La historia de Teddy Bocanegra sigue viva en la memoria de quienes lo conocieron. Su asesinato, ocurrido el pasado lunes en el barrio San Roque, en pleno centro de Barranquilla, no solo estremeció a la ciudad, sino que también dejó una herida profunda en Palmar de Varela, tierra que lo vio crecer y donde hoy su nombre se repite con dolor.
A medida que avanzan los días, el caso empieza a contarse más allá de los informes oficiales. Esta vez, desde la voz de su madre, Everlina Cantillo, quien en medio del llanto reconstruye la imagen de su hijo como un hombre cercano, servicial y profundamente querido. Sus palabras no solo evocan recuerdos, también reflejan la incredulidad de una familia que aún no entiende por qué terminó así una vida dedicada al trabajo.
Según su relato, Teddy era de esas personas que siempre estaban dispuestas a tender la mano. No importaba si conocía o no a quien necesitaba ayuda. Esa forma de ser lo convirtió en alguien apreciado tanto en su entorno familiar como entre amigos y conocidos, quienes hoy lamentan su partida.
Pero su historia también se construye desde lo cotidiano. Era padre de cinco jóvenes, a quienes sacaba adelante con esfuerzo. Además, tenía una pasión especial por la cocina. Disfrutaba preparar platos para sus seres queridos, compartir en familia y reunir a los suyos alrededor de la comida, espacios que hoy se transforman en recuerdos cargados de ausencia.
En medio del dolor, su madre elevó un clamor claro. Pide justicia. Insiste en que su hijo no merecía morir de esa manera y exige que el caso no quede en el olvido. Su voz, entrecortada por la tristeza, representa a una familia que busca respuestas en medio de la incertidumbre.
Mientras tanto, las autoridades continúan investigando las causas del crimen. Entre las hipótesis que se analizan, toma fuerza la posibilidad de que el hecho esté relacionado con extorsiones, una problemática que viene golpeando con fuerza al comercio en la ciudad y en todo el departamento del Atlántico.
Así, la historia de Teddy deja de ser solo un caso más. Se convierte en el reflejo de una realidad que afecta a trabajadores que, como él, intentaban salir adelante. Hoy su ausencia no solo deja un vacío en su hogar, sino también un mensaje que resuena entre quienes temen que la violencia siga arrebatando vidas en silencio.
Redacción: Alejandro Sandoval
Foto: Alejandro Sandoval
