“Buenos días, poeta; estuve hablando de usted con Carlos Orlando Pardo. Me comentó sus intenciones de entrevistarme. Así que estoy a su disposición”.

La voz —dulce, jubilosa, henchida de una cercanía inmediata— deshizo cualquier prevención. No hubo antesala: Esperanza Carvajal Gallego me hablaba ya con la naturalidad de una vieja amistad que apenas comienza. Le expuse el rumbo: un diálogo de aliento profundo, pieza cardinal de un volumen que reunirá a veinte autores del suroccidente colombiano. Trazamos el itinerario con la precisión de quien sabe que la palabra también exige disciplina.
Con la entrevista ya concertada, emprendí camino hacia ese corredor inagotable de libros: el Paseo de Bolívar, en Barranquilla. Entre pilas desiguales de ejemplares y tras hurgar en anaqueles improvisados, apareció, como si aguardara, una edición de segunda mano —íntegra, digna— de Peldaños para escalar la noche, poemario de la colección 50 poetas colombianos, bajo el sello de Caza de Libros (2010).
Era un volumen pequeño, de formato media carta, apenas ochenta páginas y cubierta blanda. En el centro de la portada irrumpía, en blanco y negro, la autora: un primer plano sobrio, la mirada proyectada hacia el horizonte, levemente ladeada a su izquierda. La mitad inferior de la carátula se teñía de rojo intenso; allí, su nombre destacaba en letras blancas, amplias, dominantes, mientras que, más abajo, en caracteres negros y de menor tamaño, reposaba el título de la obra.
Leí el volumen con la pausa con que se disfruta un postre.
De los poemas que contenía leí, de primero, La soledad se cuelga en las paredes. Me impactó ese título. Y al leerlo terminó de estremecerse el fragmento que dice:
Uno sabe que está viejo
cuando tiene más amigos
en el cementerio que en la agenda…
¡Lapidario!
Palocabildo, comarca de labranza donde el café y la yuca dictan el ritmo de la vida, vio nacer a Esperanza Carvajal Gallego el 22 de enero de 1969. Su biografía temprana se divide entre este municipio del norte tolimense y Piedecuesta, un caserío de Falán que le sirve de frontera hacia el sur. En Piedecuesta —no confundirlo con su homónimo santandereano— residió junto a buena parte de su familia y cursó estudios en la Escuela La Normal.
En 1986, poco después de la erupción del Nevado del Ruiz —cataclismo que sepultó extensas zonas de Armero—, se estableció en Ibagué. Allí comenzaría a delinearse, con mayor nitidez, la voz que ya asomaba entre aquellos primeros paisajes.

A ese perfil sobrio que asomaba desde la portada lo respalda una formación rigurosa y una vocación cultivada sin estridencias. Esperanza Carvajal Gallego es egresada de la Licenciatura en Lenguas Modernas de la Universidad del Tolima, casa de estudios en la que su voz comenzó a perfilarse con nitidez en el taller de creación literaria del Centro Cultural, bajo la guía del escritor, cineasta y docente Libardo Vargas Celemín. A esa base sumó una Especialización en Informática y Telemática en la Fundación Universitaria del Área Andina, y una Especialización en Orientación Educativa y Desarrollo Humano en la Universidad El Bosque.
Tras su retiro del magisterio, concentró sus días en la escritura —poemas, minicuentos, reseñas— y en labores que prolongan su vínculo con la palabra: la corrección de estilo, la lectura crítica, el comentario y la presentación de libros. Su presencia se ha extendido también a la formación como tallerista y a la evaluación de obras en certámenes de narrativa y poesía, oficios que ejercita con la misma precisión que exige a sus propios textos.
Su obra poética traza un recorrido coherente y sostenido: El perfil de la memoria (1997), Las trampas del instante(2005), Festín entre fantasmas (2008), Peldaños para escalar la noche (antología, 2010) y Si mañana el tiempo nos aguarda (2013), este último incorporado a la colección Viernes de Poesía de la Universidad Nacional de Colombia. En esta misma vertiente comparece Algún lugar de la noche (2023), bajo el sello de Caza de Libros. En narrativa, publicó Cita cabaret (2021), libro ilustrado de relatos que amplía su registro expresivo.
