Casa CulturaMargarita Vélez o el arte de nombrar lo prohibido

Margarita Vélez o el arte de nombrar lo prohibido

por Redacción: Noticias Coopercom

De los 61 poemas que conforman el sugestivo y perturbador poemario ‘El libro de las destrucciones’, que gentilmente me obsequió su autora, Margarita Lucía Vélez Verbel, al término de una velada literaria en Barracuda, café cultural de Barranquilla, hubo uno que me detuvo de inmediato.

Tal vez fue el título, quizá la intuición: ‘Alabanzas al clítoris’, ubicado en la página 20, despertó mi atención con la fuerza de aquello que no suele decirse, pero reclama ser nombrado.

La noche había transcurrido entre lecturas de ‘Los Once de Calibán II’ y ‘Cuentos Felinos’. Fue mi amigo, el poeta Javier Marrugo Vargas, quien me presentó a Margarita. “Es muy buena”, me dijo, sin adjetivos innecesarios. Bastó abrir el libro para confirmarlo.

El poema dice:

Mi clítoris grande y hermoso, rey de mi vagina,
dueño absoluto de mi placer.
Clítoris que te creces al contacto de mis dedos,
pequeño duende escondido entre los pliegues de mi vulva,
que no se subordina,
que te bastas a ti mismo,
que te escondes en mis manos como un pájaro.
Clítoris, lugar sólo mío, donde nadie puede alcanzarme.
Lugar de libertad de mi cuerpo y de mi espíritu.

Confieso que quedé fascinado. No por la provocación —que no la hay— sino por la dignidad del lenguaje, por la manera en que el poema nombra sin vulgaridad, revela sin estridencias y afirma sin pedir permiso. Ese pequeño duende oculto no es objeto: es sujeto poético, afirmación de autonomía, metáfora de una libertad corporal y espiritual largamente postergada.

El poema convoca y seduce sin alzar la voz. Es erotismo delicado, sensualidad que no irrumpe: susurra. Cautiva sin aspavientos, envuelve con gracia y sacude desde la inteligencia del lenguaje. Con notable maestría, Margarita Vélez rinde culto —no carnal, sino lírico— a ese órgano sutil y poderoso, epicentro del gozo, al que eleva del secreto a la palabra, del silencio a la más alta reverencia poética.

‘El libro de las destrucciones’ tuvo una primera edición publicada por Efory Atocha, en Madrid, España, en 2011, y una segunda edición a cargo de la Unión de Escritores de Sucre, en Sincelejo, en 2016.

La obra, sin embargo, no se agota en ese poema. Por el contrario, se interna en las grietas de una sociedad que aniquila libertades, cuerpos y dignidades, con especial ensañamiento sobre las mujeres. El erotismo, lejos de ser un adorno estético, se afirma como un gesto consciente frente a un orden que históricamente ha silenciado el deseo y penalizado la autonomía femenina. En estos versos, el cuerpo habla con lucidez, sin concesiones ni pudores impuestos, con especial saña sobre las mujeres. El erotismo, lejos de ser un adorno estético, se convierte aquí en un gesto de afirmación consciente frente a un orden que históricamente ha silenciado el deseo y penalizado la autonomía femenina. En estos versos, el cuerpo habla con lucidez, sin concesiones ni pudores impuestos.

El libro también abre un espacio decisivo a la infancia de la autora, marcada por episodios sombríos y dolorosos, como lo revela el poema ‘Breves datos biográficos del autor’:

Escribo este poema para no olvidarme de que soy

/Margarita Vélez,
hija de Pedro Vélez Duque y Carmen Sofía Verbel Iriarte,
Que mi infancia transcurrió en Sincelejo.
Que mi padre regresaba siempre ebrio y golpeaba
/hasta el cansancio a mi madre.
Que viví estos tristes días al lado de mis hermanos,
/Sara, Pedro y Fanny.
Que de niña iba al colegio luego de no haber dormido

/en toda la noche,
asaltada por el miedo de la llegada repentina de mi padre
y del escándalo que seguía después de esto…

A través de estos versos, Margarita Vélez expone una infancia marcada por la violencia doméstica y por la dolorosa indiferencia del entorno. El poema revela cómo el miedo persistente, la precariedad y el mutismo social moldearon su niñez y su juventud, y cómo la escritura se convierte en un ejercicio de memoria lúcida. No hay victimismo: hay conciencia. El texto señala con firmeza el machismo estructural y reivindica la claridad mental de una niña que lo vio todo y lo entendió todo, pese a haber sido juzgada como distraída. En última instancia, la poesía transforma el dolor en una declaración de dignidad, entereza y valentía sostenida en la palabra.

Ante la fuerza reveladora de este poema surge un interrogante inevitable, no previsto en la conversación inicial:

La figura de tu padre aparece asociada a la violencia, el miedo y el callar forzado de la infancia, ¿de qué manera esa experiencia marcó tu escritura, tu forma de nombrar el cuerpo y tu afirmación de la dignidad a través de la poesía?

