Parafraseando al maestro Alejandro Durán, primer rey del Festival de la Leyenda Vallenata, a Fabio Martínez lo conocía sin conocerlo.

Caleño de nacimiento, Fabio Martínez es Magíster en Estudios Iberoamericanos por la Universidad de la Sorbona en París y Doctor en Semiología por la Universidad de Quebec, en Montreal. Asimismo, integra el Grupo de Investigación Autores Colombianos y Latinoamericanos de la Universidad del Valle y hace parte del colectivo Narrativas, iniciativa que actualmente se encuentra en proceso de constitución formal.
Llegaron a mí valiosas referencias de su trayectoria por intermedio de nuestros amigos comunes Ariel Castillo Mier y Álvaro Suescún Toledo. Tuve conocimiento de su andadura como docente en la Universidad del Valle y de la publicación de su novela La búsqueda del paraíso, la cual tomó como punto de partida e inspiración la vida y obra del novelista, poeta y político —también caleño— Jorge Isaacs, autor de la celebérrima novela María, cuya historia se desarrolla en los paisajes del Valle del Cauca a través de la voz en primera persona de Efraín, su protagonista.
Gracias a la gestión de nuestro amigo común José Luis Hereyra Collante, notable poeta, narrador y director de la serie Colección Caribe Colombiano de Pijao Editores, pude al fin estrechar la mano de Fabio Martínez en el marco del Tercer Festival Internacional del Libro del Tolima, cuya sede tuvo lugar en la Gobernación Departamental.

Comprobé de inmediato su altísima calidad humana y la nobleza de su trato. Me llenó de profunda complacencia saber que él también me conocía, sin haberme tratado previamente, y que profesaba una sincera admiración por mis trabajos.
Departimos, después, en el patio de la casa de Carlos Orlando Pardo, director de Pijao Editores, al abrigo de un amplio y cómodo quiosco, compartiendo mesa y palabra con un selecto grupo de poetas, cuentistas y novelistas entre los que se encontraban, por supuesto José Luis Hereyra, Jorge Eliécer Pardo, William Ospina, Gustavo Bolívar, Guido Tamayo, León Valencia, Iván Beltrán, Federico Santodomingo y Carolina Rodríguez Murillo.
Al día siguiente, Fabio tuvo la gentileza de regalarme su maravilloso libro Los viajes de la música (música y poesía afroamericana), publicado por Ediciones El Silencio de la Sultana del Valle, en 2025. Emprendí su lectura en la grata serenidad de mi habitación en el hotel Dann Combeima de Ibagué; la continué a lo largo de los vuelos de Ibagué a Bogotá y de ahí a Barranquilla, hasta culminarla en el sosiego de mi casa. Son 160 páginas que conforman una mirada acuciosa, amena, informativa y rigurosamente analítica. Fabio Martínez nos lleva de la mano por la fascinante ruta del tambor, la impronta del romance español y las primeras fusiones musicales que derivaron en el son cubano, la cumbia colombiana y el samba brasileño. Nos pasea luego por los cantos de vida, los cantos de trabajo, los cantos de laboreo y vaquería, hasta desembarcar en el porro, escenario donde efectúa una parada necesaria para sentar varias precisiones fundamentales a saber:
En la página 85, segundo párrafo, el maestro Fabio Martínez señala que Luis Carlos Meyer, conocido como El Negro Meyer, fue quien llevó por primera vez el porro a México y Estados Unidos a mediados de los años cincuenta, agregando que una entrega suya muy popular en suelo azteca fue El gallo tuerto.
Al respecto cabe precisar que la cronología expuesta se distorsiona: Meyer no arribó a México a mediados de los cincuenta, sino en 1943, año en que ya realiza sus grabaciones con la orquesta de Rafael de Paz. Cuando Nelson Pinedo desembarcó en La Habana, procedente de Caracas, en los albores de 1953, y comenzó a grabar más tarde porros al lado de La Sonora Matancera, el Negro Meyer ya lo había hecho años atrás, sirviendo como referente insoslayable para ‘El Pollo Barranquillero’. Conviene aclarar, asimismo, que El gallo tuerto no es de la autoría de Meyer, sino una inmortal composición de José Benito Barros.
El segundo punto se halla en el tercer párrafo de esa misma página. Ahí se lee: «Además de los autores mencionados, vale la pena destacar a Manuel de J. Poveda, José Barros, Estercita Forero y Tello Torres». Lo correcto en este pasaje es Manuel J. Povea —en lugar de Poveda— y Pello Torres —en vez de Tello—. Se entiende que fueron involuntarios errores de digitación.
Estas pequeñas precisiones no le restan valor ni empañan en absoluto el magnífico trabajo de Fabio Martínez. Se hacen únicamente en aras de una mayor claridad y rigor histórico. En definitiva, Los viajes de la música: música y poesía afroamericana es una obra llamada a nutrir y enriquecer indispensablemente las bibliotecas especializadas sobre la música de nuestro continente.
