Casa BarranquillaShakira convirtió Copacabana en una fiesta multitudinaria de música y resiliencia

Shakira convirtió Copacabana en una fiesta multitudinaria de música y resiliencia

por Cristian Álvarez Gómez

La noche del sábado en Playa de Copacabana confirmó que la carrera de Shakira sigue lejos de cualquier punto final. Ante cerca de dos millones de personas reunidas en Río de Janeiro, la artista colombiana ofreció uno de los conciertos más multitudinarios de su trayectoria, mezclando nostalgia, actualidad musical y un discurso marcado por la resiliencia femenina.

El espectáculo comenzó más tarde de lo previsto según reportes de TV Globo, pero la espera no enfrió al público. Minutos antes de su salida, un show de drones iluminó el cielo carioca y preparó el ambiente para la aparición de la barranquillera, quien llegó al escenario vestida con los colores de la bandera brasileña.

El arranque con La Fuerte dejó claro que el concierto apostaría por la energía constante. A partir de ahí, el repertorio recorrió distintas etapas de su carrera: Girl Like Me, popularizada junto a Black Eyed Peas, abrió paso a momentos más nostálgicos con Las de la intuición y Estoy aquí, canciones que conectaron especialmente con quienes la siguen desde los años noventa.

Brasil, un público clave

El vínculo entre Shakira y Brasil no es reciente. Fue uno de los primeros países que impulsó su internacionalización cuando apenas comenzaba a sonar fuera de Colombia. Durante el concierto, la artista habló en portugués y agradeció a un público que, según sus propias palabras, la acompañó desde sus inicios.

El show avanzó entre clásicos como Inevitable y éxitos más recientes como TQG, colaboración con Karol G, donde la puesta en escena priorizó la coreografía y el ritmo urbano. Tampoco faltaron temas que marcaron generaciones: La torturaOjos asíHips Don’t Lie y canciones de su más reciente álbum.

La presencia colombiana se sintió con fuerza cuando sonó La bicicleta, grabada junto a Carlos Vives, mientras varias banderas nacionales aparecían entre el público. El cierre emocional llegó con Waka Waka, uno de los momentos más celebrados de la noche.

Más que música: un mensaje personal

Entre canciones, la artista dedicó palabras a las mujeres y especialmente a las madres solteras. Sin evitar referencias a su historia reciente tras la separación del exfutbolista Gerard Piqué, habló sobre reconstrucción personal y fortaleza emocional.

El mensaje conectó con miles de asistentes que han encontrado en sus canciones un relato de superación y transformación personal, uno de los ejes que ha marcado esta nueva etapa artística.

Invitados y encuentro cultural

El concierto también fue un puente musical entre Colombia y Brasil. La cantante Anitta apareció como primera invitada para interpretar Choka Choka, elevando la energía del espectáculo.

Más adelante se sumaron referentes históricos de la música brasileña como Caetano Veloso y Maria Bethânia, mientras que el cierre de colaboraciones llegó junto a Ivete Sangalo, con quien revivió Um país tropical.

Un evento de impacto masivo

Más allá del escenario, el concierto dejó cifras relevantes para la ciudad: autoridades locales estimaron un impacto económico cercano a los 800 millones de reales, impulsado por turismo, comercio y servicios asociados al evento.

La producción también marcó récords logísticos, con una estructura escénica de gran formato, pantallas LED y una extensa pasarela diseñada para acercar a la artista a la multitud.

Lo ocurrido en Copacabana no fue solo un concierto masivo. Fue la confirmación de una artista que, tras más de tres décadas de carrera, sigue encontrando nuevas formas de dialogar con su público y mantenerse vigente sin depender únicamente de la nostalgia.