miércoles, julio 22, 2026 11:18 am

Casa Deportes“El dolor detrás de los guantes, un sueño que la violencia noqueó”

“El dolor detrás de los guantes, un sueño que la violencia noqueó”

por Ricardo Ordóñez Simmonds

La historia de Yainer Gómez Sandoval, el boxeador barranquillero que falleció en extrañas circunstancias luego de haber realizado una pelea en el Gimnasio Cuadrilátero de Barranquilla.

Hay dolores que no admiten consuelo. El de Leonor Sandoval comenzó el día en que le arrebataron a su hijo, Yeiner Gómez Sandoval, un muchacho que apenas empezaba a escribir su historia sobre los cuadriláteros. Días antes había combatido con valentía. La derrota por decisión no apagó sus sueños; al contrario, alimentó la certeza de que el triunfo estaba más cerca.

Había conocido México, donde descubrió que el boxeo podía abrirle las puertas del mundo. Regresó convencido de que el sacrificio algún día se convertiría en gloria. Pero la violencia, despiadada e insensible, interrumpió para siempre ese camino.

Ahora, en la memoria de Eleonor, ya no aparece el boxeador de guantes firmes y mirada desafiante. Vuelve el hijo que la abrazaba, el joven de sonrisa limpia, el muchacho cariñoso que encontraba tiempo para besarle la frente, preguntarle cómo se sentía y recordarle cuánto la amaba. Cada rincón de la casa conserva una huella suya; cada objeto parece esperar que regrese con la alegría que iluminaba los días. Pero el silencio responde donde antes habitaba su voz.

Una madre nunca deja de imaginar el porvenir de un hijo. Leonor soñaba con verlo levantar cinturones de campeón, escuchar el himno de Colombia en escenarios internacionales y celebrar, orgullosa, las victorias que apenas comenzaban a anunciarse. Yeiner poseía disciplina, coraje y un talento que despertaba esperanza entre quienes seguían su carrera. No alcanzó a conquistar el título más anhelado, pero dejó la imagen imborrable de un joven que peleaba con el corazón, dentro y fuera del ring.

Hoy, mientras las lágrimas vuelven una y otra vez, Leonor comprende que la muerte pudo apagar la vida de Yeiner, pero no el amor que sembró en quienes lo conocieron. Ninguna violencia podrá borrar la nobleza de aquel muchacho lleno de ilusiones, ni el orgullo inmenso de una madre que seguirá pronunciando su nombre con la misma ternura con que lo llamó desde niño.

Porque hay hijos que parten demasiado pronto, pero permanecen para siempre en el rincón más profundo del corazón de su madre.

Por: Ricardo Ordóñez Simmonds

Fotos y vídeo : Jacksander Soto y Gabriela Cabrera