martes, abril 21, 2026 9:42 am

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La palabra como herencia y revelación en la voz de Concepción Martes Charris

por Redacción: Noticias Coopercom

Esta tarde pensaba en ti

y te apareciste igual a como eras

cuando vivías en la casa de la esquina

con un par de soles tiernos en los ojos

y era yo un muchacho más 

de los que tu abuela ahuyentaba 

con el agua de jabón por la ventana 

y allí siempre estabas tú, 

inocente de lo que por ti ocurría 

en este pobre corazón.

¡Tiempos aquellos, Magnolia! 

Y tú matando de indiferencia

las estrellas.

Ese bello, sentido e inolvidable poema de Concepción Martes Charris, incluido en su obra prima ‘Farallón desnudo de los vientos’, editada por Ediciones Zona, se quedó entronizado en mi mente y en mi corazón tan pronto lo leí.

Ese poema destila una ternura entrañable que evoca, con sutileza y nostalgia, los amores primeros: esos que viven en la memoria con una intensidad casi sagrada. La imagen de la muchacha —con “soles tiernos en los ojos”— ilumina un pasado donde la inocencia convivía con el temblor secreto del corazón adolescente, mientras la abuela fungía como guardiana de un mundo doméstico y lejano. La pieza conmueve por su sencillez poderosa, por esa mezcla de candor y melancolía que convierte a ‘Magnolia’ en un símbolo de lo inalcanzable, capaz incluso de “matar de indiferencia las estrellas”.

Concepción Martes Charris nació el 8 de diciembre de 1956 en Polonuevo, un bello municipio de sol y arena perteneciente al departamento del Atlántico. Fue profesor de español apenas por dos meses, antes de ser trasladado a El Carmen de Bolívar, pero aun así dejó una huella honda en mi corazón. Corría el año 1984; yo cursaba el último grado de bachillerato y daba mis primeros pasos en el periodismo. Desde entonces nació una relación entrañable que, con el tiempo, se convirtió en una amistad sólida y afortunada.

Solía visitarlo en su casa del barrio Las Nieves, donde vivía junto a su bella esposa Astrid —también docente— y sus encantadores hijos: Luchito, Lucy y el silencioso ‘monito’ Adalberto. Aquellas tardes estaban hechas de conversación tranquila, de un afecto sencillo, de esa calidez que él llevaba como una segunda piel.

Bachiller del colegio San Pablo, licenciado en Filología e Idiomas por la Universidad del Atlántico y psicolingüista formado en la Universidad Francisco José de Caldas, Concepción siempre supo unir su vida académica con la carga emocional que lo impulsaba a escribir.

Sus trabajos poéticos aparecieron en diversos suplementos literarios de la región, entre ellos los desaparecidos Suplemento Literario de La Libertad’, Diario del Caribe y El Informador de Santa Marta, además de El Tiempo Caribe. También fue acogido por numerosas revistas: Escarabajo, Expresión Naciente, Cultura Zeta, Letras, publicaciones de la Corporación Universitaria del Caribe, El Túnel, Luna y Sol, entre muchas otras.

Es autor de los poemarios ‘Farallón desnudo de los vientos’ (1992), ‘Poemas del corazón adolescente’ (2000) y ‘Rimas y poemas para soñar la infancia’. Su obra ha sido incluida en varias antologías, entre ellas ‘Esos besos tuyos’ (Palmira, Valle), ‘Eros en la costa’, ‘Poemas del amor ardiente’ de la revista ‘Luna y Sol’, así como en la Antología Internacional del Festival de Poesía ‘Desde el Sur’ (Pasto, Nariño, 2009).

Su vida, entre letras y aulas, estuvo marcada por más de cuarenta años de docencia en distintos colegios de secundaria y en instituciones de educación superior como la Corporación Universitaria del Caribe Cecar, sede Barranquilla; la Universidad de Pamplona; la Universidad Metropolitana y la Universidad del Atlántico.

Abrimos paso ahora a la palabra viva de Concepción Martes Charris, en una conversación que recorre los senderos de su universo creativo.

¿Qué lugar ocupa el poema ‘Esta tarde pensaba en ti’ dentro del conjunto de su obra y de su evolución emocional y estética a lo largo de los años?

El verso que mencionas es el inicio del poema ‘Magnolia’. Este texto aparece en un momento de maduración de los poemas que más tarde reuniría en ‘Farallón desnudo de los vientos’, y funciona como una señal en la búsqueda de un equilibrio entre la poesía emotiva y un lenguaje cuidadosamente elaborado. Ser el autor de ‘Magnolia’ en un momento decisivo de mi trabajo significó la apertura de una puerta; tal vez la que buscaba para consolidar una poesía fundamentada en el amor como leitmotiv, que me serviría de derrotero para alcanzar lo estético y emocional a través del verso como medio de comunicación lingüístico y literario.

