viernes, abril 17, 2026 6:44 pm

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Ciudad Perdida entre dos tiempos y dos generaciones redescubre un tesoro escondido

por Cristian Álvarez Gómez

En el marco del Festival Internacional de Cine de Cartagena de Indias, una nueva propuesta cinematográfica invita a mirar el territorio desde la memoria, el archivo y la experiencia viva. Más que narrar una historia lineal, la película construye un anclaje histórico entre dos tiempos, dos generaciones y dos formas profundamente distintas de observar un tesoro escondido: Ciudad Perdida.

La obra plantea una escritura cinematográfica que dialoga entre imágenes del pasado y exploraciones contemporáneas, donde el rodaje se convierte en un ejercicio de reflexión sobre el territorio, su espiritualidad y sus resistencias. A través del cine, la imagen deja de ser únicamente registro para transformarse en memoria viva, cuestionando cómo ha sido representado este lugar sagrado a lo largo del tiempo.

Conversamos con su director, Nicolás Cifuentes , quien explicó que el proyecto nació de una inquietud personal que lo acompañó desde siempre: la necesidad de mirar más allá de un sitio ampliamente estudiado y filmado. “Siempre tuve una cámara y la intención de comprender qué había detrás de un lugar tan fascinante”, comentó. El hallazgo de material de archivo considerado hoy patrimonio fílmico y una conversación con la primera arqueóloga que visitó la zona se convirtieron en puntos decisivos para reconstruir la historia desde nuevas perspectivas.

La película propone así un viaje hacia Teyuna ( Parque Tayrona), el sitio arqueológico más emblemático del país, desplegando un recorrido espacial, temporal y narrativo. El contraste entre registros institucionales del pasado y un recorrido actual junto a guardianes indígenas del territorio revela aquello que permanece y aquello que ha cambiado, en medio de la tensión constante entre intereses externos y las comunidades que resguardan el lugar.

El tránsito cinematográfico atraviesa las huellas dejadas por buscadores de tesoros, los espacios sagrados y la vida cotidiana de quienes hoy habitan la región, mostrando una comunidad resiliente que mantiene viva su relación espiritual con la tierra. Lejos de una mirada expositiva tradicional, la obra se inclina hacia una aproximación sensorial y poética, donde la imagen, sus texturas y sus vacilaciones abren preguntas sobre las apariencias con las que este territorio místico ha sido documentado y ahora revisitado desde el cine contemporáneo.