Salir a disfrutar del mar en Puerto Colombia se ha convertido, para varias familias, en un viaje sin regreso. En menos de cinco meses, las playas del municipio han sido escenario de una preocupante cadena de desapariciones y muertes por inmersión que mantiene en alerta a las autoridades y a los organismos de rescate. Detrás de cada caso hay una historia marcada por la tragedia, pero también un patrón que los salvavidas aseguran haber advertido una y otra vez: el ingreso a zonas peligrosas, el desconocimiento de las corrientes de retorno y, en muchos casos, el incumplimiento de las recomendaciones.

Los nombres cambian, pero la historia parece repetirse. Emanuel Gastelbondo, de 19 años, desapareció en las playas de Salgar durante un puente festivo y horas después fue encontrado sin vida. Semanas antes, Santiago Andrés Fonseca, de 17 años, murió tras ser arrastrado por la corriente mientras compartía con varios amigos cerca del muelle de Puerto Colombia.
La lista de víctimas continuó creciendo con Samuel Cárdenas, un joven que había viajado desde Bogotá para celebrar su graduación y desapareció al ingresar al mar durante la noche. También Luis Fernando Jaimes perdió la vida luego de ser arrastrado por el fuerte oleaje en la madrugada. Entretanto, la incertidumbre sigue acompañando a la familia de Mateo Isaí Arias, desaparecido desde febrero, cuyo cuerpo aún no ha sido localizado pese a las intensas jornadas de búsqueda adelantadas por los organismos de socorro. A estos casos se suma el reciente fallecimiento de José Pinto Cáceres, un adolescente de 16 años que también perdió la vida en medio de las difíciles condiciones del mar.
Aunque las circunstancias de cada emergencia son distintas, todas tienen un elemento en común. Las fuertes corrientes de retorno y un oleaje que, en cuestión de segundos, puede arrastrar mar adentro incluso a personas con experiencia en natación.
Las inmersiones que enlutan las playas y el llamado urgente de los salvavidas
Para Brandon Duque, supervisor del cuerpo de salvavidas de Puerto Colombia, la mayoría de estas tragedias podrían evitarse si los visitantes atendieran las recomendaciones que diariamente entregan quienes vigilan las playas.
“Desafortunadamente esto se está debiendo a la inconsciencia de los bañistas. Ingresan en zonas de peligro, ingresan en horarios que no deberían ingresar al agua y no acatan las recomendaciones de los salvavidas”, explicó.
Duque señaló que este año el comportamiento del mar ha sido atípico. Según indicó, para esta época las condiciones normalmente deberían ser más tranquilas; sin embargo, el fuerte oleaje se ha mantenido durante varios meses, aumentando considerablemente el riesgo para quienes ingresan al agua.
“Para esta fecha el mar ya debería estar calmado, pero debido al fenómeno que estamos atravesando, las aguas se encuentran extremadamente agresivas. No hemos tenido tiempos de calma en lo que va del año”, afirmó.
El supervisor explicó que los sectores más peligrosos son los espolones y las zonas donde se forman corrientes de retorno, consideradas el principal riesgo para los bañistas.
“Esas son las corrientes que te arrastran mar adentro. Aunque una persona sepa nadar, si no sabe cómo salir de una corriente de retorno, difícilmente podrá sobrevivir”, advirtió.
Su experiencia respalda esa afirmación. En una década de servicio, asegura haber participado en más de un centenar de rescates, una cifra que refleja la frecuencia con la que ocurren este tipo de emergencias en las playas del municipio.
“Son más de cien personas las que he logrado sacar del agua durante estos diez años de carrera”, relató.
Desde el cuerpo de rescatistas, Marlon Gerónimo, quien completa 14 años de servicio sin registrar una muerte durante sus intervenciones, insiste en que el comportamiento de la víctima durante los primeros segundos puede marcar la diferencia entre la vida y la muerte.
Explica que cuando una persona es atrapada por una corriente de retorno, el peor enemigo es el desespero. Los movimientos bruscos y el intento desesperado por regresar a la orilla provocan un desgaste físico acelerado que reduce considerablemente las posibilidades de sobrevivir hasta la llegada de los rescatistas.
Por ello, recomienda conservar la calma, mantener el cuerpo lo más relajado y extendido posible, levantar ambos brazos para facilitar la ubicación por parte de los salvavidas y evitar luchar directamente contra la fuerza del mar.
Gerónimo también advirtió sobre otro factor que se repite en varias emergencias: el consumo de bebidas alcohólicas antes de ingresar al agua.
“El alcohol afecta los músculos, disminuye la conciencia y altera la capacidad para tomar decisiones. Eso hace que las personas reaccionen de manera equivocada cuando se presenta una emergencia”, señaló.
Los salvavidas reiteran que la mejor herramienta para evitar nuevas tragedias sigue siendo la prevención. Recomiendan acercarse siempre a los puestos de vigilancia antes de ingresar al mar, consultar cuáles son las zonas habilitadas para el baño, respetar las banderas de advertencia y cumplir los horarios establecidos para la presencia del personal de rescate.
Mientras las familias de las víctimas intentan sobreponerse al dolor y otras continúan esperando respuestas sobre el paradero de sus seres queridos, quienes diariamente vigilan las playas de Puerto Colombia lanzan un nuevo llamado a la conciencia ciudadana: disfrutar del mar también implica respetar sus riesgos. En un escenario donde las corrientes pueden cambiar en segundos, escuchar a los salvavidas puede significar la diferencia entre regresar a casa o convertirse en una nueva tragedia.
Redacción: Alejandro Sandoval y Mateo Rueda
Foto-edición: Mateo Rueda y Alejandro Sandoval