Sus textos han sido acogidos en antologías y compilaciones de relieve, entre ellas Poetas del Tolima, siglo XX, preparada por Carlos Orlando Pardo Rodríguez, y la Antología de la poesía colombiana (1931-2011) de Fabio Jurado Valencia. A ello se suma su inclusión en repertorios como Antología de poetas tolimenses y Diccionario de poetas tolimenses (Pijao Editores, 2002), La ciudad donde Dios leyó un poema de Camilo Pérez Salamanca (2001), y La poética y narrativa del tolimense del siglo XX (2000), del Fondo Mixto para la Promoción de la Cultura y las Artes del Tolima, entre otros registros que dan cuenta de una presencia constante en el panorama literario. Revistas como Puesto de Combate, dirigida por Milcíades Arévalo, y Vericuetos Colombia (2024), así como publicaciones recientes sobre literatura, violencia y pedagogía para la paz (2025), han acogido también su escritura.
El reconocimiento ha acompañado ese itinerario. En 2021 obtuvo el concurso Expresas de la Secretaría de Cultura del Tolima, en la modalidad de cuento, con Cita cabaret. Su obra ha sido objeto de análisis crítico desde temprano: en el año 2000 fue estudiada en La poética y narrativa tolimense, y más adelante motivó investigaciones académicas como la emprendida por la estudiante Aura Góngora para optar al doctorado en literatura. El escritor y pintor Benhur Sánchez Suárez le dedicó el ensayo Esperanza Carvajal: un camino conquistado (2016), difundido en la revista Canónica y otros medios.
Su nombre figura, además, en el capítulo correspondiente de La santidad del ocio. Poesía del Tolima, siglos XX y XXI (2020), obra de Nelson Romero Guzmán, Leonardo Monroy Zuluaga y Jorge Ladino Gaitán Bayona, grupo que en 2023 le rindió un homenaje audiovisual evocando su trayecto estético. A estos reconocimientos se adicionan premios y distinciones en poesía a nivel regional y nacional, entre ellos el Premio de Poesía Jorge Ernesto Leyva, otorgado por Caza de Libros en 2025.
Otros hitos completan su itinerario: la grabación de sus textos en la Fonoteca María Mercedes Carranza de la Universidad Jorge Tadeo Lozano y su participación activa en Encuentros Literarios. Hoy, lejos del aula, pero no de la palabra, continúa ejerciendo ese oficio silencioso y exigente de leer, corregir y presentar libros, como quien sostiene —con firmeza y sin aspavientos— una obra que no ha dejado de crecer.
Lo que sigue es un diálogo que se interna en el universo de Esperanza Carvajal Gallego para desentrañar los ejes de su poética. En un tránsito por su bibliografía, la autora examina la soledad, el rigor del tiempo y las grietas de la condición humana. Su apuesta es la sobriedad: un lenguaje despojado de artificios que privilegia la pureza emocional y reivindica la memoria como el sustrato en el cual la poesía reconstruye la identidad frente a la adversidad.

En El perfil de la memoria, ¿qué preocupaciones iniciales marcan el tono de su obra?
El perfil de la memoria fue mi primer libro; marcó un derrotero en mi escritura. Es la auscultación al ser humano donde la dualidad queda expuesta, mostrando lo mejor y lo peor de la condición humana. Este poemario expone íntimos naufragios, odios encarnados, deslealtad, indiferencia ante el sufrimiento ajeno y la sensación de vacío, donde nada nos habita porque, tal vez, no reconocimos la máscara asignada a nuestro rostro y la intención de observarnos como si fuéramos otro para poder juzgar nuestras propias fracturas.
Las trampas del instante sugieren una relación compleja con el tiempo. ¿Cómo concibe usted ese instante que, al mismo tiempo, atrapa y revela?
