La ola de calor y la escasez de lluvias provocadas por el fenómeno de El Niño han puesto en jaque la salud pública del país. Las altas temperaturas no solo incrementan la probabilidad de sufrir deshidratación y golpes de calor, sino que aceleran los contagios de dengue e infecciones gastrointestinales.
Un informe de Bienestar IPS ubica la mayor vulnerabilidad en zonas como el Caribe, la Orinoquía, el Magdalena Medio, Valle del Cauca, Tolima, Huila, los Santanderes y la Amazonía. En estos territorios, la exposición prolongada al clima seco favorece la propagación de diversos vectores.
La población infantil menor de cinco años, los adultos mayores de 60, las gestantes y los pacientes con enfermedades crónicas encabezan la lista de mayor vulnerabilidad, al responder de forma más crítica y rápida ante la pérdida de líquidos y el estrés térmico.
El problema trasciende el clima: durante las sequías, la falta de suministro regular obliga a las comunidades a almacenar agua en recipientes. Si estos depósitos carecen de sellado adecuado, se transforman en criaderos idóneos para el Aedes aegypti, mosquito transmisor del dengue. Este escenario coincide con la alerta de la Organización Panamericana de la Salud (OPS), que advierte cómo la tendencia al alza en las temperaturas globales acelera la expansión geográfica del insecto en toda la región.
Frente a la contingencia, la prevención domiciliaria resulta vital. “Cuando una familia enfrenta días seguidos de calor extremo y fallas en el acceso a agua potable, la prioridad inmediata es prevenir que un cuadro leve se transforme en una urgencia hospitalaria”, advierte Carmen Hernández, directora nacional de Gestión Integral del Riesgo en Salud de Bienestar IPS. La especialista recalca la importancia de identificar a tiempo los signos de alarma y acudir a los centros sanitarios, desaconsejando tajantemente la automedicación y los remedios caseros sin aval profesional.
Foto: Tomada de @Ideam
