miércoles, mayo 6, 2026 5:53 pm

Casa Cultura15 años de tradición y amor en el hogar de Beatriz Samper

15 años de tradición y amor en el hogar de Beatriz Samper

por Cristian Álvarez Gómez

La época navideña fortalece los corazones, refuerza los lazos familiares y crea uniones inquebrantables. También despierta un orgullo profundo en quienes viven esta temporada con fe, dedicación y amor por la tradición. Ese es el sentimiento que late en el hogar de la señora Beatriz Samper , una mujer que desde hace 15 años convierte un rincón de su casa en una auténtica villa navideña, cargada de historias, símbolos y recuerdos.

Desde la sala de su hogar, Beatriz nos cuenta cómo esta tradición comenzó de manera sencilla. “Yo inicié más o menos la villa hace 15 años. Lógico, tenía poquitas cosas, lo hacía debajo de la escalera. Luego, año por año, fui comprando, me regalaban, mis hermanas que vivían fuera me apoyaban, yo pedía por internet y ellas me ayudaban”, relata. Con el paso del tiempo, la villa fue creciendo tanto que tuvo que cambiar de espacio en varias ocasiones: primero el comedor, luego otros rincones, hasta que este año decidió instalarla en la sala, retirando prácticamente todos los muebles para dar vida a su gran creación.

La inspiración surgió a partir de unas pequeñas casitas navideñas y el impulso de una amiga que la animó a comenzar. Desde entonces, Beatriz fue adquiriendo cada accesorio con especial cuidado: pistas, puentes, carritos, figuras humanas y escenarios completos. “Cada accesorio tenía que tener sus elementos. Si había bomberos, conseguía los bomberos; si era la policía, los policías; el hospital con el médico y la enfermera. Así fui organizando la villa”, explica. Aunque desde hace unos tres años no ha comprado nuevas piezas, la villa se mantiene viva, con algunos retoques y renovaciones en árboles y detalles.

Más allá de lo visual, cada espacio tiene un sentido. La villa cuenta con zonas diferenciadas: áreas frías, bosques, un mercado, espacios institucionales como la policía, los bomberos y el colegio. Beatriz busca que todo se asemeje a los pueblos europeos en época de invierno, cuidando la armonía y la narrativa del paisaje. “Cada año siento que estoy jugando. Y cuando uno juega, crea. La creatividad nace ahí”, afirma.

La construcción del montaje toma aproximadamente 15 días. Para la parte estructural cuenta con el apoyo de una persona que trabaja el icopor tallado, mientras ella se encarga de la creatividad y la organización. Mesas de madera, cajas, guata y otros materiales sirven como base para levantar esta escena que transforma por completo el ambiente del hogar.

La tradición navideña ha sido parte fundamental de su vida desde la infancia. “A mis papás siempre les gustó la Navidad. En la casa nunca la dejamos pasar inadvertida”, recuerda. Además de la villa, Beatriz arma el árbol, el pesebre y celebra con entusiasmo otras festividades, incluyendo los carnavales.

Su mensaje final es una invitación abierta a las familias: crear espacios de amor, unión y tradición. “Ojalá muchos hogares pudieran hacerlo, sobre todo si tienen niños. Aquí vienen personas mayores y disfrutan porque vuelven a la niñez. Esto es un hobby, una forma de compartir”, concluye. Su villa no es solo una decoración: es un testimonio vivo de cómo la Navidad puede unir generaciones, despertar emociones y mantener encendida la magia de la tradición.