Es una de las grandes voces del Caribe colombiano: poeta, narradora y profesora de admirable solvencia. Con Nohora Carbonell he compartido varias experiencias que guardo con especial aprecio. En 2010 coincidimos como ganadores del Portafolio de Estímulos del Distrito de Barranquilla: yo, con el proyecto ‘Juan Piña al fondo de su alma’ —que luego se convertiría en libro— y ella con una de sus creaciones. Siete años después volvimos a encontrarnos en el mismo escenario de reconocimiento: en esa ocasión obtuve el premio en la modalidad de Periodismo Cultural, mientras Nohora fue nuevamente distinguida por su obra literaria.

Más adelante coincidimos como jurados en un concurso de Letanías del Carnaval de Barranquilla, y posteriormente la incluí en el libro ‘15 voces que escriben’ (Ediciones Santa Bárbara), presentado en la Feria Internacional del Libro de Bogotá en 2018, en una mesa compartida con nuestros queridos amigos y periodistas José Orellano y Carmen Peña Visbal, ya fallecida. Admiro profundamente la poesía de Nohora, su obra y su temple literario, que dejan una huella luminosa y perdurable en la literatura del Caribe.
Nohora Carbonell Muñoz nació el 19 de septiembre de 1955 en Barranquilla, ciudad donde la brisa suele arrastrar versos, rumores de puerto y un cierto modo de mirar el mundo con metáforas. Desde joven entendió que la palabra podía ser destino y oficio; por eso se formó en Filología e Idiomas en la Universidad del Atlántico y, más adelante, en Pedagogía de la Lengua Escrita en la Universidad Santo Tomás. España la recibió como becaria de la AECID en 2001, y allí afinó su sensibilidad docente en un curso internacional de formación de profesores. Después vendrían talleres, correcciones de estilo, diplomados, aulas, conversatorios, escritores en ciernes: el largo y sostenido ejercicio de enseñar a escribir literatura.
Su nombre comenzó a escucharse con frecuencia en ferias y festivales: las FILBO, los Encuentros de Mujeres Poetas en Cereté, los festivales POEMARÍO en Barranquilla, las reuniones del Parlamento de Escritores en Cartagena, la FILSAI en San Andrés, y encuentros en México, Cuba, Perú y El Salvador. Donde hubiera un escenario para la poesía, allí estaba ella: leyendo, escuchando, tendiendo puentes.
En esos viajes llevaba siempre consigo la misma maleta de palabras: ‘Voz de ausencia’, ‘Horas del asedio’, ‘Trece poemas y medio’, ‘Del color de la errancia’, ‘El tiempo es redondo y atormenta’, ‘Caligrafía de los sentidos’, y un caudal asombroso de literatura infantil que la convirtió, casi sin proponérselo, en una referencia necesaria del género. En sus cuentos para niños —‘Lluvia María y el ladrón de sonidos’, ‘Armando Líos en el arco iris’, ‘Nani Chocolate y Paco Cuatrojos’, entre muchos otros— habita la imaginación con la naturalidad de quien ha sabido conservar intacto el asombro.
Varias de sus obras han viajado más lejos que ella: traducidas al francés, inglés e italiano, han encontrado lectores en revistas y antologías de México, Chile, Polonia, España y Colombia. En 2023, su narración ‘El zancón’ ingresó a la antología ‘Contar la vida como contar los pasos’, seleccionada por Luz Mery Giraldo, gesto que confirma su vigencia y su hondura narrativa.
Pero quizá su obra más silenciosa —y más decisiva— se dio en Barranquilla, cuando durante cinco años dirigió el programa ‘Viva la Literatura’ en el Centro Cultural Comfamiliar y, por una década, lideró el Taller Libre de Creación Literaria del Colegio Mayor de Barranquilla. Allí, en esas mesas de trabajo, germinaron voces que hoy conforman una pequeña constelación poética del Caribe.
Los reconocimientos que ha recibido a lo largo de los años no hacen más que confirmar lo que quienes la hemos visto de cerca ya sabíamos: que Nohora Carbonell es una de esas creadoras imprescindibles cuya obra, vasta y luminosa, honra la tradición literaria del Caribe colombiano.
