Aunque entre 2000 y 2014, las muertes por paludismo cayeron un 40% a nivel mundial y el número de muertos en ese intervalo se redujo de 743.000 a 446.000.
Gracias a los esfuerzos de la Organización Mundial de la Salud, los avances contra esta dolencia, que afecta principalmente al continente africano, se han estancado.
El último informe mundial, publicado en 2019, da cuenta de que el número de muertos ha sido prácticamente la misma en 2017 y 2018. Además, entre 2014 y 2018 no se redujeron las cifras de nuevos infectados.
Los menores de cinco años son los más afectados y en 2018 representaban el 67% de las muertes causadas por la enfermedad.
Y como si fuera poco, la pandemia de COVID-19 podría empeorar las cosas; según un pronóstico realizado por la OMS, si se suspenden las campañas de instalación de mosquiteros y se reduce el acceso a medicamentos antipalúdicos, las muertes en el África subsahariana podrían duplicarse.
En América Latina y el Caribe se observó un aumento en la transmisión de paludismo en Brasil, México, Costa Rica, Nicaragua, Guayana Francesa, Belice y Venezuela. En contrapartida, República Dominicana, El Salvador, Guatemala, Honduras, Surinam y Colombia lograron reducir un 20% sus casos.
Argentina y Paraguay casi están libres de la enfermedad.
Cuba, Chile y Uruguay son los únicos países en los que la malaria no es endémica.
Edición: Prometeo
Foto: mosquito anopheles stephensi, vector del paludismo o malaria. Crédito Wikipedia – commons
