De aquel lugar donde se guardan los recuerdos de una Barranquilla más amable, al menos eso es lo que nos cuentan nuestros mayores, no quedan sino sombras y ecos.
Las enredaderas del olvido y las malezas, han invadido el antejardín de la edificación que años atrás era visitada por parvadas de escolares para que un guía les hable de una ‘Puerta de Oro’ sin internet pegada a las paredes de una institución cultural a la que le prometieron soluciones financieras.
Hoy, en los 208 años de Barranquilla, su guardián de siempre, Alfredo de la Espriella y su esposa, ya retirados en sus cuarteles de invierno, ven como el viento vagabundo de la tarde pasa susurrando y cantando en la distancia.

Gustavo Enrique Bossio Jiménez
Fotos: Gloria de la Espriella