El libro inicia con un epígrafe de la primera parte del Infierno de la Divina Comedia de Dante Alighieri que dice: “Nuestra única pena es vivir con un deseo sin esperanza de conseguirlo”. Y eso es lo que muestra Las trampas del instante: un deseo inconcluso, una esperanza que ha llegado a su fin. En este libro, cada texto se vuelve íntimo y conversacional, pero sin revelaciones o alusiones precisas donde la queja llega sin ningún tratamiento. El poemario está validado por imágenes que arropan las preguntas, el deseo de regresar al origen y partir de este domicilio terreno sin dejar rastro, como una rendición ante el fracaso que el tiempo no puede remediar porque los días transcurren en una espera infinita.
En Festín entre fantasmas, la evocación y la ausencia parecen adquirir nuevas formas. ¿Qué lugar ocupa la memoria en ese libro?
Festín entre fantasmas es un libro que está poblado de ausencias y presencias, sin hallar en ello contradicción. Explora el tiempo y la eternidad, el tiempo y la luz, el tiempo como huida o regreso; la reflexión sobre si vivir solo fuera avanzar sobre las cosas que lastiman, aunque ese logro tarde en llegar o nunca llegue. Sentimientos como ese se convierten en los mayores fantasmas que construyen la interioridad, sin descartar a los fantasmas como entidades que ofrecen compañía. Por tanto, son tratados como amigos a quienes se honra su fidelidad. De esta manera, se fusionan los textos que dan paso a reflexiones que indagan, acompañadas de una carga emocional de soledad, olvido, decepción y desesperanza, sentimientos inherentes al ideario colectivo.
Las trampas del instante es evocación y ausencia. ¿Qué lugar ocupa la memoria en ese libro?
Las trampas del instante es un libro bastante significativo para mí. Cada poema, efectivamente, es evocación, ausencia, reclamo, indagación, petición y deseo de partir ante las miserias de esta tierra. Finalmente, es el reconocimiento de la adversidad donde el derecho al oficio de recordar no es bálsamo, sino un bocado de amor para atenuar la imperiosa necesidad de huir o de morir.
Peldaños para escalar la noche propone desde su título una ascensión en medio de la oscuridad. ¿Qué significa para usted ese tránsito?
Peldaños para escalar la noche forma parte de un proyecto llamado Cincuenta poetas colombianos y una antología, idea que surgió de Pablo Pardo Rodríguez con su sello editorial Caza de Libros. Este trabajo contiene poemas que, por su temática, pertenecen a un estilo donde la interioridad y la soledad se juntan para indagar y hacer un constante cuestionamiento al lector y al periplo del hombre por la vida. En este caso, el dolor, la soledad y el tiempo se tornan peldaños iluminados por los giros del lenguaje en el ascenso a la escalera de la vida que, con un lenguaje más esperanzador, enfrenta la confrontación del mundo.
El primer acercamiento que tuve a su obra fue el poema La soledad se cuelga en las paredes. ¿Cómo nació ese texto y qué lugar ocupa dentro de su universo poético?
La soledad se cuelga en las paredes es un poema que amo dolorosamente. Nació de una conversación que tuve con un amigo cuando llegó a mi casa y lanzó la expresión “La soledad se cuelga en las paredes”, en alusión al autor de una obra que, para entonces, ya no estaba entre nosotros. Desde ese momento, la conversación fluyó de manera lenta; para ilustrarlo con mayor claridad, cito un verso del poema: “La conversación fluía como una gota de agua en una llave mal cerrada”. Posteriormente, el poema fue un torrente que no dio paso a la duda.
¿Considera que su obra sigue una línea evolutiva consciente o responde más bien a impulsos vitales que se transforman con el tiempo?
Toda obra —y no hablo exclusivamente de la poesía— debe obedecer a un orden evolutivo, constante y consciente en la medida que obedezca a una intención clara. No quiero decir que se deban dejar de lado los impulsos vitales, porque en ocasiones es la urgencia de un poema que quiere aflorar y, por supuesto, hay que darle espacio para que fluya. Lo importante es que esa imagen o emoción primaria se deje reposar para no caer en la premura. Si pasado un tiempo considerable se vuelve a retomar y el extrañamiento o la sorpresa aún causan el efecto inicial, entiendo que ahí hay algo para pulir.
Su lenguaje se caracteriza por la sobriedad. ¿Es una decisión deliberada apartarse de lo ornamental?
