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Erika Lasso, ejemplo de vida a través del judo

por Redacción: Noticias Coopercom

“Si sube el laso sólo con las manos, Yuri le completa lo del viaje”, le dijo el entrenador Ruperto Guauña a una jovencita que recién iniciaba en el judo en Jamundí; ella aceptó el reto, subió y Yuri le cumplió, pudo viajar a competir y, 10 años después, esa niña está clasificada a los Juegos Olímpicos París 2024.

Con esfuerzo, dedicación, el apoyo incondicional de Jackeline Arias y mucha disciplina, Erika Andrea Lasso Arias es hoy ejemplo ante el mundo de los valores olímpicos, de la excelencia deportiva, de la amistad en el deporte y del respeto por los rivales y la vida, para ser el orgullo de su abuela Aurora, su hermano Brandon, su tía Adriana, sus primas Danna y Joanly y su sobrino Jean Paul.

El sábado 9 de diciembre recibió el Premio Fair Play de los Panam Sports Awards 2023 y el lunes 11 de diciembre ganó la distinción de Juego Limpio Guillermo Cano en los Premios del Deportista del Año de El Espectador y el 18 de enero de 2024 recibió el Premio Altius del Comité Olímpico Colombiano, gracias a su noble gesto con la dominicana Estefanía Soriano en el primer combate del judo de los Juegos Panamericanos Santiago 2023, donde tras granarle el duelo, la llevó alzada porque no podía caminar.

Pero este logro de una acción pública es el reflejo de una vida privada llena de esfuerzo, de tristezas, de alegrías, de lucha por salir adelante, de encontrar en el judo y en el apoyo de su mamá, un estilo de vida que es ejemplo y que todavía tiene un camino por delante, porque con 24 años, aún quedan muchas competencias y ahora tiene delante la oportunidad de competir en los Juegos Olímpicos París 2024.

EL ARROZ CON LECHE
El judo llegó a la vida de Erika sin buscarlo, estando en la Institución Educativa Rosa Lía Mafla, donde cursó todos sus estudios, de primaria a bachillerato y a donde llegó el profesor Ruperto Guauña, buscando talentos para el judo, cuando emergía la figura mundial de Yuri Alvear.
Así como Juan Pablo Montoya en los autódromos, como Édgar Rentería en los diamantes de béisbol o como Mariana Pajón en las pistas de BMX, es Yuri Alvear en los tatamis de judo, particularmente en su natal Jamundí, de donde han surgido grandes judocas, gracias a la disciplina de Ruperto Guauña y el ejemplo de Yuri.

Guauña, quien daba clases de judo en los colegios de Jamundí, seleccionó a un grupo de niños del Rosa Lía para llevarlos al gimnasio de judo y en ese grupo estaba Erika, quien, en 2009, con 10 años, sin buscarlo, llegó al judo para emprender un camino que nunca se imaginó y del que no se arrepiente, porque hasta ahora “le doy gracias a Dios por haberme cruzado con el judo, he pasado por muchas lesiones, dificultades, dolores emocionales y físicos, pero Dios ha sido muy bueno”.

Erika conocía de deportes de combate, porque durante un tiempo acompañó a su hermano mayor, Brandon, a entrenar boxeo, se puso los guantes varias veces y golpeó los sacos de entrenamiento, pero nunca se dejó cautivar allí, hasta que conoció el judo, gracias al profe Ruperto, con quien inició como un juego, por diversión, haciendo rollitos en la colchoneta, para luego avanzar con entrenamientos formales y con mucha disciplina.

Martes y jueves, con uniforme prestado y con mucha disciplina, la esencia de Guauña, quien exigía puntualidad, higiene, respeto y el boletín del colegio para poder continuar, incluso a veces pasaba por las casas para ver el orden del cuarto de los atletas. Siempre pedía llevar hidratación propia, uñas cortas y más, al punto de que el pensamiento de muchos era: ‘Guauña sí que jode’, pero ahora, muchos años después, esos niños y jóvenes se dan cuenta que esas cositas tan mínimas han marcado mucho la diferencia.

El judo se metió tanto en la vida de Erika, que cuando llegó la competencia, hacía todo lo posible para poder asistir y, de hecho, si quería continuar, lo debía hacer, porque todo era parte del proceso, de entender que en la vida nada es regalado y que todo cuesta, como un vaso de arroz con leche, el que le hacía Jackeline para vender y recoger fondos que le daban el dinero para competir.

