Los “astros” se alinearon para que viviéramos el peor juego de Colombia en un partido de eliminatoria a un mundial en el Estadio Metropolitano de Barranquilla. Uruguay venció 3×0 a nuestro seleccionado dándonos un repaso histórico.
Todo se fue dando para llegar al deprimente partido del viernes por la tarde. La lesión de Arias ante Venezuela, la lesión de Medina ante los chilenos. El llamado al seleccionado A Orejuela y Muñoz para llenar la posición de lateral derecho y la tentación de poner a Cuadrado en esa posición.
Los viejos abuelos decían que no se puede tapar un hueco abriendo otro y eso le pasó al DT Queiroz. Después de llamar a dos jugadores que podía poner en esa posición, sin mover otras posiciones, se decidió por correr a Cuadrado como lateral derecho (un movimiento), poner a Mateus para reemplazar a Cuadrado como volante interno por derecha (otro movimiento) abriendo un boquete terrible.
Eso de arrancada. La Colombia que comenzó el juego dio la sensación que algo no estaba bien. La pareja de Mina y Jeison no había jugado junta. Lo hacían por primera vez. Davinson no fue de la partida puesto que llegó un día antes del partido por el nacimiento de su primer hijo.
Entonces sumemos los movimientos en defensa: Cuadrado de volante a lateral, Jeison reemplazando a Davinson y Mateus movido de derecha a izquierda para llenar el vacío de Cuadrado.
En ésta situación, el DT Queiroz hizo el movimiento que marco el destino del juego. La salida de Barrios a los 32 minutos del primer tiempo para que ingresara Díaz.
Si ya había movido su sistema defensivo por lesiones y ausencias lo mejor que podía hacer Queiroz era tratar que su dibujo defensivo no se desordenara como finalmente pasó.
El meter a Díaz por Barrios abrió el boquete más grande de todos. Se quedó sin su plomada, sin el hombre que le da equilibrio a la estructura del seleccionado en defensa y ataque y liberó, además, a Cavani de seguir marcando a Barrios para sumarse a la ofensiva con Suárez. Abrió el boquete y se lo mostró a Cavani.
Lo más consecuente era meter a Díaz por Muriel y continuar con su dibujo táctico 1-4-3-3 porque se vio, entonces, una distribución 1-4-2-3-1 a veces y 1-4-4-2 otras pues James pasó al centro, Muriel a la derecha, Díaz a la izquierda y Duván en punta y, detrás de ellos, Mateus y Lerma en medio de un mar de equivocaciones que trataron de solucionar Yerry y Jeison con poca fortuna. Todo se volvió inestable.
Para entonces era evidente la falta de Barrios en el juego para recuperar y sacar al equipo del fondo. Acción que trataron de hacer Mina y Murillo (ante la incapacidad de Mateus y Lerma) con el inconveniente de transportar demasiado por el centro con las consecuencias vistas de perder el balón cerca al arco nuestro.
Después trató de solucionar lo de Muriel, perdido por completo, y lo sacó por Morelos que se quedó en la posición de Muriel sobre la derecha sacrificándose sin ningún resultado.
Y mientras James era un cero a la izquierda en el desarrollo del juego, se vino otro movimiento desafortunado de Queiroz. Cuando llamó a Cardona para que ingresara me pregunté si tendría el talante para sacar a James por Cardona y no lo tuvo. Sacó a Uribe.
Metió a Cardona, dejó a James, Morelos por derecha, Duván por el centro, Díaz por la izquierda y James y Cardona por el centro montándose uno sobre el otro más que juntarse el uno con el otro. Entonces Colombia era un desorden bien organizado. Ya no era 1-4-3-3., ni 1-4-4-2 sino 1-4-1-4-1 con Lerma como cabeza de área, dónde debía estar Barrios, y el “acomódense como puedan” de Díaz, James, Cardona, Morelos y Zapata.
En medio del mar de errores los goles uruguayos fueron llegando 1-2-3 que pudieron ser 4-5 cuando ya nadie pensaba por la individualización del juego por encima del colectivo.
El que menos vela tuvo en el entierro fue Ospina y tuvo que soportar tres goles en su reaparición con la selección.
Las decisiones antes del juego, la confección de la alineación, el nivel pobre, pobrísimo, paupérrimo, de los jugadores a excepción de Ospina, y las decisiones sobre modificaciones en el partido fueron determinantes para la humillación recibida de Uruguay en nuestra propia casa.
Nunca tuvimos el balón, nunca controlamos el juego, nunca estuvimos por encima de los uruguayos.
Colombia dejó el peor sabor de todos. De parte de los jugadores comenzando por James, de parte de Queiroz con sus decisiones y determinaciones como la de sacada de Barrios del juego, el no haber utilizado a Orejuela o a Muñoz, y el no haber tenido los pantalones suficientes para sacar a James en el ingreso de Cardona.
Fue la peor Colombia que hayamos visto en el Metro. Tan feo fue su accionar que dudamos que vuelva a jugar un partido igual si quisiera proponérselo.
Y, de momento, lo peor ni siquiera sería eso. Lo peor sería sumar dos derrotas consecutivas en el juego vs. Ecuador e irnos sin puntos en el segundo combo de partidos.
Uruguay nos bajó de la nube de mala manera. El porrazo ha sido contra el pavimento aprovechándose de la paupérrima actuación de los jugadores y de las equivocaciones, una tras otra, del DT Queiroz.
Es que no es la derrota, sino la forma como se perdió…
Por : Hugo Illera Jiménez, Diario-Deportes (Especial para Noticias Coopercom)
