El sistema eléctrico colombiano vuelve a encender las alarmas. A pocos meses de que el fenómeno de El Niño alcance su máxima intensidad, expertos, gremios y empresas del sector energético coinciden en que el país enfrenta uno de los escenarios más delicados desde el apagón de 1992, debido a la combinación de factores climáticos, retrasos en infraestructura y un déficit en la oferta de energía.
Aunque el Ideam estima que existe un 81 % de probabilidad de que El Niño sea de alta intensidad y alcance su punto más crítico en septiembre, el Sistema Interconectado Nacional ya opera bajo alerta naranja. A esto se suma un crecimiento sostenido de la demanda, retrasos en proyectos de generación y transmisión, dificultades financieras de varias empresas del sector e incertidumbre regulatoria.
De acuerdo con el más reciente informe de XM, operador del mercado eléctrico, Colombia registra un déficit de 3.107 GWh de energía firme para el periodo comprendido entre diciembre de 2025 y noviembre de 2026. Esto significa que, si disminuye la generación hidroeléctrica por cuenta de la sequía y el consumo continúa aumentando, el sistema podría no contar con la capacidad suficiente para atender la demanda durante las horas de mayor consumo.
La presidenta de Acolgen, Natalia Gutiérrez, aseguró que las advertencias sobre este panorama fueron reiteradas durante los últimos años y estuvieron respaldadas por estudios técnicos elaborados por XM, la Upme y la Creg.
Según la dirigente gremial, el problema no radica en el diseño del mercado eléctrico colombiano, sino en la ausencia de decisiones de política pública que impulsaran nuevas inversiones para ampliar la capacidad de generación. También señaló que el deterioro de la relación entre el Gobierno y las empresas privadas terminó afectando el desarrollo de proyectos estratégicos.
Las preocupaciones no se limitan al fenómeno climático que se aproxima. Gutiérrez advirtió que los márgenes de energía seguirán siendo negativos durante los próximos años si no se generan condiciones para atraer nuevas inversiones al sector, por lo que el riesgo podría extenderse incluso después de superar El Niño.
Para el analista energético Carlos Diago, las medidas anunciadas por el Gobierno llegaron demasiado tarde y tendrán poco impacto para enfrentar la situación. En su concepto, Colombia perdió un tiempo valioso para fortalecer la generación mediante proyectos solares y comunidades energéticas, estrategia que, según dijo, avanzó muy lentamente.
Diago afirmó que la declaratoria de desastre nacional por El Niño constituye una respuesta tardía frente a una situación que había sido advertida desde hace meses y sostuvo que, de mantenerse el actual ritmo de ejecución de proyectos, el riesgo de racionamientos podría materializarse desde comienzos de 2027.
Una posición similar expresó Alejandro Castañeda, presidente de Andeg, quien aseguró que la declaratoria de desastre no resuelve el problema estructural del sistema eléctrico y cuestionó que la medida se convierta únicamente en un mecanismo para ejecutar recursos públicos sin atacar las causas de fondo.
El panorama también preocupa por el abastecimiento de gas natural para las plantas térmicas, responsables de aproximadamente el 26 % de la generación eléctrica del país. A esto se suma una deuda superior a 2,9 billones de pesos con las empresas generadoras, de los cuales cerca de 1,9 billones corresponden a obligaciones de la comercializadora Air-e, actualmente intervenida por el Gobierno.
En la región Caribe las dificultades son aún mayores. Especialistas advierten que se requieren cerca de 700 megavatios adicionales para cubrir la demanda durante las horas pico y alrededor de 1.000 millones de dólares para modernizar y ampliar la infraestructura de transmisión eléctrica, debido al crecimiento del consumo impulsado por las altas temperaturas.
El presidente del Grupo de Energía de Bogotá, Juan Ricardo Ortega, alertó además sobre la necesidad de construir cerca de 300 torres de transmisión antes de 2028 para garantizar el suministro hacia Bogotá, especialmente durante los mantenimientos programados de importantes centrales hidroeléctricas.
Por su parte, el gerente general de EPM, John Maya Salazar, afirmó que la empresa viene preparándose desde hace varios meses para afrontar el fenómeno climático, pero insistió en que el ahorro de energía y agua será determinante para reducir el impacto.
“Si los usuarios no adoptan hábitos de consumo racional, un fenómeno extremo como el que se proyecta podría llevar al país a enfrentar restricciones e incluso un eventual racionamiento a comienzos del próximo año”, advirtió el directivo.
Mientras las entidades del sector insisten en que aún es posible tomar decisiones para fortalecer la seguridad energética, las advertencias coinciden en un mismo punto. Colombia llega al fenómeno de El Niño con un sistema más vulnerable, menor margen de maniobra y un riesgo de apagón que ya dejó de ser una hipótesis para convertirse en una posibilidad real.