En ‘Farallón desnudo de los vientos’, ¿qué temáticas considera fundamentales para comprender la sensibilidad que marca su poesía temprana?

La temática de ‘Farallón’ comprende una gama de motivos, caros y necesarios a todo poeta en la consecución de un acto de fe poético fundamentado en todo aquello que ofrecen las experiencias y la observación del mundo: las elucubraciones, las sensaciones, lo material, lo desconocido, la vida, la muerte, la felicidad, el amor y el dolor. Soy ciudadano del mundo; por lo tanto, me marca todo lo que me hace sensible y, por consiguiente, humano.

¿De qué manera dialogan la memoria y la adolescencia como ejes articuladores de su voz poética?

El ser humano existe gracias a lo que atesora la memoria como receptora cultural de un entorno colectivo. De ahí que ese recuerdo atraviese por los cuatro costados al hombre y su conciencia; lo reafirma. Y no solo desde la adolescencia, sino a través de toda la vida, direccionando sus actos desde el pasado en un recorrido existencial que solo acaba con la muerte. Sin embargo, es quizás en la etapa de la adolescencia cuando más duele el ser humano y más dulce sabe la vida; estas manifestaciones permanecen para siempre en la conciencia y marcan la brecha poética a través de la cual se desborda el subconsciente. Es entonces donde aparece ese diálogo —ajeno a la edad cronológica— con el niño o adolescente que todos llevamos dentro.

¿Cómo surgió la imagen de ‘Magnolia’ y cuál es su significado íntimo dentro de su universo creativo?

‘Magnolia’ es un rayo de luz sobre mi poesía por lo que ha representado para mí, para los lectores y para los amigos de los círculos literarios; a la larga, principio y fin de todo poema. No conozco a ningún escritor que trabaje para no ser leído. ‘Magnolia’ llegó al público y es, junto a ‘Farallón desnudo de los vientos’, el texto más celebrado entre mis contertulios. Se me reveló por la sonoridad del nombre; es el significante de una planta de vistosas flores, pero también de una mujer desconocida que puede ser una y todas a la vez.

En su obra se percibe una nostalgia luminosa: ¿qué importancia tiene el paisaje del Caribe —su luz, su viento, su cotidianidad— en la construcción de ese tono evocador?

En ‘La canción de los pinos’, Rubén Darío se pregunta: ¿Quién que es, no es romántico?, tal vez para referirse a la condición del individuo sensible que se debe a su medio y se adhiere a las costumbres, al paisaje y al sentimiento. Nos quedamos con los pies sobre la tierra, pero también cabalgamos sobre el tiempo y requerimos alas para volar a otras dimensiones. Mi mundo es la costa Caribe: es todo lo que amo, respiro y llevo dentro; a este territorio le canto.

Su paso por la docencia fue extenso y apasionado. ¿Cómo influyó su experiencia en el aula en su escritura y en su manera de entender el lenguaje?

La formación de jóvenes ha sido una de las experiencias más maravillosas que he tenido. La mejor manera de llegar a ellos es mediante la empatía comunicativa entre actores lingüísticos. El poder de la palabra hechiza cuando se fusionan lenguaje y corazón. Así lo he entendido: como un pan dulce para comulgar y el elemento necesario para alcanzar el alma de los otros y nombrar el mundo.

Usted es licenciado en Filología e Idiomas y además psicolingüista. ¿Cómo dialogan las ciencias del lenguaje y la creación literaria en su proceso de escritura?

Poseer conocimientos profesionales puede ser ventajoso, pero hay factores que no proporciona la academia, sino las habilidades, el compromiso, la vocación y una fuerza interior que nace del cerebro y el corazón: el talento. En mi caso, nunca siento seguridad plena al escribir por el hecho de conocer los secretos de la escritura; no alcanzo la satisfacción hasta cuando el lector, siempre sabio y crítico, asume su rol y aprueba mi propuesta. El éxito ocurre cuando el lector aprehende esa simbiosis entre lenguaje y creación, unificados en un acto revelador, en una esencia de estilo, en un poema.

A lo largo de su trayectoria ha sido publicado en suplementos y revistas literarias claves de la región. ¿Qué papel desempeñaron esos espacios en la consolidación de su obra?

Haber sido publicado en esos medios especializados, especialmente en mis inicios, fue una bella posibilidad de mostrar esa otra parte del “yo” y la otredad del individuo en la búsqueda constante de nuestra identidad. Indudablemente, fue un impulso para crecer y creer en mi oficio en un mundo lleno de poetas sin poemas.

¿En qué momento descubrió que la poesía sería una manera de nombrar lo que la vida no podía decirle de otro modo?