Su trayectoria, tejida entre versos, viajes, talleres, libros y generaciones de lectores es también una lección de disciplina, constancia y belleza. Y uno, al recordarla en aquellas mesas de premios y ferias, no puede sino sentir gratitud por haber coincidido —y por seguir coincidiendo— con una mujer que ha hecho de la literatura una forma de luminosa permanencia.
Nohora Carbonell ha obtenido distinciones por un trabajo persistente y sólido, como el Primer Premio en el I Concurso de Cuentos Infantiles de Comfamiliar del Atlántico (1990), Primera mención en el VII Concurso de Comfamiliar (1997), Mención de honor en el III Concurso de Poesía Xicoalt (Salzburgo, Austria), Primer Premio en el Concurso de Cuento de El Túnel (Montería, 2010), Primer Premio del Concurso Poesía de los Objetos de la Casa de Poesía Silva (Bogotá, 2012), y tercer premio en el concurso ‘La poesía, pintura que habla’, de la Casa de Poesía Silva (Bogotá, 2017).
Ganadora del Premio Portafolio Distrital de Estímulos en Barranquilla, categoría beca para publicación, con la antología ‘Diez campanillas y un sueño’ del Taller Libre de Creación Literaria (2010).
Ganadora del Premio Portafolio Distrital de Estímulos en Barranquilla, categoría beca para publicación, con la antología ‘Del júbilo a la última estación’ del Taller de Escritura Creativa Arcadia (2017).
Sin detenerse, Nohora Carbonell continúa en su labor creadora y formativa, convencida del rol fundamental de la cultura en la paz y el progreso de las naciones.
Presento este diálogo que busca iluminar, desde distintos ángulos, la trayectoria y el pensamiento creativo de Nohora Carbonell:
Tu obra se mueve con soltura entre la poesía, la narrativa y la docencia. ¿En qué momento sentiste que la palabra se convertiría en el centro de tu vida?
Desde la adolescencia sentí que el arte en general era el modo de expresión que me definía, el espacio vital donde encajaban mi sensibilidad y mi imaginación desbordada. Ensayé de manera empírica con las artes manuales, el dibujo, la escultura, la fotografía y la literatura. Pero fue a los 17 años cuando descubrí que con la creación literaria podía inventarme un mundo donde habitaran metafóricamente todas las demás artes. Creo que de esa certeza deriva el que mi escritura sea tan sensorial: abundan las imágenes visuales, sonoras y táctiles. Fue en ese momento de develación cuando escogí la palabra como materia prima de mi proyecto de vida: escribir poesía y narrativa, enseñar lenguaje y literatura: dos pasiones, dos oficios.
En tus poemas hay una cadencia que parece surgir tanto de la memoria íntima como de la observación profunda del Caribe. ¿Cómo dialogan en tu escritura el territorio y la interioridad?
La memoria íntima está formada por los recuerdos más profundos y significativos.
Los recuerdos más relevantes de mi historia están enmarcados en el Caribe. Mis ancestros más recientes son de esta región; en este territorio nací, crecí y lo más probable es que aquí muera. Así que resulta natural que mi interioridad, como fuente primaria de mi escritura, forme con el territorio un entramado sutil, pero consistente y complementario. El territorio caribe no solo es el escenario de mi escritura (el mar, los ríos, la vegetación y la fauna tropical, su gente), sino que también es protagonista junto a los personajes caribes que, contrariando estereotipos, muchas veces presentan el lado oscuro y triste de sus emociones. La cultura, las costumbres y creencias, todo lo que hace parte del territorio caribe, forman una unidad que atraviesa mi obra.
Has construido una trayectoria sólida como poeta. ¿Cuál dirías que ha sido el mayor desafío estético al desarrollar tu voz poética?
Gracias, amigo, por el reconocimiento implícito en la frase inicial. Hacer un poema ya es un desafío, un trabajo concienzudo si se trata de conseguir el nivel de novedad y belleza que debe tener un texto para que sea de verdad un poema. Encontrar las palabras precisas para expresar la idea que atraviesa el poema es una batalla silenciosa y exigente. De los varios retos que he enfrentado en el oficio, para mí el mayor desafío estético ha sido el de la búsqueda de un estilo propio, una voz diferente para intentar que el poema sobresalga entre tantos textos que se publican en el mundo.
