Por las calles del barrio El Concord del municipio deMalambo, cada Semana Santa se revive una escena que ha marcado generaciones. Pero detrás del dramatizado que conmueve a cientos, hay un rostro conocido, una historia que se entrelaza con la del barrio, con la parroquia, y con la fe misma.
Ese rostro es el de Javier Rojas, un hombre que ha caminado junto a su comunidad por más de dos décadas, sembrando esperanza y construyendo un legado.
Javier comenzó siendo un joven lleno de entusiasmo en la Pastoral Juvenil, sin saber que su vida entera quedaría marcada por aquella decisión. Hoy, ya como padre de familia, de dos hijos, sigue siendo parte activa de la misma obra que lo vio crecer.
“Sigo siendo uno de ellos”, dice con orgullo Javier a www.noticiascoopercom.co porque para él, más que una actividad, la pastoral es una forma de vida.
Fue en el año 1997 cuando nació el viacrucis dramatizado del barrio, y desde entonces, Javier ha estado ahí, año tras año, viendo cómo esta tradición crece, se transforma, y toca corazones. Lo ha visto evolucionar desde pequeños grupos juveniles hasta lo que es hoy: un evento que reúne a más de 200 personas.
“Este viacrucis atrae visitantes de otras ciudades, y conmueve hasta las lágrimas. Esto va más allá del espectáculo, el objetivo es concientizar a la gente y sobre todo a los jóvenes que saben más de las redes sociales que el mismo Jesús, y la idea es que nosotros a través del viacrucis, concientizar a los mismos y reflexionen sobre lo que hacen en sus vidas”, expresó.
Uno de los momentos más impactantes que recuerda ocurrió durante una representación: la madre del joven que interpretaba a Jesús, al verlo recibir los azotes en la dramatización, no pudo contenerse y se metió en escena.
Además, no es la única anécdota que lleva guardada en el corazón. Hace unos diez años, justo en el momento de la crucifixión, comenzaron a caer gotas de lluvia.
“Hubo un momento en que cayeron gotas del cielo, asemejándonos a ese momento que vivió Jesús, esto es impactante no solo para los niños o jóvenes, sino para los que hacen parte de él”, recordó.
Pero Javier no se ha limitado a organizar el Viacrucis. Ha coordinado grupos, ha hecho apostolado, ha llevado novenas a los hogares, ha acompañado a enfermos. Es testigo del crecimiento de la parroquia Cristo Rey, y uno de los motores que ha impulsado su evolución hacia una iglesia más abierta y más cercana.
Javier Rojas no solo ha sido parte de una representación. Ha sido parte de una transformación. De una comunidad que ha aprendido a caminar unida, paso a paso, en fe y en amor. Su historia no es la de un protagonista que busca el aplauso. Es la de un sembrador que ha entregado su vida para que otros encuentren el camino.
Escrito, foto y video: Mateo Rueda Gómez
