Domingo de Tradición llegó hasta Santa Lucía, donde la reina Michelle continúa llevando el Carnaval a cada municipio y explorando la esencia viva de nuestras fiestas. En esta ocasión, la jornada estuvo dedicada a conocer más a fondo la Danza de Son de Negro, una manifestación recientemente declarada patrimonio nacional. El invitado especial fue Alexander Jordan, docente y gestor cultural del municipio, quien abrió las puertas de su historia para explicar el origen, los símbolos y la fuerza de esta tradición.
Alexander cuenta que la danza nació durante la construcción del Canal del Dique, cuando los indígenas inicialmente llevados para las obras no resistieron las condiciones y fueron reemplazados por esclavizados africanos. De ellos quedó esta danza que aún hoy se encuentra desde Calamar hasta Cartagena. Aunque la gente suele pensar que solo bailan hombres, también hay mujeres, pero la pintura corporal un elemento central del ritual la llevan tradicionalmente los hombres. Para Alexander, la danza tiene un carácter fuerte y machista, marcado por rituales como la llegada, el son de negro sentado y la despedida por Sosa. La pintura negra simboliza la reafirmación de la identidad afro; la boca roja exagerada representa los rasgos que históricamente han sido motivo de burla; el sombrero lleno de colores guarda la alegría del pueblo negro; y la bandera, en manos del banderero, anuncia que la fiesta ha comenzado.
Otro elemento distintivo es el collar, que se compone de cualquier objeto que el entorno ofrezca: una cabeza de muñeca vieja, un pote gastado o cualquier pieza que pueda colgarse. Para Alexander, este detalle muestra cuán antigua es la tradición, pues nació en tiempos de la construcción del canal y se ha transmitido sin un registro exacto de su origen. Al describir el son de negro sentado, explica que es el momento en que un bailarín se enfrenta al otro para demostrar quién domina mejor el ritmo, una dinámica que tiene relación con el tiempo de la esclavitud, cuando los negros imitaban y ridiculizaban los bailes y gestos de sus amos durante los cabildos, su único día de libertad. Esas imitaciones, exageradas y expresivas, se convirtieron en símbolo de resistencia y burla.
Alexander recuerda que desde niño soñaba con ver la danza en el Carnaval de Barranquilla. Al asistir como espectador, sentía que aquello era “bacano” y merecía un espacio para la expresión de su pueblo. Con el tiempo, la oportunidad llegó, y participar en el Carnaval —la vitrina más grande del país— permitió que el Son de Negro se expandiera y hoy lo bailen muchísimos grupos en diferentes municipios.
En una serie de preguntas rápidas, Alexander compartió detalles que muestran su conexión profunda con la tradición. Su danza favorita es, por supuesto, la de negros. Su primer disfraz de carnaval fue con guayabero. Si fuera una danza, sería Farota. Para él, lo más difícil del Son de Negro es pintarse… o quitárselo después. El ritual más complejo también es el de la pintura, porque se hace en comunidad: uno pinta a otro y así sucesivamente, creando una cadena de unión. Lo primero que un hombre debe saber para bailar Son de Negro es, sin duda, saber bailar. Entre sus anécdotas más curiosas recuerda una presentación en la que la tarima se cayó durante un festival. Y cuando se le pregunta a qué edad bailó por primera vez, responde que desde pequeñito: nadie se lo enseñó, nació con eso.
Así se vivió este Domingo de Tradición en Santa Lucía, una jornada para conocer, sentir y honrar una danza que guarda la memoria, la resistencia y el orgullo de un pueblo que sigue celebrando su historia al ritmo del tambor y la fuerza del río.