En tu narrativa aparece una sensibilidad que no renuncia a la crudeza cuando es necesaria. ¿Cómo encuentras el equilibrio entre belleza y verdad?
La belleza y la verdad no son antagonistas; más bien existe una compleja relación entre ellas. Esa relación es materia de discusión entre filósofos y críticos. Me limitaré a responder la pregunta desde mi experiencia como poeta y narradora.
La crudeza, la violencia en todas sus variantes, la guerra, la corrupción y todos los vicios de la sociedad son verdades universales que una escritora no puede ni debe evadir. Siempre han sido componentes universales de la temática literaria —junto al amor y todo lo que concierne al lado bueno de la humanidad—. En mi escritura me refiero al abuso infantil, a la migración, a la contaminación de los ecosistemas por la acción de depredadores humanos y a otros temas duros de tratar, pero lo hago no desde el grito que conmociona –totalmente válido-, sino develando el daño con el tono de quien quiere utilizar la sensibilidad y la imaginación como formas de desarme y transformación de la sociedad.
Eres profesora, creadora y lectora disciplinada. ¿Cómo se retroalimentan esos tres oficios en tu proceso creativo?
Desde mis inicios en la literatura he sido fiel y coherente con mi pasión por la palabra; no me interesé nunca por ejercer un oficio o profesión que no la tuviera como materia prima. Estudié Filología y Pedagogía de la Lengua Escrita; he sido docente y tallerista de Redacción, Ortografía y Escritura Creativa; tengo publicados 19 libros de literatura infantil y juvenil y seis poemarios. Como puedes ver, mi proceso creativo deriva de una amalgama entre la docencia, la lectura y la escritura; ellas constituyen la trenza medular de mi historia como creadora.
A lo largo de los años has participado y ganado diversos concursos y plataformas culturales. ¿Qué han significado para ti esos reconocimientos en tu madurez como escritora?
En los inicios de mi trabajo literario, los premios y reconocimientos eran un estímulo muy placentero que me impulsaba a seguir avanzando en el oficio; en la actualidad los veo como evidencias de que valieron la pena el enfrentamiento diario con las palabras, el propósito de tocar la sensibilidad de los lectores, la emoción del poema logrado y hasta los momentos de decepción propios de un trabajo tan solitario y competitivo como la creación literaria.
Coincidimos en varias ocasiones como ganadores y también como jurados. ¿Qué valor le das al diálogo entre pares dentro del ecosistema literario del Caribe?
Considero el diálogo entre pares como un necesario y espontáneo ejercicio de comunicación a través del cual se intercambian puntos de vista, experiencias y recomendaciones. Se retroalimenta el trabajo individual y se refuerza la búsqueda de la palabra que nos redime.
Tu presencia en ferias, paneles y eventos literarios ha sido constante. ¿Qué lugar ocupa para ti el encuentro con el público?
Creo que los encuentros con el público tienen un lado ventajoso y otro que no lo es tanto. Los eventos de este tipo son importantes en la medida en que se interactúa con otros escritores, se visibiliza la obra y se capitalizan lectores; por otro lado, creo que no determinan para nada la calidad de la obra de un escritor o escritora. Si no existe una verdadera pedagogía lectora, el público asistente a los eventos corre el riesgo de caer en la trampa ruidosa de obras de dudosa calidad. También los noveles escritores pueden encandilarse con el espejismo de las salas llenas de gente. En conclusión: sí a los encuentros con el público, pero con la conciencia de que lo importante no es la cantidad de ferias a las que asistimos o no, sino la batalla con las palabras, la autocrítica y la responsabilidad frente al oficio.
Has sido incluida en libros y antologías que destacan tu obra. ¿Qué sientes cuando tu palabra queda inscrita en proyectos editoriales de largo aliento?
Siento gratitud cuando una editorial o un antologador/a reconoce mi obra como fruto del esfuerzo sostenido a través de décadas de trabajo autocrítico y comprometido con las palabras. También la satisfacción de que el tiempo dedicado a esa labor no ha sido perdido, sino que mis poemarios y libros de literatura infantil y juvenil siguen trascendiendo en la mente y emociones de muchos lectores/as de todas las edades.
