Cristian Romero es el último eslabón de una larga tradición argentina de zagueros centrales. La dinastía albiceleste que cuenta con nombres resonantes como los de Daniel Passarella y Roberto Perfumo, entre otros, sumó al Cuti como su más reciente heredero. El zaguero cordobés de 28 años está redondeando una Copa Mundial excepcional gracias a su coraje, su valentía y su corazón. Ese espíritu lo consolidó como caudillo nacional y ante Egipto redondeó una de las mayores demostraciones de su carácter: con su equipo al borde de la eliminación, se instaló como nueve y marcó el descuento a once minutos del final.
“Son jugadas a las que te lleva el partido. Lo de ir de nueve fue un impulso, son jugadas a las que te lleva el partido cuando estás dos goles abajo. Son cosas que salen de nosotros, por ir perdiendo, porque no se nos daba. Me fui, quedó la pelota y sirvió para hacer el gol”, reconstruyó Romero en el entrenamiento previo al cruce de cuartos de final ante Suiza. “Si Scaloni me llega a ver de nuevo, me mata”, bromeó para cerrar su reflexión.
“Íbamos perdiendo 2-0 y por eso no le dije nada”, explicó entre risas Scaloni en la conferencia de prensa. “Hay veces que se lo digo porque tendía a agarrar la pelota, tenía esa manía… Él jugaba en el Atalanta y hacía eso porque jugaba en otro sistema: se iba de nueve. Ante Egipto, 2-0 abajo, se lo podemos dejar. Con el 2-1 no, y después otra vez se fue hacia adelante. Y ya me conoce que mucho no me gusta”.
La escena resume una de las características que convierte a Romero en un defensor especial: su naturaleza lo empuja a abandonar la última línea, perseguir a un rival hasta territorios inesperados o conducir la pelota como si fuera un mediocampista. Scaloni fue apuntalando su toma de decisiones pero reconoce que esa rebeldía constituye una parte esencial de su identidad.
“A veces le decimos que no vaya al Cuti, pero va igual”, había contado el entrenador después de un amistoso ante Ecuador en 2024 en el que asistió a Ángel Di María como si fuese un enganche. “Tiene una fuerza y unas ganas de ir hacia adelante impresionantes. A veces nos agarramos la cabeza en el banco porque deja el hueco atrás, pero su intuición lo lleva a ir. Sacó su gen, ese que había mostrado en Atalanta, con sus cabalgatas. Mostró potrero. Transmite confianza y no lo podemos cortar”.
Después de un triunfo por 1-0 ante Ecuador por las Eliminatorias, Scaloni comparó la energía de Romero con la de un superhéroe: “Con la gente, que lo lleva en andas, él se cree He-Man. Es impresionante”. También explicó que debe aprender a dosificar sus esfuerzos: “Es un central increíble. A veces tiene que ahorrarse algunos desplazamientos, porque correr 50 o 60 metros no está bien. Se cansa y deja al equipo un poco mal parado atrás. Pero prefiero que haga eso a que se deje estar”.
Ese comportamiento también respalda a quienes juegan delante suyo: Cuti es una garantía. Rodrigo De Paul encontró en 2023 una explicación para dimensionar la seguridad que Romero les transmite a sus compañeros: “Tenerlo al Cuti atrás es lo mejor que me puede pasar porque me obliga siempre a salir. Quiere estar siempre mano a mano. Me acostumbré a salir sin mirar atrás y eso para un volante es un placer, porque mirás lo que tenés adelante y te permite cansarte menos”.
El propio Lionel Messi lo ponderó como “el mejor central del mundo” en septiembre de 2023: “Tenerlo detrás mío es lo mejor que me puede pasar. Siempre me obliga a ir hacia adelante, porque quiere jugar uno contra uno contra su oponente. Me acostumbré a no mirar atrás y eso es muy bueno para un jugador de ataque”.
Sin embargo, Romero reconoce que el entusiasmo por su impacto ofensivo, su gol ante Egipto y su participación decisiva ante Cabo Verde, no puede eclipsar la principal responsabilidad de un defensor: “Siempre es lindo hacer un gol, pero nuestra tarea es mantener el arco en cero. Me pone contento colaborar en ataque, aunque lo nuestro es defender”, advirtió. “Estamos bien, pero hay que mejorar porque nos hicieron cuatro goles en los últimos dos partidos y eso nos molesta. Siempre estamos a disposición del equipo y de lo que decida el técnico”.
La figura de Romero se magnifica por el esfuerzo y sacrificio físico que lo destacaron durante todo el ciclo Scaloni: ha defendido la camiseta nacional aunque su físico estuviera en riesgo. En la antesala de la Copa Mundial 2026, un nuevo inconveniente físico amenazó con dejarlo sin chances: el 13 de abril salió llorando durante un partido del Tottenham tras sufrir una lesión en el ligamento colateral de la rodilla derecha. Cuti atravesó una recuperación contrarreloj para meterse en la lista de 26 convocados. Las molestias reaparecieron ante Austria, por la segunda fecha del Grupo J, volvieron a exponer una relación con el dolor que ya había quedado demostrada en la final de la Copa América 2021 cuando una distensión ligamentaria amenazó entonces con marginarlo del partido decisivo ante Brasil en el Maracaná: “Estaba con un pie afuera y no sé si con los dos”, confesaría tiempo después. Aunque no se encontraba en plenitud, habló con Scaloni y le pidió jugar: “Llegué justo, por suerte Leo me entendió. No me quería perder la final. Pude jugar casi todo el partido y sirvió”.
Aquel encuentro fue uno de los primeros capítulos de la reconstrucción argentina. Romero llevaba apenas unas semanas en la Selección mayor, pero ya competía como si hubiera defendido durante años esa camiseta. Su aparición tampoco sorprendió al cuerpo técnico. Hugo Tocalli le había advertido a Scaloni sobre aquel juvenil que comenzaba a destacarse en Belgrano de Córdoba: “Hay un dos en Belgrano, acuérdese de ese nombre”.
Walter Samuel le hizo marca personal durante su etapa en el Genoa y recibió referencias directas de Thiago Motta, entonces entrenador de Romero y antiguo compañero del Muro. Roberto Ayala, otro integrante de una generación ilustre de defensores argentinos, descubrió rápidamente sus rasgos principales: “No tiene miedo. Muchas veces le tenemos que decir: ‘Frená, que sos el defensor central’. Tiene buen golpeo y timing”.
Detrás de esa personalidad indestructible aparece también una historia de resistencia. A los 17 años, Romero atravesó un momento difícil en Belgrano y llegó a pensar en abandonar el fútbol. Menos de una década después, es campeón del mundo, referente de la Selección y uno de los centrales más reconocidos del planeta.
Su próximo desafío será una Suiza que regresó a los cuartos de final después de 72 años y que, según el propio Romero, exigirá una versión más sólida de Argentina. “Todos los partidos vienen siendo duros para nosotros y este también será complicado. Suiza no se la hizo fácil a Colombia y lo dominó durante muchos pasajes. Tiene jugadores importantes y será un lindo partido”.
El Cuti identifica que su prioridad será defender, mantener el arco en cero y evitar esas cabalgatas que inquietan pero enorgullecen a Scaloni. “Tenía calambres, pero volvió a irse al ataque como delantero y terminó convirtiendo ante Egipto porque un compañero le dijo: ‘Andá, que yo me quedo atrás'”, rememoró Scaloni. Su pueblo sabe que si Argentina vuelve a encontrarse en peligro siempre podrá contar con la valentía de su último Kaiser.
