Santo Tomás comienza a preparar su Carnaval 2027 con el nombramiento de María Angélica Barandica Cahuana y Roberto Acosta Badillo como sus nuevos reyes. La pareja tendrá un papel especial en la próxima temporada, pues será anfitriona de los 50 años del Reinado Intermunicipal, una celebración que reúne a representantes de distintos municipios del Atlántico alrededor de sus tradiciones culturales.
La designación marca el inicio de una agenda que tendrá como protagonistas las danzas, las comparsas y las expresiones populares que han hecho parte de la historia carnavalera de Santo Tomás. La conmemoración de las cinco décadas del certamen será uno de los principales acontecimientos de esta edición.
María Angélica Barandica, de 21 años, cuenta con experiencia en el mundo de las comparsas. Ha participado en agrupaciones como Pambiche y Arte en Movimiento, una trayectoria que la acerca a las manifestaciones folclóricas que representará durante su reinado. Actualmente cursa octavo semestre de Optometría en la Universidad Metropolitana.
Por su parte, Roberto Acosta Badillo, elegido Rey Momo, es folclorista y hacedor cultural. Su historia está ligada a una familia que ha mantenido una relación cercana con las tradiciones del Carnaval, con distintas generaciones vinculadas a la música y las expresiones culturales de la fiesta.
Ese legado familiar incluye a su padre, el escritor Julián Acosta, quien ha hecho parte de ese vínculo con el Carnaval, y a su hija, Natalia Acosta, quien fue Reina del Carnaval de Santo Tomás en 2024.
La elección de los nuevos soberanos se produce en la antesala de una edición significativa para el municipio. Los 50 años del Reinado Intermunicipal representan una oportunidad para reconocer a quienes han contribuido a mantener vivas las celebraciones populares y fortalecer los lazos culturales entre las poblaciones del departamento.
Con María Angélica Barandica y Roberto Acosta al frente de la monarquía, Santo Tomás comienza el camino hacia su Carnaval 2027, una temporada que tendrá la mirada puesta en la memoria de sus hacedores, la identidad del territorio y la continuidad de las tradiciones que distinguen al Atlántico.