¿Cómo ha sido el tránsito desde tu primera publicación hasta tu escritura actual?
Como ya lo he mencionado, he escrito poesía y narrativa. Mi primera publicación fue un poemario llamado Voz de ausencia; en él predominaba el tono emocional e imágenes relacionadas con el elemento agua. El amor y sus variantes formaban la temática principal. Después aparecieron otros poemarios: ‘Horas del asedio’, ‘Trece poemas y medio’, ‘El tiempo es redondo y atormenta’, ‘Del color de la errancia’; a medida que se multiplicaban mis experiencias —lecturas, viajes, encuentros y desencuentros, conocimientos del mundo y sus seres—, mis poemas, además de los temas intimistas, tocaron temas sociales del país e internacionales como la explotación de personas, la migración, casos de abuso infantil, temas de las minorías étnicas y personas con capacidades especiales. El sexto poemario, ‘Caligrafía de los sentidos’, es una antología que recoge una selección de poemas de los libros anteriores y algunos textos nuevos.
Debo señalar que, además de la temática, en los posteriores poemarios a Voz de ausencia también evoluciona el tratamiento de las palabras: busco el equilibrio entre el sentido puro del mensaje y la estética del lenguaje literario. Tengo más cuidado con el ritmo y la estructura del poema. Pienso más en los lectores, procuro que mis poemas lleguen a ellos de manera que —aunque sean una creación individual— en su recepción puedan identificarse con las vivencias contenidas. En cuanto a la narrativa, hasta el momento llevo 19 libros infantiles publicados, en su mayoría por la Editorial Libros & Libros de Bogotá. El último salió bajo el sello de Editorial Uninorte y se titula ‘En busca de casa’. En ellos, desde la primera publicación —‘Armando líos en el arco iris’—, insisto en constantes como los mensajes implícitos sobre valores humanos y sociales, los personajes divertidos, el lenguaje sencillo con trazos poéticos y la naturaleza como parte clave de las atmósferas.
¿Qué ha cambiado y qué permanece intacto en ti como autora?
Como autora permanece la lectura ávida de grandes poetas y narradores/as, la apreciación del arte en todas sus manifestaciones y la observación consciente de la naturaleza y la sociedad como fuentes de inspiración y retroalimentación de mis textos; también persiste el minucioso estudio y aplicación de las herramientas lingüísticas en mi escritura. Manejo el rigor tanto en la construcción del texto como en el tratamiento de sus significaciones y mensajes.
Ha cambiado mi manera de mirar, sentir y expresar el mundo; trato de que mi obra evolucione al ritmo de los cambios sociales, nuevas perspectivas y narrativas de la contemporaneidad.
Tus poemas y relatos revelan un pulso muy claro con la tradición literaria del Caribe. ¿Qué autores de nuestra región te han marcado con mayor fuerza?
Entre los autores y autoras del canon literario del Caribe que admiro —aunque no reconozco influencia directa de ellos en mi escritura— puedo mencionar a Meira Delmar, García Márquez, Marvel Moreno, Margarita Galindo, Giovanni Quessep, Raúl Gómez Jattin y Gómez Herazo, entre otros/as.
Tu obra pareciera tener una profunda reflexión sobre el tiempo. ¿Cómo dialogas con tus propias etapas vitales al momento de escribir?
Cada etapa vital implica transformaciones, desafíos, metas y aprendizajes. Interiorizar y aceptar los cambios que imponen el tiempo y la caducidad de la vida, luchar por conseguir los sueños y aprender de la felicidad y el dolor son emociones y decisiones que permean la obra de cualquier autor/a. Validar e integrar esas transformaciones vitales a mi escritura es una forma de dialogar y darle sentido a las experiencias para formar un legado que perdure.
En tu experiencia, ¿cuál es la relación ideal entre la disciplina y la inspiración?
Encuentro que entre la disciplina y la inspiración —o el detonante de la obra— debe existir una relación de equilibrio y complementariedad. La inspiración puede tocarnos y pasar sin pena ni gloria si la idea creativa no se trabaja con la prontitud y persistencia de la disciplina.