Con Cindy Mera, Francisco Balanta, Briggite Carabalí y otros amigos, salían a vender unos 400 vasos de arroz con leche, hacían actividades en conjunto para poder ir, apoyada en doña Aurora, con quien dormía en la misma cama, cuando en la misma casa vivían con Jackeline, Brandón, Adriana, Danna, Joanly y Jean Paul.

LAS DELICIAS DE JACKELINE
El pilar y soporte fundamental de la vida de Erika se llama Jackeline y las Delicias de Jackeline, el restaurante propio, fue la fuente de ingresos para que Erika pudiera avanzar día a día. Ubicado en Carrera sexta # 7-04 de Jamundí, al lado de la casa donde viven y muy cerca de una de las tres sedes del Colegio Rosa Lía, las Delicias de Jackeline vieron crecer en el judo a Erika.

Jackeline siempre buscó lo mejor para Erika, ha sido la pieza fundamental, porque además del restaurante, Erika asegura que nunca la vio descansando, siempre se movía, pues vendió zapatos en la terminal de transporte, sostuvo el restaurante, en una familia de comerciantes, pues casi toda la familia tiene tiendas en los barrios y Erika sigue sus pasos, pues ya montó La 18, una tienda-estanco que crece en Jamundí.

Las Delicias de Jackeline es famoso, la buscan mucho por la sazón, lo montó desde cero, fue una idea original y hoy genera empleo para cinco personas y Erika tiene dos personas más en el estanco, son una familia de emprendedores que se ha esforzado. Jackeline trabaja desde los 13 años y Erika entrena judo desde los 10 y cuando Guauña decía: ‘tenemos este campeonato y el que no vaya, no lo recibo más en los entrenamientos’, Erika y Jackeline se movían para buscar apoyo.

En la Alcaldía, con los concejales o la más fija: vender arroz con leche, con una bandeja por todo Jamundí, diciendo: ‘hola somos deportistas, nos puedes apoyar, es para ir a un Panamericano’, y le ganaban bien, además de rifas y una etapa bien particular, pues en el colegio los jean day eran a nombre de Erika, los 500 pesos por ir de particular eran en buena medida para la causa de Erika. Para esto fue clave el rector Noe y los profesores Betulia, Parmenides, Julian Rengifo, Henry, Noralisia y María Gómez, entre otros.

Todas esas colectas, llevaron a Erika y sus amigos al primer evento internacional, la Copa Panamericana en Panamá, donde Erika ganó la medalla de oro en la división juvenil de los 44 kilogramos y se dio cuenta que el judo podía ser realmente su línea de vida, que podía llegar lejos formándose en la misma escuela de la medallista olímpica y múltiple campeona mundial, Yuri Alvear y también de quien considera su mamá en el judo, Luz Adiela Álvarez.

Luz Adiela, atleta olímpica en Tokio 2020, es quien la ha visto crecer desde que inició en el judo. La corregía y siempre, de hecho, antes de su retiro ella decía que Erika sería su reemplazo y así es, porque la nueva referente en Colombia de la división de los 48 kilogramos es Erika, categoría en la que Luz Adiela supo brillar en eventos de ciclo olímpico.

LA CRYPTON 1
La competencia que marcó el inicio deportivo de Erika en el alto rendimiento fue el torneo de judo de los Juegos Bolivarianos Santa Marta 2017 donde, con 17 años, sorprendió a todos y se quedó con la medalla de oro, tras vencer en la final a la experimentada venezolana Milagros González, 13 años mayor que Erika y quien era la favorita al oro.

Erika ganó ese día a pesar de que venía de una lesión de esguince grado dos en un tobillo y sortear el clasificatorio a Bolivarianos en Bogotá y el chequeo nacional en Guatapé, para el que se había recuperado del tobillo, pero el que tuvo que afrontar con una fisura en un dedo del pie. A pesar de que llegaron pensamientos negativos, Erika recibió el apoyo de todos los compañeros para clasificar, estar en Santa Marta y donde brilló con el oro que llegó de un proceso soportado en una promesa de asistir a la iglesia por una semana, pero que se convirtió en un mes y más.