Cuando un poema o un libro nos lleva en ascenso a la comprensión y la emoción, acompañado de imágenes claras y figuras que enriquecen el contenido, este se torna más bello y profundo. Un buen texto debe ser limpio y claro; para lograrlo, requiere alejarse de palabras rimbombantes y de simbolismos que esconden y oscurecen la pureza del sentido, porque eso lo hace menos comprensible al lector. El interés por la sobriedad y el cuidado del lenguaje se encuentra en la totalidad de los textos. Tal es el caso de los últimos dos libros a los que no he hecho alusión. En primera instancia se encuentra Cita cabaret, un libro de relatos que oscila entre realidad y ficción, cargado de ironía y sarcasmo frente a los entes gubernamentales, la Iglesia y la sociedad en general. Finalmente, Algún lugar de la noche; algunos de los poemas incluidos en otros libros ya habían abordado márgenes del aspecto social. Aquí se profundiza sobre los desheredados del afecto y el amor, el destino de los exiliados, la indiferencia ante la escasez que padecen los marginales, la casa sola que espera a sus moradores, la esperanza del regreso de los seres que desaparecieron sin explicación alguna, la búsqueda incansable de los hijos reclutados, la orfandad y la soledad frente al desamparo de estas tragedias.
¿Qué autores o tradiciones han influido de manera más decisiva en su escritura?
Son tantos los autores que me han cautivado, y no hablo solo en el campo de la poesía. La narrativa, psicología, filosofía y sociología, por nombrar algunas áreas, hacen que me resulte difícil establecer nombres de autores que han estado presentes en mi formación lectora. Debido a eso, prefiero no mencionar ninguno porque, de otro modo, caería en un sesgo literario imperdonable.
En Si mañana el tiempo nos aguarda, el título sugiere una tensión entre esperanza e incertidumbre. ¿Cómo conviven esas dos fuerzas en su poesía?
Nunca he tenido una relación comprensible con el tiempo, y eso es visible a lo largo de mis textos. Aquí coexisten diversas emociones: la incertidumbre de las promesas hechas al azar, la esperanza que se arrebata a ese costado de la noche (entendida como las preocupaciones en noches de vigilia) o el dolor de la esperanza perdida donde nadie nos espera ni anima nuestro esfuerzo para tener la certeza de que le importamos a alguien. No importa si es luz u oscuridad lo que nos guía; existe una constante incertidumbre de los amaneceres que llegan como una batalla que estruja el alma y el cansancio de vivir expresado en el poema Esa costumbre de ir. Así transcurre la temática del poemario, desencantado de los días que vienen y se van, como se observa en el poema Saqueadores de la luz: “Todos los días se arrojan a la caneca como un desperdicio más / expuesto a los saqueadores de la luz”.
Sus textos han sido incluidos en diversas antologías. ¿Qué significa para usted formar parte de ese conjunto de voces de la poesía colombiana?
Me siento muy afortunada y agradecida con el universo por permitirme ocupar un puesto significativo en la poesía departamental y nacional. De igual forma, siento una gran responsabilidad frente a la exigencia de mi trabajo y respeto hacia los lectores.
¿Cómo fue su experiencia en el taller de creación literaria orientado por Libardo Vargas Celemín y qué huella dejó en su proceso?
El taller de creación literaria al cual asistí durante diez años aproximadamente, bajo la dirección del profesor Libardo Vargas Celemín en la Universidad del Tolima, representó para mí la oportunidad de adquirir un aprendizaje en materias literarias que no estaban contenidas en el programa de formación académica en Lenguas Modernas. Además, se creó un grupo sólido que facilitó los primeros acercamientos a la creación del texto literario y a la crítica con rigor.
¿De qué manera su formación en Lenguas Modernas influyó en su relación con la palabra poética?
La formación que tuve en Lenguas Modernas me dio un impulso para enamorarme más de la literatura, ya que mi formación lectora había empezado mucho antes de comenzar la universidad. Aunque lo que verdaderamente moldeó mi deseo por la escritura fue el haber pertenecido al taller de creación, que me brindó herramientas sólidas para asumir el oficio con mayor seguridad.
Tras su retiro del magisterio, ¿cambió su ritmo o su forma de asumir la escritura?
