¿Qué sucede cuando no se disfruta lo que se hace? Es bastante probable que el día a día se trasforme en una tormenta de sentimientos negativos que impidan disfrutar la vida. Resultados, metas y objetivos eran los constantes pensamientos que invadieron, en una etapa temprana de su carrera, al gimnasta colombiano Ángel Hernández.
Nacido en Albacete, España, pero con Colombia en su corazón, Ángel Hernández inició su camino en la gimnasia de trampolín desde que tiene uso de razón: “es como mi vida, llevo desde los seis años practicándola. No logro imaginar cómo sería una vida sin ella (gimnasia), ya sea como entrenador o como deportista, es mi todo”.

Aunque es su pasión más grande, también sufrió puntos bajos que le generaron constantes conflictos y decepciones, poco a poco la gimnasia de trampolín se convirtió para Ángel en una relación tortuosa en la que ganar lo significaba todo. La presión, el resultado, la meta lo eran todo y el disfrutar lo que hacía desapareció de su vocabulario.
Rio 2016 fue el primer intento de clasificación a unos Juegos Olímpicos, sin embargo, cuando Ángel no consiguió el objetivo, y su entrenador español partió a Estados Unidos, la soledad y quizás la frustración lo atormentaron hasta el borde de la desesperación, el colombiano quería dejarlo todo.

“Disfrutar, ese fue el punto clave en el que cambió mi carrera. Hubo un momento en el que uno solo se dejaba llevar por la presión, el resultado, por alcanzar esos logros, pero el momento en el que ella me inculcó lo de disfrutar lo que estaba haciendo logré un cambio muy positivo en mi carrera deportiva y empezamos a ganar en abundancia”, con una sonrisa que transmite tranquilidad, Ángel expresa lo importante que fue aquel inolvidable consejo de su mamá (Katish Recalde).
Su mamá fue el pilar que ayudó a disipar esa tormenta en la que Ángel no podía volar. Siendo su entrenadora, la meta de Tokio 2020 fue creciendo en cada entrenamiento: “la energía y el vínculo que nosotros creamos a la hora de competir y de entrenar ha sido la clave para que hoy estemos aquí. Ha sido los cimientos y la base de todo este proceso, se lo agradezco todo a ella y se lo debo a ella”.

Katish Recalde representó el faro que, dentro y fuera del deporte, le permitió a Ángel crecer y enfocarse en disfrutar el aquí y el ahora, ese vínculo maternal nunca desapareció a la hora de entrenar: “ella siempre fue muy profesional y separó mucho las cosas, porque ella decía que si se llevaban los problemas del entrenamiento a la casa iba a ser catastrófico. Sinceramente siento que era al revés, era más madre en el entreno, por lo que ese consejo como madre ha sido un punto a favor para tener un vínculo más fuerte”.
Ángel Hernández vivió su primera experiencia Olímpica en Tokio 2020, aunque en aquella oportunidad terminó noveno, a un puesto de clasificar a la final, su mentalidad continuó gozándose los campeonatos y consigo las medallas de oro (en Juegos Bolivarianos y Panamericanos) no se hicieron esperar.

El tormentoso panorama cambió por un radiante sol que paso a paso le permitió volar y clasificar a París 2024, eso sí, su meta máxima no ha cambiado: “no me cabría en el pecho la felicidad, eso sería una cosa de locos, una cosa de otro mundo. Yo todavía no dimensiono lo que sería tener un metal de los Juegos Olímpicos en las manos”.
Porque disfrutar es vivir, Ángel Hernández volvió a sonreír tras reconciliarse con su pasión en la gimnasia de trampolín, junto con su mamá Katish asistirán a París 2024 para gozar una experiencia en la que buscará entregar todo lo que tiene ese efímero pero inmortal momento de luchar por sus sueños.