Margarita no duda en responder:

“La violencia, la soledad y la infancia como lugar de carencias, de indefensión, marcaron ostensiblemente mi poesía. Decía Borges: “La patria es la infancia”. La infancia es el inicio, la construcción del ser humano, es su soporte y la combustión del espíritu. De manera, pues, que esas primeras experiencias marcarán el rumbo de la existencia humana y en mi caso también de mi poesía”.

Margarita Lucía Vélez Verbel nació el 30 de noviembre de 1968 en Corozal (Sucre). Es abogada, egresada de la Universidad de Cartagena, donde estudió Derecho y Ciencias Políticas. Hizo parte del taller literario Candil, dirigido por el maestro Felipe S. Colorado, y del Teatro Estudio (TEUC) de la misma universidad.

En 1995 ganó la convocatoria de publicación del Instituto Distrital de Recreación, Cultura y Deportes de Cartagena de Indias con su libro Los ángeles solo bajan una vez. En 2007 publicó Del polvo y el olvido, obra reseñada en diarios y revistas del país. Es autora además de El libro de las destrucciones, y tiene inéditos Espinas y cenizas (poesía) y un ensayo titulado Religión, sexo y misoginia.

Ha sido profesora universitaria, instructora de talleres literarios, actriz de teatro en grupos independientes de Cartagena y actualmente se desempeña como defensora pública. Reside en Barranquilla.

Leer a Margarita Vélez es asistir a una escritura que no pide disculpas, que piensa el cuerpo, el deseo, la fe y la destrucción desde una voz consciente de su tiempo. En ‘Alabanzas al clítoris’, ese pequeño duende deja de ser tabú para convertirse en palabra soberana. Y eso, en una sociedad que aún teme al goce femenino, es ya un acto de valentía literaria.

Conversamos con Margarita Vélez Verbel, una voz lúcida y desafiante de la poesía Caribe colombiana, sobre su obra, el cuerpo como expresión poética, la palabra como acto de libertad y la literatura como camino de conciencia y exploración de la existencia.

¿Podrías graficar lo que es una eutanasia pasiva?

Entendería que el escritor, y más específicamente el poeta en su acto creativo retira todo paliativo y se lanza al mundo creativo sin remedios que le ayuden a menguar el dolor o el sentimiento profundo que reconoce a través de su acto creativo y de su entrega honesta a la construcción del texto.

¿En qué momento comprendiste que la poesía sería no sólo un oficio, sino una forma de habitar el mundo? 

Comprendí que la poesía era mi verdadero ser desde muy temprana edad. Lo exterior, doloroso y ajeno, me resultaba una pesada carga que sólo el mundo íntimo de la creación literaria lograba menguar y establecía una especie de protección que me colocaba en un lugar distinto, personal y superior.

¿Qué obsesiones íntimas y sociales atraviesan de manera persistente tu escritura poética? 

De manera persistente las obsesiones íntimas de la indefensión, la soledad, el dolor, la fragilidad y la destrucción del ser humano y sus sueños me conminan hondamente en mi escritura.

‘El libro de las destrucciones’ enfrenta a una sociedad que erosiona libertades. ¿Desde dónde nace ese impulso crítico? 

El impulso crítico nace desde el momento que como ser humano desde el inicio sientes la violación de tu individualidad, el hostigamiento primero por tu género dentro de una sociedad eminentemente patriarcal, las limitaciones por provenir de una clase social de extrema pobreza, el abandono, el olvido son todos ellos elementos que de por sí definen una carga limitante, contra la cual y desde la cual como sujeto lírico hago un enrostramiento a una sociedad asfixiante y limitante.

¿Cómo concilias en tu obra el erotismo con la reflexión ética y política? 

La condición de mujer dentro de una sociedad moralista con ejes eminentemente patriarcales dentro de una violencia de género ejercida en el mismo seno familiar, implican desde el inicio asumir una actitud de supervivencia, de lucha. Existe en el entorno estricto, inflexible, sesgado por el prejuicio la implicación de tomar un partido por las cosas y por un cambio dentro de la vida. El erotismo es un autoconocimiento físico y ético en tanto que el conocimiento del ser en su total complejidad implica un acto de verdad, conocimiento de la verdad y planteamiento del ser humano frente a sí mismo y frente a la sociedad, de manera pues que el erotismo es también un acto político, es un acto reflexivo y de autonomía del ser.

¿El cuerpo femenino es para ti un espacio de revelación, de memoria o de empoderamiento? 

El cuerpo femenino es el espacio de la vida de cada mujer, por ello es revelación de sí misma, revelación de lo vivido y al mismo tiempo poder. El patriarcado ha intentado deformar, quitarnos la posesión de nuestros propios cuerpos, lo que implica desposeernos de nuestra autonomía, individualidad, sexualidad y memoria.

En poemas como ‘Alabanza al clítoris’, ¿qué riesgos asumiste al nombrar lo históricamente silenciado?

En el poema ‘Alabanza al clítoris’ tomé todos los riesgos posibles: el deseo, la independencia en el deseo, la autoafirmación del cuerpo como fuente y como objeto de éste. El placer femenino de manera autónoma a la presencia del hombre y la capacidad de la autosatisfacción. Todos ellos elementos cuestionables en la eroticidad y en la validez de la visión del amor erótico.