No tengo certeza absoluta, pero me aventuro a afirmar que los poetas gozamos de una génesis creadora que, en el momento menos esperado, nos regala una imagen —metáfora o sinestesia— para nombrar aquello que nos asalta el asombro. Esto nos lleva a exaltar, a modo de homenaje, aquel evento que nos tocó las fibras. La observación y la imaginación son las mejores aliadas de la poesía.

Sus poemas suelen partir de experiencias personales, pero alcanzan un tono universal. ¿Cómo logra equilibrar lo íntimo y lo colectivo sin perder autenticidad?

Siempre será necesaria la búsqueda de equilibrio entre realidad, ficción y el lenguaje escogido. Lo íntimo se vuelve colectivo gracias a la valentía del autor al expresar su subjetividad. Cuando un autor hace esto, invita a la sociedad a valorar su intimidad y compartirla, porque se toma sin permiso la sensibilidad del otro y la vuelve común. Este acto, hecho de buena fe, jamás pierde su autenticidad.

¿Qué significa para usted ver su obra incluida en diversas antologías nacionales e internacionales?

Representa un gran impulso motivacional para no declinar en mi empeño de seguir compartiendo mi trabajo poético como la única y definitiva forma de íntima expresión.

En ‘Poemas del corazón adolescente’, explora el temblor juvenil desde la madurez. ¿Qué desafío implica volver a la emoción primera sin caer en la idealización?

Tanto en ese libro como en ‘Rimas y poemas para soñar la infancia’, me tocó asumir un corazón de joven y de niño para revivir una experiencia que nunca se va del todo. El sentimiento prevalece porque el ser racional es adaptable, aunque la madurez no se deje traicionar por las nostalgias. Bastó calzarme los zapatos de la juventud apoyándome en la sabiduría de mis años actuales.

¿Cuál es el valor que otorga a la sencillez expresiva en la poesía y cómo la trabaja para que conserve profundidad?

Es un tema polémico. Hay quienes piensan que el poema debe ser hermético y exigente; respeto esa apreciación, pero le apuesto a una poesía sin artificios que llegue a todos los niveles de la sociedad y sea valorada como una invitación al alcance de cualquier lector.

En su vida ha habitado distintos lugares de la región Caribe. ¿Cómo se filtran esos territorios en la estructura simbólica de sus poemas?

El hombre es producto de su entorno. Es difícil evadirse del tiempo y del espacio. Si el poeta se nutre de su alrededor, se torna más auténtico. La geografía se filtra por mi piel y emerge convertida en símbolo dentro del poema.

En sus poemas se percibe un respeto por la inocencia y por la fragilidad del recuerdo. ¿Cree que la poesía es también un acto de protección frente al olvido?

Siempre. La poesía guarda la memoria poetizada de un instante. Las artes y la literatura nos salvan del olvido.

¿Qué autores han marcado su formación poética y su mirada sobre la palabra?

Es muy difícil señalar tres o cuatro autores como posibles animadores de mi poesía, porque los escritores son producto de lo que han leído a lo largo de sus vidas; quizás hayamos sido lectores eclécticos inconscientes y nos hayamos robado un poco de lo que nos gusta de nuestros autores preferidos, han sido muy importantes para mí: César Vallejo, Pablo Neruda, Emily Dickinson, Octavio Paz, Walt Whitman, Miguel Hernández, Federico García Lorca; acá en Colombia: Aurelio Arturo, Luis Vidales, Raúl Gómez Jattin. No me puedo olvidar de Homero, la Ilíada es el poema más extenso y hermoso que he leído. La lectura de estos poetas grandes nos ha teñido de vida nuestros pasos.

¿Cómo concibe la relación entre la vida cotidiana y la creación literaria? ¿Dónde comienza para usted el impulso poético?

La cotidianidad ofrece los motivos, pero el escritor los pule con la imaginación. El impulso nace con la aparición de una imagen reveladora que hace posible el verso.

Después de tantos años de docencia, ¿qué aprendizajes dejaron sus estudiantes en su manera de ver la literatura?

Aprendí que enseñando también se aprende. La literatura en la secundaria, a veces, se percibe como un castigo y no como un gozo estético. Estamos perdiendo la batalla si la juventud no lee; sin embargo, en mi carrera también encontré excepciones maravillosas. Veo la literatura como un manjar que la juventud aún debe aprender a saborear.

¿Qué tipo de lectura les recomienda a los jóvenes para que fortalezcan su sensibilidad y su amor por la palabra?

Que lean lo que verdaderamente les interese —ciencia, humanidades o arte—, pero que lo hagan con seriedad, compromiso y criterio. Así se asegurarán un lugar de honor en la sociedad.

¿De qué tipo de lectura deben huir los jóvenes si desean desarrollar un criterio estético sólido?

Más que prohibir, recomiendo seleccionar. Hay que alejarse de la literatura vacía que no aporta nada al crecimiento intelectual o a la esencia del ser humano.

Por: Fausto Perez Villarreal