En medio del dolor y la impotencia, un centenar de personas se congregaron en la mañana de este lunes en la casa funeraria Abadía La Ascensión, en Barranquilla, para despedir al patrullero José Daniel Valera Narváez, de 24 años, miembro de la Unidad Antinarcóticos de la Policía Nacional que perdió la vida en un atentado terrorista perpetrado en Amalfi, Antioquia.

La ceremonia estuvo marcada por la solemnidad y la indignación. Familiares, allegados, amigos y altos mandos de la institución acompañaron el féretro cubierto por la bandera de Colombia, símbolo del compromiso y sacrificio que caracterizó la corta pero significativa trayectoria del uniformado.
El ataque
El pasado jueves 21 de agosto, Valera y otros doce compañeros habían cumplido con la riesgosa misión de erradicar manualmente cultivos de coca en zona rural de Amalfi, cuando un dron cargado con explosivos impactó el fuselaje de uno de los helicópteros en los que se transportaban. La violenta detonación, atribuida al frente 36 del Estado Mayor Central de las disidencias de las Farc, desató una masacre que segó la vida de los uniformados, mientras los responsables celebraban el sangriento suceso como una victoria.
El último adiós
En las exequias estuvieron presentes el general Edwin Urrego y el coronel John Harvey Peña Riveros, altos mandos de la Policía en el Atlántico, quienes encabezaron el traslado del ataúd hasta el coche fúnebre que lo condujo al Cementerio Universal, donde reposará finalmente el joven barranquillero.
El acto estuvo cargado de emotividad. Los aplausos se mezclaron con lágrimas, mientras familiares recordaban a José Daniel como un hijo amoroso, soñador y profundamente entregado a su vocación.
Sueños truncados
Pese a su compromiso con la institución, el patrullero había manifestado en reiteradas ocasiones su deseo de ser trasladado a la costa Caribe para estar cerca de su familia. “El general me dijo que había que investigar eso. ¿Ya para qué, si el daño está hecho? Mi pelado quería estar cerca, en la costa, en Santa Marta o Cartagena, pero nunca lo escucharon”, relató con impotencia su padre, al revelar que durante dos años el joven insistió en esa petición sin obtener respuesta.
Más allá de su carrera policial, José Daniel soñaba con garantizar el bienestar de sus seres queridos. Uno de sus anhelos era regalarle una casa a cada uno de sus padres, para que pudieran vivir con tranquilidad y dignidad, lejos de las preocupaciones cotidianas.
Un héroe que deja huella
Hoy, Barranquilla llora a un hijo que partió demasiado pronto.
La vida de José Daniel Valera Narváez quedó marcada por la valentía, la entrega y el sacrificio en nombre de un país que aún lucha contra la violencia. Su recuerdo permanecerá no solo en su familia y amigos, sino también en cada uno de los ciudadanos que reconocen en él la imagen de un héroe caído en cumplimiento del deber.
Redacción: judiciales