¿Crees que la poesía aún puede incomodar en una época saturada de discursos y banalidades? 

Considero que debe incomodar. Debe incomodar al pensador crítico, al lector que intenta encontrar a través de la poesía un interlocutor reflexivo, vivo y sensible.

¿Qué papel juega el silencio dentro del proceso creativo y en la arquitectura del poema? 

El silencio nutre el acto creativo, es el hueco, la raíz, la primera explosión. El silencio es la estructura del verso.

Tu formación en Derecho y Ciencias Políticas, ¿de qué manera ha influido en tu mirada literaria? 

El Derecho me ha formado, me ha entregado elementos para mirar el mundo, la sociedad, para posesionarme en ese afuera, en las relaciones que me circundan y es una carta de navegación en mi ser social. De igual manera la precisión del lenguaje, la búsqueda de razones últimas y las consecuencias de la interacción en la sociedad me sirven en gran medida también cuando abordo el acto de escribir.

¿Qué te exige más rigor, el poema breve o el texto de largo aliento? 

El poema breve. Escribir de manera breve y atrapar el pensamiento complejo, la reflexión y la sensibilidad implica mucha maestría.

¿Qué vínculos estableces entre tu poesía y la tradición literaria del Caribe Colombiano? 

Muchos vínculos encontraría por la connotación del espacio geográfico, por la pretensión de la unión de los poetas del Caribe con el escrutinio de su corporeidad y de su relación con un entorno, en especial la mordaz relación del Tuerto López y la sociedad que lo circunda, la vivencialidad de un Raúl Gómez Jattín, la luminosidad de la metáfora de Héctor Rojas Herazo.

¿Qué lugar ocupan la fe, la duda y la crítica religiosa en tu obra poética y ensayística?

La fe, ningún espacio en mi obra. La duda y la crítica religiosa permean toda mi obra poética y ensayística; el concepto religioso, la moral patriarcal permean y sustentan un mundo en donde lo femenino no tiene cabida desde su plano físico y erótico hasta el plano intelectual, por lo que mi trabajo implica una voz que se levanta en medio de esa oscuridad.

¿Consideras que la literatura escrita por mujeres sigue siendo leída desde prejuicios?

Sí, aún la lectura de la literatura creada por mujeres sigue siendo mirada con una visión que no se adecúa exactamente a la fuerza, la naturaleza y las características del acto creador literario de la mujer.

¿Qué responsabilidades, si es que las hay, tiene el escritor frente a su tiempo histórico?

Tiene toda la responsabilidad el escritor y el artista con su tiempo histórico. El artista es alguien que sufre, vive y crea dentro de un determinado espacio geográfico y tiempo histórico y tiene una mayor carga y responsabilidad frente a sí mismo y frente a la humanidad, siendo el arte lo único eterno, y lo único que en definitiva deja el hombre para la posteridad.

¿La Poesía debe buscar la belleza, la verdad o ambas cosas a la vez?

La verdad es belleza. La poesía debe ser bella y veraz. La poesía es un acto reflexivo frente a la realidad, frente a la condición humana, frente a lo que discurre en la propia existencia. La poesía es un acto de desnudarse frente a la verdad y al conocimiento.

¿Qué autores o libros les recomendarías a los jóvenes que hoy se acercan a la literatura con hambre de sentido? 

Les recomendaría a Frank Kafka, a Fiodor Dostoievski, a León Tolstoi, a Ernesto Sábato, a Juan Rulfo, a Borges y un acercamiento a toda la literatura clásica: Cervantes, Shakespeare, Moliere…

En contraste, ¿de qué libros crees que deberían huir los jóvenes lectores?

De todos aquellos libros de “crecimiento personal”, de “autoayuda”, de libros para llegar y conseguir el éxito, de libros que se hacen muy conocidos en poco tiempo y que se desvanecen como la espuma. De todo aquello que parezca y sea fácil, trivial, superficial.

¿Qué libros o escritores fueron decisivos en tu formación como lectora y como autora?

Los clásicos. Tuve una lectura a profundidad desde muy temprana edad de toda la literatura clásica, desde Homero, Shakespeare, Cervantes, el Siglo de Oro Español, la Ilíada, la Odisea… Todo ello influyó desde el inicio en un tipo de formación académica y un gusto literario específico que ha definido también mi forma de abordar el acto de escribir y la literatura.

Hoy, ¿en qué punto se encuentra tu escritura: destrucción, reconstrucción o revelación?

Establecería que estoy en un proceso de destrucción intentando cada vez más demoler todo lo que quise demoler desde el inicio de mi vida. Luego de ello y a partir de ello aparece la revelación, el descubrimiento, la sorpresa, la nueva verdad.

¿Qué esperas que sienta ˗o cuestione˗ un lector al cerrar uno de tus libros?

Muchas cosas. Indignación, ira, frustración, cuestionamiento. Quiero que reflexione, sienta, viva, deconstruya cosas.