El Carnaval de Barranquilla es una explosión de color, creatividad y tradición. Sin embargo, detrás de cada desfile, comparsa y disfraz también quedan materiales que, en muchos casos, terminan desechados. Fue precisamente esa realidad la que motivó a José Benjumea a crear Monicongos, un emprendimiento que encontró en los retazos de tela una oportunidad para aportar a la sostenibilidad sin perder la esencia de la fiesta.
La iniciativa nació al observar la gran cantidad de sobrantes que dejan los procesos de confección de los disfraces, especialmente los de las tradicionales marimondas del Barrio Abajo. Lo que para muchos eran simples residuos, para José representaba una posibilidad de crear nuevos productos cargados de identidad cultural y valor artesanal.
A través de Monicongos, estos materiales reciben una segunda vida mediante piezas elaboradas a mano que conservan los colores, las texturas y el espíritu característico del Carnaval de Barranquilla. El proyecto no solo busca reducir el impacto ambiental generado por los desechos textiles, sino también promover una cultura de aprovechamiento responsable dentro de una de las celebraciones más importantes del país.
La propuesta se ha convertido en un ejemplo de cómo la creatividad puede contribuir a la sostenibilidad, demostrando que las tradiciones también pueden evolucionar y adaptarse a los desafíos ambientales de la actualidad. Además, fortalece el vínculo entre la economía creativa y la cultura popular, generando nuevas oportunidades alrededor del patrimonio carnavalero.
En conversación con Noticias Coopercom, José Benjumea comparte los detalles de esta iniciativa, recuerda cómo surgió la idea de Monicongos y explica cómo ha logrado convertir materiales que antes terminaban en la basura en productos que hoy cuentan historias de Carnaval, identidad y compromiso con el medio ambiente.
