En Barranquilla y su área metropolitana, el transporte público colectivo enfrenta una problemática silenciosa que cada vez se hace más evidente en las calles. Desde la madrugada, cuando los patios de buses comienzan a activarse, ya no todos los vehículos que están listos logran salir a operar. La razón es clara, cada vez hay menos conductores disponibles para cubrir las rutas.
Durante años, manejar bus fue un oficio heredado, casi una tradición familiar. Sin embargo, ese relevo generacional parece haberse debilitado. Hoy son menos las personas interesadas en asumir un trabajo que implica largas jornadas, alta responsabilidad y condiciones que, según los propios actores del sector, han perdido atractivo con el tiempo.
A esto se suman nuevas exigencias. Para conducir un bus ya no basta con saber manejar, también se requiere experiencia mínima y contar con licencia de conducción categoría C2 vigente, lo que implica procesos de renovación periódicos y costos que no todos pueden asumir. Estas barreras han reducido el número de aspirantes, generando un vacío difícil de cubrir.
El impacto ya se siente entre los usuarios. Los tiempos de espera han aumentado, las frecuencias han disminuido y en algunos casos los conductores deben extender sus jornadas para suplir la falta de personal. Así lo evidencia José Roncallo, estudiante de la Universidad Simón Bolívar, quien asegura que en las últimas semanas su ruta tarda el doble en pasar. Para él, esta situación afecta directamente la movilidad y la calidad del servicio.
Desde el sector empresarial, la preocupación es creciente. John Guerrero, subgerente de la empresa Metropolitana de Transporte La Carolina, explicó que entre un 10 % y 15 % de los vehículos permanecen diariamente en los patios por falta de conductores. Según indicó, esta no es una situación aislada, sino un problema generalizado en todas las empresas del sistema.
Guerrero también señaló que una de las principales dificultades radica en la falta de formación especializada. Aunque las empresas pueden capacitar, no están facultadas para certificar conductores, lo que limita la incorporación de nuevo personal. A esto se suma el alto costo de las licencias, que en muchos casos impide que conductores potenciales puedan ejercer.
En medio de este panorama, las empresas han intentado responder con convocatorias e incentivos, pero los resultados han sido limitados. Mientras tanto, la escasez de conductores continúa afectando la operación del sistema, dejando en evidencia un problema estructural que impacta tanto a quienes prestan el servicio como a quienes dependen de él a diario.
Redacción: Alejandro Sandoval
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