Mi trabajo como maestra y mi oficio de poeta han sido dos campos que se desarrollaron paralelamente sin interferir uno con el otro. Mi compromiso con la literatura nunca ha estado sujeto a otras actividades y, tras mi retiro, he seguido esta misma línea de exigencia.
¿Qué papel cumplen el silencio y la pausa en la construcción de sus poemas?
Las pausas y silencios en mi poesía, aparte de ofrecer ritmo, cadencia, musicalidad y mesura en la lectura, los utilizo para hacer énfasis en un verso que contiene una idea imposible de dejar pasar desapercibida. También esas pausas y silencios modifican la intención, porque en ocasiones cuesta trabajo expresar una imagen que está profundamente enraizada en el alma, y las herramientas poéticas y lingüísticas dan el impulso para configurar el texto.
¿Qué tipo de lectura considera fundamental para los jóvenes que se acercan a la literatura por primera vez?
El acercamiento a la literatura juvenil es de vital importancia porque inicialmente se identifican con sus propias experiencias y las de otros jóvenes; de esta manera, sienten que no están solos en sus expectativas. Es oportuno volver a los clásicos de la literatura infantil y juvenil. Ahí la ficción juega un papel importante; esto los introduce paulatinamente en otro tipo de lecturas que les facilitará el discernimiento en cualquier tipo de texto que aborden.
Y, en contraposición, ¿de qué tipo de libros deberían apartarse o ser más cautelosos los jóvenes lectores?
En tiempos del ruido, la era digital, el furor de la IA y otros medios donde la información está al alcance de la mano sin requerir esfuerzo intelectual es preciso acompañarlos en la escogencia de sus lecturas. Los jóvenes están expuestos a información que, en el momento, puede no ser apropiada para su formación. No se trata de prohibir, sino de brindar herramientas de pensamiento para que puedan juzgar el alcance de un libro y entiendan cuánto daño puede hacer una lectura que derive en un comportamiento guiado a causar daño moral, físico o intelectual, afectando la integridad del entorno social y ambiental.
Su obra aborda la pérdida sin caer en lo confesional explícito. ¿Cómo logra ese equilibrio entre lo íntimo y lo universal?
Cuando se aborda un tema tan sensible para hablar de una experiencia desafortunada, es imperativo tomar distancia del hecho para no caer en lo explícito. La forma directa de exponer una imagen, sin un tratamiento del lenguaje que transforme y embellezca esa realidad, da paso a un intento fallido de creación; lo que se logra es caer en sensiblerías que matan el texto antes de conocer la luz de la crítica.
¿Cree que la poesía sigue teniendo un lugar vigente en una época dominada por la inmediatez?
Mucho se ha dicho sobre el lugar que ocupa la poesía en la humanidad. Algunos pregoneros de su extinción siguen esperando que esto suceda, pero la fuerza de la palabra y la contundencia de su legado siguen presentes. Leemos a los clásicos, autores de elevada estatura intelectual a los cuales se remiten los lectores; no es por moda, sino porque su vigor literario es inagotable. ¿Cómo explicar, si no, el fenómeno de las ferias del libro con presencia de escritores de todas las latitudes y un público ávido de todas las edades? De ahí nace el compromiso del escritor con su obra para que perdure y se sostenga en el tiempo.
Finalmente, ¿qué le exige hoy la escritura y qué le sigue ofreciendo?
A la poesía le entrego disciplina, pasión por la escritura, el silencio de la soledad, mi confrontación con el mundo, capacidad de asombro, horas de lectura, rigor y mis intentos fallidos ante la página en blanco. Ofrezco el poder de concisión para crear un mundo en pocas palabras, la desnudez de mi alma, mis miedos, dolores, frustraciones, quejas y la humildad para reconocer que no todo lo escrito tiene cabida en el ámbito de la poesía. A cambio, la poesía me ofrece la capacidad de dispersarme dentro de mi propia conciencia, mirar hacia mi interior y cuestionarme. Me da la capacidad de juntar las partes rotas que se hallan en mí. Me brinda asombro ante mi propia creación; en ella algunas veces me desconozco y me pregunto en qué momento ese poema brotó de mi experiencia y creatividad.
