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Miguel Calero, la leyenda que sigue viva en Pachuca

por Redacción: Noticias Coopercom

A más de una década de su partida, la figura de Miguel Calero sigue presente en Pachuca: un guardián de títulos, de historias y de un legado que trasciende la cancha.

Hay una imagen que sigue viva en la memoria del CF Pachuca y que, seguramente, resurge hoy, mientras el equipo disputa el Mundial de Clubes FIFA 2025™: Miguel Calero, con los puños desafiantes al aire, la sonrisa que lo abarcaba todo y la actitud de quien sabe que, bajo los tres palos, no solo se atajan balones, sino también miedos. El arquero colombiano es el máximo ídolo del club, y su nombre sigue evocando valentía hasta estos días.

“Si volviera a nacer, me llamaría Miguel Calero, sería portero y defendería los colores del Pachuca”, dijo en el anuncio de su adiós a las canchas y se quedó como testimonio de su lealtad.

Su figura monumental convertía el arco en un espacio diminuto para los adversarios. Su gallardía era tal que extendía la cancha, arrastrando a la tribuna rival al juego apasionado que él, con su carisma, dictaba. Por eso y también por el atrevimiento que varias veces lo llevó a la meta contraria en busca de un gol, la afición lo bautizó como ‘El Show’.

Calero empezó joven como jugador de campo y llegó al arco por casualidad, la historia de tantos guardametas que cambiaron de planes en medio de un imprevisto. Fue en la exigencia y sobre todo, en la paciencia, donde se forjó porque para buena suerte de los colombianos, fue en una época de bonanza para la posición. Creció hombro con hombro con gigantes como Faryd Mondragón y Óscar Córdoba, los tres canteranos del Deportivo Cali y en disputa del arco internacional.

Cuando Pachuca lo firmó en el año 2000, quizá no imaginaban que estaban sellando uno de esos romances inagotables que hoy escasean en el fútbol. Miguel llegó con 29 años y una historia ya grabada sobre sus hombros, habiendo roto una sequía de 22 años sin título para el club caleño, el primero en su vitrina personal, y con un par de trofeos conquistados en Atlético Nacional previo a la despedida de Colombia y antes de hacer de México su hogar para siempre.

Ataviado con gorra o paliacate, de rostro serio en la cancha y provocador de sonrisas en el vestidor, así lo recuerdan quienes convivieron con él. Porque las leyendas no solo nacen en las finales ganadas, sino en el trato diario, en la lucha por la titularidad, en la complicidad de un grupo que madura junto a su arquero.

“Siempre tendré presente su buen ánimo, su espectacularidad en el arco”, lamentó Óscar Córdoba tras el fallecimiento de Miguel Calero en 2012. Una noticia que entristeció a todos los que lo vieron volar en los arcos de Colombia y México, pero especialmente a aquellos que fueron testigos de cómo, junto al Pachuca, alcanzó su plenitud y ayudó a convertirlo en un equipo ganador.

Lo conquistó prácticamente todo entre 2000 y 2011, dentro y fuera de México, parte fundamental de un equipo que hizo época.

El también llamado ‘Cóndor’ fue fundamental en la histórica Copa Sudamericana de 2006, cuando los Tuzos se metieron al Estadio Nacional, en Santiago de Chile, para quedarse con el trofeo de la CONMEBOL tras derrotar a un Colo Colo repleto de figuras. Y además de los cuatro títulos de liga, levantó otros cuatro de Concacaf. Con atajadas y liderazgo, Miguel Calero ayudó a proveer de gloria a un club que, antes de su llegada, apenas comenzaba a abrirse camino en la primera división del fútbol mexicano.

Quizá más importante que los títulos, con su liderazgo, el vallecaucano sembró una cultura de éxito y de orgullo por el escudo, especialmente entre los niños y jóvenes que seguían sus vuelos en cada entrenamiento. Uno de ellos fue el actual guardameta de los Tuzos, Carlos Moreno, quien llegó al club a los diez años, cuando Miguel Calero todavía era titular.

“De chiquitos nos llevaban a pasar las pelotas y verlo era una sensación inigualable. Engrandecía aún más el sueño de pisar la cancha del Estadio Hidalgo. Si llegar a primera división era un sueño, estar parado en la portería de Pachuca, donde estuvo Miguel Calero, era un sueño que entonces parecía inalcanzable”, recordó hace unos meses en entrevista para el club, donde lo reconoció como su mayor ejemplo de profesionalismo y calidez humana.

“De Miguel siempre hubo palabras de aliento, de motivación hacia mí. Eso me llenó el corazón desde niño”, agregó Moreno, evocando aquellas visitas del ‘Cóndor’ a los entrenamientos o a los partidos para apoyar a sus hijos en fuerzas básicas. Carlos recordó que lo llamaban ‘Calerito’ porque en sus inicios iba rapado, era el más alto y guardaba un parecido físico con el ídolo colombiano. Pero hubo una frase en especial que nunca olvidó: “Tú naciste para ser portero, vas a ser un gran arquero”.

Calero no se fue luego de sus 395 partidos, siempre ha estado presente. En un equipo formador como Pachuca, los valores que él sembró son guía para las nuevas generaciones. Ahora, en el Mundial de Clubes, donde Moreno enfrentará a rivales como Real Madrid C.F. y Al Hilal, ese legado sigue vivo en cada atajada, en cada balón disputado, en cada minuto donde la historia y la pasión que Miguel cultivó resuenan bajo los tres palos.