¿Cómo construyes la atmósfera de tus textos? ¿Primero aparece la imagen, la música interior o la emoción?
La atmósfera de los poemas la consigo trabajando el lenguaje, las imágenes sensoriales y el ritmo. En los cuentos utilizo variaciones de la voz narrativa, palabras con carga emocional o denotativa y descripciones no solo de los lugares y ambientes, sino de la forma como estos inciden en el ánimo de los personajes.
Has formado a muchas generaciones. ¿Qué aprendizajes te han dejado tus estudiantes que hayan influido en tu obra?
Sí, he formado en escritura creativa a diversas generaciones constituidas por personas de diferentes condiciones sociales y físicas: niños y niñas, adolescentes, jóvenes de población vulnerable y personas de alto nivel económico, invidentes y adultos mayores. Con cada tipo de población aprendí mucho; pero lo principal es que no hay limitaciones ni diferencias cuando se posee talento, pasión y disciplina para escribir una obra que trascienda y transforme vidas. La experiencia con las minorías sociales me inspiró obras como ‘Nani Chocolate’, ‘El mutante de la cuatrimoto’ y ‘La Z en el país de los números enteros’.
Si tuvieras que describir en pocas palabras la esencia de tu poética, ¿qué dirías?
Mi poética se fundamenta en la manifestación de la vida como un lapso en el flujo del tiempo. Y ese lapso que culmina con la irreversible muerte contiene la esencia de los ejes temáticos en mi poesía: la infancia y los sueños, la juventud y los goces del amor, la adultez con su experiencia y nostalgia por las pérdidas, el mismo tiempo fugitivo, la naturaleza y sus seres como actores y acompañantes en el viaje existencial.
¿Qué caminos creativos quisieras explorar en los próximos años?
Desde hace un par de años vengo trabajando en la escritura de un libro de cuentos breves que exploran la temática del extrañamiento, el encontrar indicios extraordinarios en el mundo real. Además, tengo iniciada una novela con la que experimento una estructura híbrida. Este par de proyectos creativos me afanan y estimulan al mismo tiempo.
¿Qué tipo de lecturas consideras indispensables para los jóvenes que desean acercarse al oficio literario, no solo para formarse como escritores, sino para adquirir una sensibilidad más amplia frente al mundo?
Creo que la mejor formación de los jóvenes que quieran ejercer el oficio de la creación literaria comienza con la lectura de las obras clásicas por su universalidad, perdurabilidad en el tiempo y manejo de la estética de lo bello y armónico; pero también es fundamental que lean la obra de autores y autoras contemporáneos/as que experimentan, rompen estructuras tradicionales y se abren a otras posibilidades temáticas. De esta manera, los escritores/as en formación podrán contrastar, seleccionar, aprender y perfeccionar estrategias de creación para ir encontrando su propio estilo. A partir de mi experiencia como docente y tallerista, también me parece importante la lectura estudiosa de los recursos lingüísticos del lenguaje, ya que ellos son la base de una obra literaria autónoma y valiosa.
Y en contraste, ¿qué tipo de lecturas deberían evitar los estudiantes o las nuevas generaciones, ya sea porque empobrecen el gusto, limitan el pensamiento o reducen su mirada del lenguaje?
En contraste, pienso que las nuevas generaciones deberían evitar libros best sellers, calificados únicamente por el número de ventas, salvo que los autores sean de reconocida competencia literaria. Tampoco leer libros donde se hace apología de la violencia en sus diferentes manifestaciones, basta con la que presenciamos y vivimos a diario.
Finalmente, ¿qué lugar ocupa hoy la palabra en tu vida y hacia dónde sientes que te está llevando?
En el poema ‘Resumen sin concesiones’, digo:
“Nunca he querido nada distinto
que navegar en una balsa de palabras
en la travesía hacia el país del silencio”.
La palabra ha sido mi mejor compañera en este maravilloso y dramático viaje de la existencia. La palabra no me lleva: la llevo yo como un talismán, todo el tiempo y a todos los lugares vividos e imaginados.
Por: Fausto Pérez Villarreal – Especial para Noticias Coopercom
