Un Carnaval sostenible no se decreta en una oficina; se amasa con las manos en los talleres y se levanta con el sudor de quienes, como el maestro Rubiel Badillo, llevan décadas transformando la fantasía en estructuras monumentales. Para este artista plástico, gestor cultural y docente de la Escuela Distrital de Arte (EDA), la sostenibilidad no es una moda, sino la evolución natural de un oficio que ha ejercido por casi 30 años.

Del carro alegórico a la obra de arte
Rubiel es oriundo de Galapa, municipio que es reserva espiritual y artística del Atlántico. Su historia con las carrozas empezó hace 16 años, pero su mirada es la de un maestro en artes plásticas con tres décadas de carrera. El recuerda que, antes, las carrozas eran vistas simplemente como carros alegóricos: plataformas decorativas básicas. Pero su visión fue distinta: convertirlas en obras de arte rodantes.
“Yo llego con una proyección de artista y pongo esa experiencia a consideración del Carnaval”, explica Rubiel. Para él, una carroza debe tener la complejidad de una composición artística, capaz de invitar al público a una interpretación más profunda, basada en lo tradicional y lo afro, raíces que él mismo talla en madera y que hoy son su sello de identidad.
El trasegado hacia lo sostenible
El camino hacia una fiesta responsable ha sido un trasegado, como él lo llama, lleno de emociones. Durante mucho tiempo, el hierro y el icopor fueron los aliados inseparables. El primero permitía tallar volúmenes robustos y ligeros, pero Rubiel y sus colegas entendieron que el precio ambiental era demasiado alto.
La transición comenzó a gestarse en 2018, cuando el Carnaval inició su apuesta por la certificación NTS-TS 006-1. Pero en los talleres, la revolución fue técnica. La llegada del maestro japonés Tomoaki Hasegawa en 2023, gracias al apoyo de la JICA y la comunidad Nikkei, fue el catalizador que necesitaban para aprender que en Japón las carrozas se hacen de papel y almidones naturales.

El taller como laboratorio : a la tierra va a volver
En su taller, que Rubiel define como un laboratorio de arte, la experimentación no se detiene. Han redescubierto materiales que siempre estuvieron ahí pero que ahora cobran un nuevo valor ético. Por un lado, usan papel maché con historia, utilizando bolsas de azúcar y harina del mercado para darles un segundo y tercer uso antes de que lleguen a la basura.
También destaca el uso del cartón comercial, no solo el industrial, sino el de cajas comunes. Es uno de los materiales más viables, afirma Rubiel, quien busca que el espectador asimile esta estética de forma paulatina, sin que se sienta rústica o burda. Además, han dado una segunda vida al volumen: en los últimos dos años han reducido el icopor al mínimo, y si llegan a usarlo, las piezas se guardan celosamente para ser transformadas y reutilizadas al año siguiente.
No es que sea difícil, es un paso que había que dar, asegura el maestro. Hoy, cerca del 95 por ciento de las carrozas son de cartón reciclable, manteniendo su monumentalidad, pero reduciendo drásticamente su huella ambiental.

El maestro de las mejores carrozas
Toda esta experiencia acumulada y este compromiso con la innovación técnica han dado sus frutos más dulces en la competencia actual. En el Carnaval de Barranquilla 2026, el talento de Rubiel Badillo fue el gran protagonista de la Vía 40. Su obra Artesanías del Atlántico, diseñada y elaborada por el mismo, se alzó con el primer lugar como la Mejor Carroza del Carnaval, confirmando que la sostenibilidad y la excelencia artística caminan de la mano.
Pero su impacto no se detuvo ahí. El maestro también participó en la creación de Amanecer Caribe, la obra que obtuvo el tercer lugar en la competencia. Estos reconocimientos no solo premian su estética, sino la maestría de un artesano que ha sabido guiar al Carnaval hacia una nueva era de respeto por el entorno.
Un compromiso institucional y humano
Mientras Rubiel y sus más de 225 colegas sueldan y pegan, la organización del Carnaval ha blindado este esfuerzo. En 2023, Carnaval de Barranquilla S.A.S. se convirtió en empresa BIC, y en 2024 se midió por primera vez la huella de carbono de los eventos principales. El hito final llegó en 2025, con la entrega oficial de la certificación en sostenibilidad.
Este logro es la suma de muchos granitos de arena: desde la medición de la calidad del aire con la Universidad de la Costa, hasta el trabajo silencioso en Galapa. Para Rubiel, este es un esfuerzo que dura todo el año, enriqueciendo una tradición que nos acompaña desde 1903.

El voto de confianza
El mensaje final de Rubiel es para las empresas y para el público: pide un voto de confianza. Cambiar materiales que se usaron por medio siglo requiere investigación y valentía.
Nosotros seguimos evolucionando para que la fiesta siga teniendo ese gran impacto visual y mundial, pero sin estar en el ojo del huracán por contaminar, concluye.
Al final, cuando una de sus obras de arte rodantes dobla por la Vía 40 entre la música y el gentío, no solo desfila el talento de un hijo de Galapa; desfila una declaración de amor al futuro. Porque el Carnaval, como el cartón de Rubiel, está aprendiendo a transformarse para que la alegría de hoy no le robe la fiesta a los que vendrán mañana.
Por: Cristian Álvarez Gómez
Fotos: Carnaval de Barranquilla-Cortesia.-