Ya estando en el alto rendimiento y saliendo del colegio, Erika ingresó a estudiar administración de empresas con énfasis en deporte a la Escuela Nacional del Deporte, en Cali, a donde viajaba desde Jamundí, con una rutina de salir a las 5:30 de la mañana con Luz Adiela en la moto, para entrenar de 7:00 a.m. a 9:00 a.m., dormía en el coliseo para esperar el entrenamiento de las 12:00 m., luego de las 2:30 caminaba para tomar transporte hasta el estadio Pascual Guerrero y caminar hasta la Escuela con clases en la tarde y noche hasta las 9:40 p.m., para de nuevo caminar al estadio, tomar transporte hasta Jardín Plaza y allí tomar otro a Jamundí, donde Jackeline la esperaba entre 11:00 y 12:00 p.m. para madrugar de nuevo a las 5:30 al día siguiente.

Pero la dedicación disciplina y capacidad de superación de Erika la llevó a invertir su primer incentivo de Indervalle, pues cuando lo recibió, guardó 500 mil pesos y una amiga estaba vendiendo una moto, Jackeline le pidió el medio millón, le completó y le compró la Yamaha Cryptón 1, que le permitía desplazarse, tener más tiempo de descanso, menos desgaste de caminar saliendo de entrenamientos exigentes y ya no llegaba tan tarde a la casa.

EL MÁXIMO LOGRO
El deporte llegó para quedarse en la vida de Erika, porque tras el oro de Santa Marta se dio la presea de plata en los Juegos Centroamericanos de Barranquilla en 2018, cuando perdió la final contra una rival muy conocida, la dominicana Soriano, sobre quien luego tomó revancha en el camino del ciclo olímpico a París 2024, en el que ya salió de la división de los 44 kilogramos y asumió definitivamente la posición de Luz Adiela en los 48 kg.

El debut de los 48 kilogramos en el ciclo olímpico para Erika fue con medalla de plata en los Juegos Bolivarianos de Valledupar y en los Juegos Suramericanos de Asunción, para luego viajar a los Juegos Centroamericanos y del Caribe San Salvador 2023, donde consiguió el que hasta ahora es el logro más importante, el oro de los 48 kilogramos.

Luego de viajar a Hungría para concentrar durante tres meses en el Centro de Entrenamiento de la Federación Internacional de Judo, gracias a la gestión de su nueva entrenadora, Yuri Alvear, Erika regresó con una molestia leve en un cuádriceps, compitió en un Open de Medellín y en un Panamericano en Chile y se desgarró, a pocas semanas de San Salvador, los médicos le dijeron que era difícil llegar a Centroamericanos.

A base de esfuerzo, recordando las caminadas por las calles de Jamundí vendiendo rifas y el arroz con leche, Erika se recuperó y, aunque sin la carga de entrenamientos necesarias, la hija de Jackeline no quería defraudar y cuando entró al tatami se le olvidó todo dolor o tristeza, le ganó en el debut de nuevo a Soriano, luego a Jacqueline Solís, del equipo de Centro Caribe Sports, para estar en la final.

Antes de la final, Erika lloró de felicidad, porque ningún obstáculo había podido impedir lo que quería. La final fue contra la mexicana Edna Carrillo, vieja rival de Luz Adiela, quien habló antes con Erika para darle consejos en la estrategia y todos sabían que iba a ser apretado, pero, luego del saludo, un movimiento de Erika y la lanzó para ganar el oro. La celebración fue de todo el equipo porque era el inicio dorado del judo en San Salvador, al salir del escenario, una videollamada con Yuri y otra con Luz Adiela para festejar a la distancia una victoria en equipo.

De San Salvador, la motivación era llegar a sus primeros Juegos Panamericanos, los de Santiago 2023, donde no logró estar en el podio, porque finalizó en el quinto lugar, pero se llevó una de las medallas más importantes de todos los Juegos y del ciclo olímpico, la que le permitió estar en los Panam Sports Awards, en el Deportista del Año de El Espectador, en los Premios Altius y en los medios de comunicación del mundo: “No logré una medalla, pero aporte mucho a la pedagogía del deporte, que no es sólo competir, sino que debe haber empatía con los rivales”.

Tras esa motivación mundial, durante todo este 2024 Erika estuvo en concentraciones y viajes, compitiendo en el circuito mundial de judo para sumar puntos, seguir avanzando en su rendimiento y convertirse ahora en atleta olímpica, porque los resultados la tienen como la mejor de Colombia y acreedora de la cuota continental en la división de los -48 kilogramos para estar en los Juegos Olímpicos París 2024.

Por Filiberto Rojas Ferro
Director de comunicaciones
Comité Olímpico Colombiano